Entre Letras

Se irá Como el Humo

Por Lenina Nereida Ortiz García

Wandering star, Audrey Kawasaki

Wandering star, Audrey Kawasaki

LAS COSAS que no te dije, piensa María mientras respira el humo del tabaco a su alrededor. Mira el monitor de la computadora pero sólo ve su reflejo y algunas siluetas borrosas al fondo de la oficina. Las cosas que no te dije, ¿Qué no te dije? Te dejé ir y guardé mi rencor, guardé la ira, guardé el reclamo, sólo dejé suelta la nostalgia y la melancolía para futuros duelos.

LAS COSAS que no te dije son tantas, unas son tan graciosas y fatuas que es imposible olvidarlas, como por ejemplo que al recibir el globo terráqueo que me regalaste te pediría compartirlo conmigo y darle la vuelta cuantas veces quisiéramos sentados en tu sofá. O no decirte que te amaba como los colibríes que se afanan día a día succionando el néctar de las flores. No decirte que te agradecía la paciencia que me has tenido. No decirte que la espera había terminado y podíamos comenzar una vida juntos. Que quería pasar el resto de mis días contigo, los que fueran necesarios, pudieron ser 365, quizá mil, no lo sé. No decirte que sufrí más que una doncella de la edad media junto a la ventana de su habitación, a mitad de la noche, esperando el susurro de su amado. Y no decirte que este amor cortés medieval sigue existiendo pero ahora se ha vuelto más patético.

¡AY MARÍA!, ¿por qué sueñas tanto?, no se lo dijiste y no se lo dirás nunca, se repite en su mente mientras sigue observando el humo de la estancia. Y hablando de sueños, te soñé otra vez, creo que es la tercera vez en el mes. Me despertabas por la mañana, era tarde y debía ir a trabajar, soñolienta escuchaba tu voz lejana, como el susurro del caballero en la ventana, despierta, despierta María. Abrí los ojos y no estabas, en mi habitación sólo estaba mi cama en el centro y la ventana abierta dejaba entrar el viento. Al asomar mi vista hacia la calle, te veía cruzar apresurado, con tu vestimenta de siempre, el típico hombre de negocios. Cargabas una jaula sobre tu espalda, era enorme y en su interior revoloteaban colibríes entre flores sueltas, algunos artilugios desconocidos para mí, engranes de distintos tamaños, resortes y cuerdas, parecía como si hubieses robado el taller de algún relojero por quién sabe qué razones, tal vez quería tocar algo de tu valioso tiempo.

A VECES pienso que no siento nada, que estoy bien, pero otras siento que me quedo congelada en el tiempo, siento que no avanzo, a cualquier hora del día mi mente se queda en stop o cualquier función del control remoto. Mi imaginación se queda pausada, complicada, se descompone, entonces me invento una historia en mi mente, pero paso varios días pensando en la misma, hasta el punto de no poder recrear lo que quiero, no puedo darle fin, se queda inconclusa y me frustra.

HOY POR ejemplo es el tercer día que estoy estancada con esta misma historia, me quedo dormida frente al monitor mientras tú charlas, despertaré porque algo inesperado sucederá cuando te vayas, sé lo que debe ocurrir o mejor dicho, lo que quiero que ocurra, pero nunca llego a esa parte de mi imaginación, no sé cómo continuar, y aunque logre concluir la historia, ya no pasará de ser una fantasía.

LAS COSAS que no te dije se quedaron en mi garganta por un tiempo, luego cayeron a mi pecho, y después al resto de mi cuerpo esparciéndose en mi sangre, en mis músculos, en mi piel. En todas mis extremidades, ahí están, conservadas en algún lugar. A veces me duele una pierna y descubro que ahí está una de las cosas que no te dije, queriendo salir, queriendo decirse por uno de mis poros, como ahora mismo se han escapado estas palabras de las yemas de mis dedos frente al monitor. Cierra tus manos María, mantén los puños unos momentos sobre tus piernas, poco a poco regresan a tu interior, ahí se quedarán, después se irán borrando, pues lo que no se dice, no existe en el mundo exterior.

EL SR. MORA lanza una bocanada grande de humo que se eleva libremente por toda la estancia, entre cada aro de humo giran palabras mundanas, misóginas e hipócritas. Toma el último sorbo de café, deposita la colilla de cigarro dentro de la taza, recoge su portafolio y se despide de todos. Que tenga buen día Sr. Mora.

Publicado en: Página 24

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