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Y el Otro Desaparecido

EL OTRO que se hizo el “desaparecido” fue nada menos que el obispo Juan Espinoza Jiménez, quien en años anteriores iba a celebrar la misa del Cristo del Perdón, pero esta vez se contagió de la paranoia del primer edil y prefirió cambiar su agenda para no ir con los más pobres: los campesinos.

EN LUGAR de acudir a reconfortar al rebaño de Guadalupe de Atlas, el purpurado prefirió agarrar carretera y marcharse en piadosa peregrinación rumbo al santuario de Cristo Rey, allá en el Cerro del Cubilete en Guanajuato.

A FINAL de cuentas, sabe perfectamente que por aquellas tierras del norte del estado tampoco es precisamente un personaje aclamado.

EL DESCONTENTO contra el prelado él sabe perfectamente a qué se debe, por andar destituyendo curas que son nacidos en esta tierra.

ASÍ QUE no era momento para arriesgar la investidura. Y es que no fuera siendo que el obispo conociera, de primera mano y sin metáforas, las espinas del camino… Esas espinas que el pueblo de a pie soporta a diario entre la inseguridad, la pobreza y la falta de apoyo y que nada tienen que ver con las coronas de utilería que se exhiben en los templos.

LA LECCIÓN que dejó este festejo de agosto en Guadalupe de Atlas es clara y contundente: ni las autoridades civiles ni las eclesiásticas son tontas. Ambos saben perfectamente que cuando la indignación popular rebasa el límite y la gente se enardece de verdad, los discursos demagógicos de campaña se vuelven humo y los rosarios, bendiciones, inciensos, aguas benditas y padrenuestros resultan absolutamente inútiles para calmar el fuego.

AL FINAL, la gente de la comunidad celebró a su Cristo del Perdón como siempre lo ha hecho: con trabajo, fe campesina y comunidad, demostrando que para festejar la cosecha no necesitan de presidentes con escolta ni de obispos ausentes, porque esa tierra ha dado muchos sacerdotes y de los que no están “castigados” fueron los que recibieron la peregrinación y oficiaron la misa.

MIENTRAS TANTO, en los despachos del palacio municipal y en el obispado, el eco de la jornada retumba con una sola certeza: “más valió aquí corrió, que aquí quedó”. (BDR)