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El Obispo Sigue en el Ring Político:

Por Benny Díaz

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El obispo Juan Espinoza Jiménez: “la Iglesia no puede guardar silencio ante la mentira, la impunidad, la violencia, la pobreza…” (Foto: Facebook Diócesis de Aguascalientes/ Correo Diocesano)

En el marco del inicio del nuevo año pastoral y con motivo de septiembre, mes de la Biblia, el obispo Juan Espinoza Jiménez, en su homilía dominical se centró en la realidad social y política de México, el papel ético de las autoridades públicas “y el compromiso de la Iglesia católica de mantenerse como una conciencia moral independiente frente a cualquier poder o fracción partidista”.

El prelado tomó como punto de partida la figura del profeta Ezequiel como “centinela” para exhortar a la feligresía y a la sociedad “a no permanecer indiferentes ante los males que aquejan al país, la Iglesia no busca el enfrentamiento ni la enemistad con el Estado, pero sí la obligación innegable de alzar la voz frente a las injusticias, la corrupción y los abusos de autoridad, bajo una premisa clara: gobernar es servir al pueblo y no servirse del pueblo”.

El obispo abordó el contexto complejo por el que atraviesa la nación y la responsabilidad moral que recae sobre los gobernantes y funcionarios públicos.

Recordó que a los mexicanos se les ha prometido que “no se mentiría, no se robaría y no se traicionaría al pueblo, estas palabras no constituyen meras consignas políticas, sino exigencias morales y virtudes sociales de cumplimiento obligatorio para quienes ejercen el servicio público, la Iglesia no puede guardar silencio ante la mentira, la impunidad, la violencia, la pobreza de amplios sectores de la población o la sustitución de la verdadera democracia por el autoritarismo o el engaño.

“La Iglesia no nace de intereses mezquinos, de una confrontación estéril ni de la simpatía por algún partido político. La Iglesia no está llamada a ser enemiga del Estado ni instrumento de ningún partido político. Está llamada a ser conciencia moral de la sociedad y servidora siempre de la verdad”.

Cuando las autoridades actúan bien, debe reconocerse con respeto, “pero cuando las cosas se hacen mal o se traiciona la dignidad humana y los derechos fundamentales, la Iglesia y los creyentes tienen el deber moral de denunciarlo con firmeza, caridad y valentía”.

El prelado advirtió que la solución a los problemas del país no depende exclusivamente de las exigencias hacia los gobernantes, sino de una conversión personal y cotidiana de la propia ciudadanía.

Señaló que resulta insuficiente exigir “honestidad a los políticos si los propios ciudadanos justifican pequeñas deshonestidades en su entorno personal, si no respetan la propiedad ajena o si se dedican a difundir calumnias y mentiras en la vida comunitaria, hay un riesgo social de acostumbrarse a ver las injusticias sin actuar, a escuchar sin comprometerse y a permanecer en un silencio cómplice ante el dolor del prójimo o las dinámicas de corrupción, la sociedad debe asumir una vocación de centinelas, involucrándose en el bienestar común desde la honestidad personal y la responsabilidad familiar y laboral”.

El obispo anunció la puesta en marcha del nuevo año pastoral y del Quinto Plan Diocesano de Pastoral bajo el lema Iglesia Pueblo de Dios, cuyo objetivo central es revitalizar a la comunidad creyente mediante la formación permanente, el encuentro con Cristo y la experiencia sinodal.

Para aterrizar este proyecto en la vida práctica, definió tres compromisos concretos que resumen la hoja de ruta para la diócesis: Fomentar una actitud de escucha atenta a la palabra de Dios, al interior de las familias, entre los miembros de la comunidad y ante los acontecimientos de la sociedad, superando el egocentrismo y el deseo de tener siempre la razón.

“El verdadero amor cristiano no es complicidad ni silencio ante el mal, hay que practicar la corrección fraterna que enseñó Jesús: acudir directamente y a solas con el hermano para señalar la falta con caridad y salvar la relación, en lugar de recurrir a la murmuración, la crítica destructiva, la descalificación o la condena pública en redes sociales”.

Exhortó a los bautizados a “alzar la voz sin miedo para defender la dignidad humana, la paz, la justicia, el bien común y los derechos de Dios, actuando siempre con firmeza sin caer en el odio o la confrontación destructiva”.

Espinoza Jiménez insistió en que el concepto de “pueblo de Dios no pertenece únicamente a los obispos, sacerdotes o religiosas, sino a todos los bautizados, la vida de fe no se limita a la asistencia a los templos ni a una actitud de meros espectadores, sino que exige estar presentes en las familias, escuelas, lugares de trabajo, con los pobres, los enfermos, los alejados y en los espacios donde se toman las decisiones que impactan la vida pública del país”.