Existimos Muchas Víctimas y Siguen Saliendo: Maricela Sánchez
Por Benny Díaz

Maricela Sánchez Muñoz
“En el mapa de la impunidad en México, Aguascalientes no es un referente de excelencia ni de seguridad; es, con todas sus letras, el gigante de la tortura, la narrativa oficial que pretende vender a la fiscalía como la mejor del país se desmorona ante la crudeza de los hechos. Lo que sucede tras las paredes de sus instalaciones no son excesos policiales ni faltas administrativas aisladas. Es una manera sistemática de barbarie, documentada meticulosamente por organismos internacionales desde al menos el año 2010 y que, con total descaro, se sigue ejecutando en la actualidad”, declaró Maricela Sánchez Muñoz.
Que tras más de 14 años de denuncias públicas e informes internacionales el estado continúe aplicando estos métodos convierte la actuación de las autoridades en una aberración jurídica y moral: “La tortura cometida de manera sistemática y bajo la cobija del aparato estatal constituye un crimen de lesa humanidad. Y hay una verdad que las autoridades parecen ignorar deliberadamente: estos delitos no prescriben, el tiempo no borra la culpa, no limpia la sangre ni extingue la responsabilidad penal de quienes ordenan, ejecutan y encubren la barbarie.
“Por eso resulta una burla grotesca, cínica e indignante para las víctimas, para sus familias y para la sociedad que el fiscal se atreva a declarar públicamente que el personal a su cargo se está capacitando bajo el Protocolo de Estambul.
“El Protocolo de Estambul no es un adorno para discursos ni una patente para simular legalidad; es un instrumento para documentar la tortura, capacitarse en el papel mientras en las celdas se desgarra la dignidad humana es una provocación que escupe sobre el dolor de cientos de sobrevivientes”.
Sánchez Muñoz manifestó que es escandaloso que exista un lugar llamado “el confesionario” en las mazmorras de la fiscalía y el abismo de las desapariciones, las ejecuciones y las cartas de derechos simuladas.
“La existencia del denominado confesionario dentro de la fiscalía no es un rumor, es una realidad sangrienta confirmada por el testimonio valiente de Alexander de la Rosa y de su madre, Shalom, quien tuvo la entereza inquebrantable de alzar la voz y romper el cerco del terror.
“Las amenazas proferidas en ese espacio clandestino revelan el grado de descomposición del sistema de procuración de justicia y estamos hablando de algo muy serio y preocupante que debe escandalizarnos a todos como sociedad: el riesgo latente de la desaparición y el asesinato. Queda de manifiesto que en ese confesionario, operado al margen de cualquier control judicial y constitucional, los agentes del Estado pueden con absoluta facilidad desaparecer a una persona, arrebatarle la vida bajo tortura y posteriormente fabricar culpables o inventar enfrentamientos para encubrir el crimen.
“La perversión extrema de la carta de derechos, una de las prácticas más perversas y siniestras, es que las autoridades obligan a las víctimas a firmar antes de comenzar a torturarlas. Obligar a un detenido a firmar con engaños o bajo amenaza que sus derechos están siendo respetados, para inmediatamente después someterlo a la barbarie, demuestra una premeditación criminal orientada al blindaje impune de los torturadores.
“El mito de las puertas abiertas y la complicidad ejecutiva, tanto en la fiscalía como en Gobierno del Estado, el discurso de atención ciudadana es una farsa, no existen las puertas abiertas; existen puertas giratorias que reciben a las víctimas de manera protocolaria sólo para dejarlas ir sin mover un solo dedo, archivando sus denuncias y garantizando que no exista acción penal alguna. La gobernadora del estado nos ha cerrado la puerta en las narices a los sobrevivientes, optando por el silencio complaciente.
