Laicos y Curas Agreden en las Puertas de “La Casa de Dios”
Por Benny Díaz

Manifestantes a favor de Porfirio Galindo Álvarez
Este 15 de agosto, día de la Virgen de la Asunción, desde temprana hora comenzaron a llegar las personas que son afines al exsacerdote Porfirio Galindo Álvarez para manifestarse de manera pacífica, tal como lo habían anunciado en redes sociales, para pedir una explicación del por qué fue dimitido, ya que para ellos “es un buen sacerdote, en las parroquias donde estuvo siempre hizo un buen trabajo, incluso tenía a varios jóvenes a quienes les estaba dando seguimiento como guía espiritual para que dejaran las adicciones y, de pronto, nos lo quitaron y al menos tenemos el derecho a saber cuál es el motivo exacto”, dijo una mujer que se negó a dar su nombre, pero que afirmó conocer al expresbítero desde hace 15 años.
Como todos los años en la misa del presbiterio, los sacerdotes salen de la sacristía de Catedral, caminan por el andador y pasan frente al Teatro Morelos para luego girar a la izquierda y entrar por la puerta central del recinto, yendo el obispo atrás. En esta ocasión decenas de sacerdotes se pusieron el alba en plena calle, unos se saludaban con efusividad, se confesaban y absolvían unos a otros y los que llegaron más temprano salían ya vestidos.
En un momento dado se asomó Marco Antonio Díaz Olvera, quien es uno de los que acompañan a todos lados al obispo y esta Casa Editorial le cuestionó, de manera respetuosa, este año cuál sería el camino, ya que los manifestantes estaban ya muy cerca, sólo separados por una valla.

Danzantes para distraer
Con una soberbia inaudita, el sacerdote dedicó una mirada despectiva y dijo: “Nos reservamos el derecho a la información”.
Y acto seguido unos danzantes comenzaron a “actuar” para con el sonido de su música acallar los gritos de los inconformes.
“¡Porfirio, amigo, el pueblo está contigo!”, gritaban los adeptos al sacerdote dimitido y de alguna manera lograron pasar la valla y llegaron hasta el lugar por donde salió el obispo, quien en el primer minuto les dio la bendición, pero cuando comenzaron los gritos de “¡queremos al padre Porfirio de regreso!”, “¿por qué no lo quitaron?”, el purpurado perdió la sonrisa.
Esta Casa Editorial acompañó al jerarca católico por todo el recorrido y empezó a cuestionar el por qué callaba, si había un silencio cómplice, el por qué no se atendía a la gente y ante cada cuestionamiento el obispo se ponía pálido y pasaba saliva, pero no respondía.
El recorrido fue al revés, porque caminaron hacia la calle Galeana, luego Moctezuma, dieron vuelta por Plaza de Armas hasta llegar a la puerta principal de Catedral, en donde ya había una valla de personas con un gafete de “orden”, quienes hicieron una cadena para impedir que los manifestantes entraran.
Entonces esta Casa Editorial cuestionó al obispo:

Al salir de la sacristía, el obispo solo dio una bendición
–¿No tema que la gente se le vaya depecionada de la Iglesia?
El purpurado volteó, hizo con su mano un gesto de que esta reportera se fuera y luego dijo:
–No, porque no son católicos”.
-La voz del pueblo es la voz de Dios, ¿o no?– pero Juan Espinoza Jiménez ya no respondió nada,
Manotazos y Bloqueos
Los laicos, inflamados por el celo de su líder, comenzaron a operar bajo las instrucciones de Marco Antonio Díaz Olvera como verdaderos agentes represores: manotazos y bloqueos a la prensa y a los manifestantes, siendo el propio cura quien aventó a una mujer de la tercera edad que fue sostenida por otras personas a tiempo para no caer al suelo, donde corría el riesgo de ser pisoteada por la muchedumbre.
Solo tres reporteros sorteamos a los ágiles “guardianes del orden” y logramos entrar a Catedral, donde una mujer agarró a esta reportera de ambas manos para intentar sacarla; cuando se le dijo que no se atreviera a tocar porque sólo se estaba cumpliendo con el trabajo de informar, la respuesta fue un aventón.
En medio de los jaloneos Díaz Olvera se dirigió a quien esto escribe:
–Benny, por favor…
–Estoy haciendo mi trabajo.
–Nosotros también.
–Bueno, entonces todos hagámoslo bien.

