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Vigilar e Intimidar a su Víctima Ocasionó al Asalto a una Gasolinera

Por Alfonso Morales Castorena

La estación de servicio de la comunidad de Jáltiche de Arriba, fue el blanco de dos pistoleros para atracarla y llevarse entre ocho y 12 mil pesos en efectivo, el martes pasado por la tarde

La estación de servicio de la comunidad de Jáltiche de Arriba, fue el blanco de dos pistoleros para atracarla y llevarse entre ocho y 12 mil pesos en efectivo, el martes pasado por la tarde

En tanto que la población descargaba severas críticas en redes sociales, condenaba y exigía el cese del director de la Policía Preventiva y de los seis encapuchados uniformados que la madrugada del sábado 4 de los corrientes sometieron al desempleado mecánico José Manuel Arámbula a salvaje tortura a tablazos en los glúteos, le robaban sus valores y de paso lo amenazaban de muerte “si los denunciaba”; las diligencias del caso se integraban en la Agencia del Ministerio Público adscrita a la circunscripción judicial del municipio de Calvillo.

Mientras que seis de los autores de la bestial tortura y su superior inmediato, el comandante de la Policía Estatal habilitado como director de la Dirección General de Seguridad Pública en la comunidad, Carlos Alberto Adalid Castañeda, se afirmaban inocentes de los cargos de abuso de autoridad, tortura, lesiones, injurias y amenazas, que enfrentan; el domicilio de su víctima era objeto de descarada vigilancia por al menos cuatro elementos policiacos en activo, quienes se dedicaron a intimidar a sus habitantes “para que El Meño retirara los cargos que formularon en contra de sus compañeros o les costaría la vida a todos ellos”.

Los seis implicados en el espinoso asunto –cuyas identidades siguen en el anonimato– en su defensa recurrieron al argumento de “tan sólo velar por los intereses de la sociedad y retirar de sus calles al peligroso mecánico, dedicado actualmente a labores de pepenador, con las que disfraza sus raterías, la venta de drogas al menudeo y el robo de ganado”, sin que pudieran aportar los elementos de prueba que demostraran sus argumentos de pretendida inocencia.

El único elemento policiaco en activo que formó parte de la gavilla de enmascarados preventivos que torturaron al pepenador de 35 años y que fue plenamente identificado por éste, de manera real y fehaciente, Alonso de la Cruz, originario de la comunidad El Tepetate y avecindado en la localidad de El Crucero, afirmó en su declaración ministerial que nada tuvo que ver en la tortura a la que fue sometido “su amigo de la infancia”, pero que tampoco “hizo nada por evitarlo” y su versión fue avalada por el mismo José Antonio Arámbula.

Este último también aseguró que es conocido en el vecindario del fraccionamiento Popular, donde radica en la calle Jalisco 109, por el sobrenombre de “La Tabla”, en tanto que el apodo de “El Meño” corresponde a un individuo que vive en la comunidad de El Chiquihuitero, del que se ha dicho que se dedica delinquir desde hace tiempo, pero que él nada tiene que ver con ese sujeto que cuenta con múltiples antecedentes penales, detenciones y consignaciones ante las autoridades judiciales.

Y en tanto que en la Agencia del Ministerio Público continuaban desarrollándose las diligencias del caso, con los siete involucrados esperando turno para declarar y con sus compañeros intimidando a los parientes del pepenador, la estación de servicio de la congregación de Jáltiche de Arriba era tomada por asalto por dos desconocidos, que con pistolas en las manos sometieron a dos empleados y los despojaron de entre ocho y 12 mil pesos en efectivo, al filo de las 7 de la tarde de ese mismo martes.

Con ese botín en su poder, la pareja de pistoleros abordó nuevamente la camioneta pick-up, color tinto, en la que viajaban y emprendieron la huida rumbo a la cercana población zacatecana de Jalpa, hasta donde incursionaron efectivos policiacos de Calvillo en su persecución, sin éxito alguno, pero cuyo prepotente accionar irritó a los residentes de ese municipio tuzo.

Esa incursión policiaca también se hizo viral y el comerciante Jesús Huerta Villalpando redactó en su muro: “ayer andaban acá, en el municipio de Jalpa intimidando a la gente y acá no es su jurisdicción, entiendo que pudieran andar buscando a alguien, pero apuntar con sus armas a la gente e intimidarla, creo que no es justo y mucho menos legal, acá muy bravos y son unos pendejos, los policías de Calvillo son unos incompetentes”.

En tanto que el también comerciante Eduardo Martínez Esparza, al referirse a la tortura que sufrió José Manuel Arámbula, dirigió su mensaje a la máxima autoridad de Calvillo: “Por favor señor presidente Javier Luévano, como amigo se lo digo, ponga cartas en el asunto, porque estas no son maneras de tratar a ningún ciudadano, espero me escuche y lo tome en cuenta como presidente y que sean despedidos inmediatamente y si la víctima cometió un delito, que se le multe o se le haga pagar, pero que jamás la Policía pública (sic) abuse de su poder, porque si esto no es tomado en cuenta, usted quedaría en mal ante mi gente de Calvillo”.

A ese texto se añadió el de Jesús Ruvalcaba quien afirmó: “De antemano sabemos que no harán nada, solo cambian a los puercos de chiquero y ya, la corrupción no cesará en Calvillo”; al que se unió Jorge Díaz señalando que: “si le llega a pasar algo, ya sabemos que fueron los encapuchados de la Policía”, que remató dirigiéndose al presidente municipal Francisco Javier Luévano Núñez con “mejor córralos a chingar a su madre, putos polis”.