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Cantando Alabanzas en el Andador Juárez

Por Cristina Zareth Hernández

La familia Martínez canta en el andador Juárez

La familia Martínez canta en el andador Juárez

Gutiérrez Gracias a la caridad de los transeúntes que cruzan por el andador Juárez, en el Centro Histórico de la ciudad, una familia de invidentes ha podido salir a adelante.

Alejandro Martínez, su esposa Lidia Silva y sus tres pequeños hijos se sitúan cada mañana a las afueras de la ex-Escuela de Cristo, donde él prepara su guitarra y se dispone a cantar alabanzas, una rutina que aprecia porque le permite transmitir su fe, pero también porque se ha convertido en la única forma de poder sostener su hogar.

“Más que nada nosotros estamos compartiendo nuestra fe en Jesucristo a través de las canciones, cantamos alabanzas y, sí, también es la única manera que tenemos para ganar el sustento”, señala.

Esa actividad la ha venido haciendo la familia desde hace tres años, luego de que a Alejandro le diagnosticaron glaucoma en su ojo izquierdo, el único con el que había podido ver desde que era niño, conserva actualmente sólo 20 por ciento de su visión en ese ojo.

Aun con sus complicaciones, y dado que el resto de su familia es totalmente invidente, se trasladan cada día desde el fraccionamiento José López Portillo hacia el Centro Histórico de la ciudad, abordando un taxi o con la ayuda de algún familiar o amigo, que los traslada hasta el lugar donde Alejandro comienza a cantar, mientras su esposa lo apoya con un pandero y sus hijos juegan.

“Al principio empecé viniendo yo sólo, pero luego los niños querían estar también con nosotros, entonces, como estudian en la tarde, vimos que no interfería en sus estudios, y desde entonces me acompañan”, relató.

Alejandro destaca que haber tenido la oportunidad de estudiar música cuando aún veía le ha sido de mucha ayuda ante su condición y la de su familia, pues luego de perder prácticamente toda su vista, se le han cerrado las puertas en todas las empresas y bandas musicales donde anteriormente tocaba.

“Antes de que me diera glaucoma yo estudié música, y siempre trabajé en grupos musicales y así, pero a partir de que me diagnosticaron ya no pude volver a trabajar en algo porque se me disminuyó mucho la visión y las empresas no me han querido dar empleo”.

Alejandro y su familia se retiran del Centro poco después de la 1:00 de la tarde, sobre todo porque entre semana sus hijos, una niña de nueve años y dos niños de siete y cinco años de edad, deben ir a estudiar.

“Ellos estudian en una escuela cristiana, estaban yendo a la escuela pública, pero vimos este otro tipo de educación que les podía servir por el hecho de que nosotros podemos adaptarles todo el material, y pues, en sí, vimos que es más personalizada la atención, ahí se basan en un programa desarrollado en Estados Unidos, para que ellos puedan desarrollar su intelecto y sus habilidades y después si no pueden tener una profesión, puedan tener un oficio”.

La familia agradece la solidaridad de la gente, pues además de apoyarlos con unas monedas, aprecian también que les regalen ropa y zapatos, sobre todo para los niños.

“Gracias a Dios, la gente yo creo que se conmueve y pues a veces son muy cooperativos, muy solidarios.  No siempre con dinero, a veces nos regalan ropita para los niños o zapatitos, y eso también es un gran apoyo para nosotros”.