Durante casi todo el recorrido sólo dijo: “Que se vayan, no son católicos”
Lejos de calmar los ánimos, Díaz Olvera continuó ejerciendo la fuerza física, en pleno pasillo y a la vista de todos, jaloneó directamente al reportero Erick Ramírez, quien tuvo que encararlo para recordarle que los periodistas únicamente estaban cumpliendo con su labor informativa.
El ambiente represivo se contagió de inmediato, simultáneamente, un cura atrincherado en una de las bancas sujetó con rudeza a esta reportera al grito de “¡compórtense y respeten!”.
La respuesta fue clara: “Nos estamos comportando como ustedes nos están tratando, nosotros estamos únicamente trabajando”, ante lo cual el sacerdote solo atinó a refunfuñar un despectivo: “síganle pues”.
Mientras tanto, la puerta principal era un caos de empujones, aventones y se impidió el acceso a personas afines a Porfirio Galindo Álvarez. Varias personas, sobre todo jóvenes a quienes en su momento salvó de las adicciones sirviendo como su guía espiritual, gritaban con rabia e impotencia: “¡Queremos respuestas!”, “¡Por qué lo quitaron!”.
La Homilía con Dedicación
Una vez resguardado en el altar y a salvo del pueblo, el obispo ofreció una homilía cargada de “mensajes indirectos” dirigidos tanto a Porfirio Galindo Álvarez como a los indignados que afuera seguían siendo contenidos a empujones. El contraste entre lo que predicaba el purpurado y lo que acababa de ejecutar en la calle alcanzó proporciones teatrales:
Comenzó saludando afectuosamente a los sacerdotes, especialmente a los nuevos presbíteros que fueron ordenados el 14 de agosto, recordándoles que la meta de todo cura es la salvación y la santidad.

Laicas y laicos formaron una valla para restringir la entrada a Catedral
El obispo puso como ejemplo a la Virgen María, destacando que ella “no se quedó para sí misma, sino que se levantó y fue de prisa al encuentro de Isabel, el sacerdote tampoco puede encerrarse en sí mismo, sino salir a evangelizar, el sacerdote es para servir, no para ser servido; no para buscar protagonismos ni aplausos, sino para hacer presente a Cristo”.
Mientras el obispo estaba en lo más elocuente de su homilía, unos sacerdotes, ya mayores, de plano no aguantaron el ritmo y se durmieron.
Espinoza Jiménez continuó con elocuencia: “Los sacerdotes que están cansados deben tener fe, cuando el cansancio es visible y parezca que los trabajos no dan resultado no se aferren a que se vean sus ‘éxitos’, sino a la fraternidad y deben agradecer su vocación en cada eucaristía y en cada semilla sembrada, aun si no ven sus frutos.
“La plenitud del sacerdote no está en los reconocimientos, ni en las responsabilidades, ni en la aceptación de la gente, ni en los frutos visibles del ministerio, sino únicamente en Cristo, el sacerdote que pierde a Cristo o busca el aplauso popular pierde el sentido del sacerdocio”.
Luego pidió a la Virgen de la Asunción para que guíe a todos los sacerdotes a Cristo, porque ella fue el ejemplo, la primera que dio el sí a Jesús al aceptarlo llevarlo en su vientre, al acompañarlo durante su camino al Gólgota y quien lo recibió en sus brazos cuando fue bajado de la cruz, pero también fue la primera en dar testimonio ante los apóstoles cuando resucitó y estuvo con ellos 40 días encargándoles que fueran por el mundo a apacentar sus ovejas y a evangelizar a todos, porque ya no era solo el Dios de los judíos, sino de todo aquel que lo aceptara como su salvador.

Más reclamos de los seguidores del padre Porfirio
Al finalizar la misa el obispo salió rápidamente por la puerta trasera del altar de Catedral para llegar a la sacristía y todas las puertas para intentar llegar a él fueron cerradas con todos los pasadores y candados que cuentan.
Así que quienes iban por una respuesta sobre el por qué de la dimisión de Porfirio Galindo Álvarez, lo que obtuvieron es que, por decreto del obispo, “no son católicos”.




