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Grey Enardecida

HAY SILENCIOS que construyen puentes y hay silencios que huelen a soberbia, a desdén y a fractura. Lo que hoy se vive en la Diócesis de Aguascalientes no es una simple inconformidad administrativa; es una herida abierta, profunda e indignante que el obispo Juan Espinoza Jiménez se ha empeñado en cavar con su desprecio sistemático hacia el presbiterio y la feligresía.

LA DIMISIÓN, que para muchos católicos es arbitraria e insensible, del sacerdote Porfirio Galindo Álvarez, ha sido la chispa que faltaba para encender un polvorín largamente alimentado por el autoritarismo, la opacidad y el frío silencio de un pastor que parece haber olvidado que el olor a oveja no se adquiere desde la comodidad de un palacio episcopal.

LA GREY católica está harta de un purpurado que calla, que aparta y que abandona. La convocatoria que corre como pólvora entre los fieles es clara y contundente: asistir hoy a la misa del presbiterio vestidos con playera blanca, no para aplaudir, sino para exigir una respuesta clara, frontal y sin evasivas ante este atropello.

PERO EL caso del padre Porfirio no es una excepción; es el síntoma más visible de una purga silenciosa y cruel. ¿Dónde están los sacerdotes a los que este obispado ha dejado solos, marginados, incomunicados y sin derecho a la defensa ni al consuelo de su propia comunidad?, la feligresía exige respuestas que queman: ¿dónde están los sacerdotes Lupe y Neftalí?

EL PARADERO y la situación de ambos sacerdotes se han manejado entre susurros, con un manto de sospecha y un hermetismo institucional que indigna. ¿Cómo es posible que se hable de sacerdotes “desaparecidos” o apartados de toda ayuda pastoral y humana bajo la mirada complaciente o negligente de la autoridad eclesiástica?, ¿acaso se pretende borrar su historia, su labor y su dignidad ministerial?, dejar solos a los pastores es faltarle al respeto a todo el rebaño.

EL EVANGELIO es categórico y no admite interpretaciones acomodaticias. Jesucristo, el Buen Pastor, exigió siempre la unidad de los suyos, mandó apacentar a las ovejas con misericordia y dejó claro que, si una sola se descarriaba o se perdía, el verdadero pastor dejaba a las noventa y nueve para ir a buscarla.

¿QUÉ ESTÁ haciendo Juan Espinoza Jiménez?, todo lo contrario, las aleja, las divide, las silencia y las empuja al desamor por la institución.

¿ES A CASO que el presbiterio local, durante el año que permaneció acéfalo y navegó con autonomía y unidad, incomodó al nuevo obispo?

¿O ES QUE la soberbia del purpurado es tan infinita que le impide escuchar el clamor legítimo de sus sacerdotes y de un pueblo que solo pide justicia y diálogo?

LA ESTRATEGIA del avestruz, esconder la cabeza ante los problemas y apostar al desgaste, le va a estallar en las manos al obispado.

CADA DÍA de silencio, cada puerta cerrada y cada acto de prepotencia enardece más a una feligresía que ya no está dispuesta a tolerar el despotismo con sotana.

Ante la indiferencia del obispo, la grey exige cuentas hoy, las ovejas tienen memoria, tienen dignidad y, sobre todo, tienen memoria del Evangelio que este obispado parece haber olvidado por completo. (BDR).