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¿Diplomacia o Silencio Cómplice?

EL OBISPO Juan Espinoza Jiménez, como dice la canción, ayer perdió la sonrisa en cuanto salió de la sacristía de Catedral para ir tras todos los sacerdotes en la peregrinación del presbiterio.

Decenas de personas con cartulinas, algunas con fotos de Porfirio Galindo Álvarez, pedían una explicación del por qué fue destituido y a gritos exigían una respuesta.

En cuanto el obispo salió les dio la bendición, pero luego se puso muy serio al ser cuestionado por quien esto escribe, quien hizo todo el recorrido preguntándole varias veces, de diferente forma, la razón de su silencio,

MIENTRAS LAS campanas repicaban y los manifestantes le cuestionaban dónde tiene “escondido” a Porfirio Galindo, mientras otros manifestaban que lo querían de regreso porque les ayudó en momentos difíciles, pero el obispo se hacia el sordo y mudo.

LA PROCESIÓN siguió y ante la insistencia de esta Casa Editorial hubo momentos en que el obispo perdía hasta el color y tragaba saliva, pero no respondía nada.

LO CÓMICO fue la “visión preventiva” digna de aplauso, la comitiva episcopal decidió que la caminata fuera “al revés”: salieron de la sacristía, frente al patio Jesús F. Contreras y tomaron la calle Galeana para seguir por Moctezuma antes de pisar el atrio. Una maniobra envolvente e impecable para evitar el contacto directo con aquellos manifestantes que, pancarta en mano y con singular terquedad, insistían en pedir explicaciones sobre la salida del expresbítero.

MENCIÓN APARTE merece Marco Antonio Díaz Olvera, siempre fiel y atento al servicio del obispo. Erigido con singular celo en jefe de protocolo y resguardo, Díaz Olvera recordó a la opinión pública aquel precepto constitucional sobre la reserva de información al responder, con fina sobriedad, que la organización tenía “el derecho a guardar la información” sobre el trayecto.

CUANDO POR fin se llegó al atrio de Catedral una reportera de televisión cuestionó al obispo si iba a declarar algo, y con la cabeza dijo que no.

ENTONCES QUIEN esto escribe aprovechó para cuestionar si no tenía temor de que los fieles se decepcionaran de la Iglesia Católica a lo que el purpurado hizo con el ademán con la mano que me alejara y dijo: “no, porque no son católicos”.

ACTO SEGUIDO la valla de feligreses que resguardaba al señor obispo se convirtió en un eficiente cuerpo de auxilio que, bajo la atenta mirada de Díaz Olvera, repartió firmeza eclesial, manifestada en manotazos, empujones y jaloneos hacia los reporteros y fotógrafos que únicamente pretendían documentar los hechos.

EN ESOS aventones, fue el mismo cura quien aventó a una mujer de la tercera edad, sin importarle si se caía, pero fue detenida por los manifestantes.

YA RESGUARDADO en el altar, Espinoza Jiménez pronunció una homilía francamente memorable por la contradicción entre sus dichos con sus acciones. Con el tono pausado que le caracteriza, exhortó a los sacerdotes presentes a “no encerrarse en sí mismos” y a “salir al encuentro del prójimo a ejemplo de la Virgen María”, apenas unos minutos después de haber rodeado la manzana para no cruzar palabra con la feligresía. De igual forma, ponderó las virtudes de la humildad y el servicio, recordando que el sacerdote “no debe buscar protagonismos ni aplausos”, y consoló al clero señalando que la verdadera plenitud de la vocación “no está en el reconocimiento de la gente ni en los frutos visibles”.

AL TÉRMINO de la misa, cuando la lógica sugería una caminara por la puerta del lado derecho de Catedral para entrar a la sacristía, Juan Espinoza Jiménez y su curia optaron por el camino más directo y seguro: la puerta interior que conecta el altar con la sacristía, esfumándose con discreción aristocrática sin tener que encarar las miradas ni los reclamos de la muchedumbre a la que se le impidió el paso en los accesos principales. Una retirada limpia, rápida y sin sobresaltos.

ESTA ES una fecha histórica para la Diócesis de Aguascalientes, hasta donde se tiene memoria no se había dado un caso así con sus antecesores, Juan Espinoza Jiménez ha dejado claro el nuevo estilo de pastoreo: ante la duda, silencio; ante la prensa, mandarlos lejos; y ante el rebaño que exige cuentas, un elegante manotazo al aire para recordarle que, a partir de ese instante, ya no pertenecen al rebaño. ¡Dios libre a Aguascalientes de las ovejas respondonas! (BDR).