“Si sólo conocemos una fracción de estos casos es porque las víctimas sobrevivientes y sus familias son quebrantadas mediante la amenaza más ruin: hacerles lo peor a sus seres queridos. La amenaza a la familia rompe espiritualmente a las personas y fuerza un silencio cómplice que perpetúa la impunidad, y es porque sabemos que son capaces de cumplir con esas amenazas. A mí me pasó en la experiencia que tuve, ya que mientras me torturaban a mí, escuchaba lo que le hacían a mi hija y a mi hermano.
“Quienes hoy encubren a los torturadores al interior de la fiscalía deben entender que no importa cuántos sexenios pasen, ni cuántos cargos políticos ocupen en el futuro: la mancha de la complicidad los perseguirá y la justicia los alcanzará”.
Violencia Sexual Oculta
Es urgente llamar a las cosas por su nombre: “desnudar a una persona detenida durante actos de tortura no es una simple falta de respeto o una medida de seguridad, es una agresión sexual en sí misma y una manifestación atroz de tortura física y psicológica. Los daños físicos infligidos en la fiscalía son severos e irreparables: fracturas, quemaduras, lesiones internas y marcas permanentes. Sin embargo, los daños psicológicos son infinitamente peores, el trauma sepulta la vida de las víctimas en un infierno de estrés postraumático que en la mayoría de los casos jamás se trata adecuadamente, debido a la ausencia absoluta de psicólogos y psiquiatras especializados en la atención de secuelas por tortura en el sistema público. Las víctimas son abandonadas a su suerte con la psique destrozada”.
Desde la literatura especializada en derechos humanos y los informes de organismos de alto nivel como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), el Comité contra la Tortura de la ONU (CAT), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), así como la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el desnudamiento forzado no tiene ninguna función legítima de investigación. Responde exclusivamente a patrones criminales diseñados para la dominación total: quebrantamiento psicológico y despojo de la identidad. La desnudez forzada busca generar un estado de humillación profunda, vergüenza e invalidez. Al despojar a la persona de su ropa, se le despoja simbólicamente de su identidad, de su dignidad y de todo control sobre su propio cuerpo. La víctima es reducida a un estado de indefensión absoluta para aniquilar su resistencia psicológica, obligándola a ceder, “cooperar” o firmar confesiones falsas de delitos que jamás cometió.
Estar desnudo permite a los torturadores aplicar dolor de manera directa, despiadada y eficiente: mediante golpes contundentes, descargas eléctricas en zonas de alta sensibilidad, quemaduras y la exposición prolongada a temperaturas extremas (frío helado o calor sofocante), maximizando el sufrimiento corporal.
La ONU-DH documentó explícitamente en Aguascalientes en su informe Hasta perder el sentido que la desnudez forzada no es neutral: es el preludio o la ejecución misma de la violencia sexual. Incluye tocamientos indebidos, mofas sobre el cuerpo de la víctima, exhibición forzada ante grupos de agentes e inspectores y la amenaza constante y aterradora de la violación tumultuaria.
Mantiene a la persona en una asimetría total de poder, le comunica a la víctima que el Estado es dueño de su cuerpo, de su integridad y de su vida y que dentro de esos muros las leyes y la Constitución han dejado de existir.
Ni Perdón ni Olvido
Maricela Sánchez aseguró que el desnudamiento forzado y el terrorismo de Estado ejercido en los pasillos de la fiscalía “son la muestra más clara de una institución podrida por dentro, ninguna campaña de imagen, ningún discurso sobre capacitación institucional podrá tapar el grito de dolor de las víctimas a quienes les destrozaron la vida en el confesionario.
“Por eso no hay ni perdón ni olvido, porque existimos muchas víctimas y siguen saliendo. Estas personas son muy valientes porque se requiere superar un miedo atroz para exponer esas experiencias, y Shalom y Alexander no están solos, si lo desean cuentan con acompañamiento, porque entre más personas alcemos la voz y visibilicemos lo que sucede al interior de la fiscalía y que la tortura existe de manera sistemática es la manera en que podemos luchar y resistir contra los discursos oficiales, que son una falacia total”.




