Festejó el Día de las Madres Después de Muchos Años
Por Benny Díaz

Julia Martínez de los Santos tiene más de 100 años (Foto: Juan Fernando Reyes Ortega)
Los años han dejado marcas en su rostro y cuerpo, ha vivido más de un siglo, no recuerda ni la fecha exacta y dice tener 136; anda en silla de ruedas porque sus piernas no la sostienen y en unas bolsas va acumulando la comida que la gente le regala a su paso en el pasaje Juárez, a donde acude regularmente a recolectar unas monedas para comprar comida y pagar la renta del cuarto de la vecindad donde vive.
“Me cobran 250 pesos cada dos meses”, dice con sus ojos cristalinos. Está lúcida y agradece a cada persona que le obsequia una moneda o cualquier cosa.
Su nombre es Julia Martínez de los Santos y asegura que día a día da gracias a Dios por permitirle vivir para que su hijo Jesús Adame Martínez no se quede en el desamparo.
Su memoria no le da para tanto, no recuerda la edad de su vástago, “el único hijo que tengo y que vive conmigo porque no tiene familia, ya que está malo de sus ojos: no ve”, dice mientras las lágrimas brotan.
Julia estuvo casada con Jesús Adame, un hombre que se enlistó en la Revolución Mexicana y “murió en la toma de Torreón”, esta batalla se llevó a cabo en marzo y abril de 1914 en la plaza de dicha ciudad que era defendida por el Ejército Federal y fue peleada por la División del Norte del Ejército Constitucionalista de Francisco Villa.
La anciana no sabe la edad de su hijo, “pero ya está grande, ya tiene canas”, dice con la candidez de su edad.
Al quedar viuda luchó sola con su hijo para salir adelante “hacía mandados, quehacer en casas, lavaba y planchaba ajeno, de todo”.
La vida no fue fácil, sin estudios para su hijo, Jesús enfermó “de sus ojos y ya no ve”, no sabe ni qué es lo que tiene.
Por eso es que no trabaja, “ahorita no puede, porque no ve; por eso le pido a Dios que le regrese su vista”.
Y vuelve a llorar, se le dice que si festejará el día de las madres, con tristeza dice que no, que no recuerda ni cuándo fue la última vez que lo hizo.
“Pero me siento feliz, porque mi Padre Santísimo me quiere tener junto a mi hijo; cuando me necesite, me llamará”.
Reconoce que le gustaría celebrar el día de las madres, pero no cuenta con recursos y su hijo menos.
“La comida la llevo yo, lo que pueda, lo que sea la santa voluntad de las personas”.
Un festejo para Julia sería “una comida, frijolitos y sopa”, dice con una sonrisa.
Y es que hace tiempo que no come así, ya que “yo preparaba la comida, pero ya no, no tengo estufa, no tengo nada. Cuando consigo un poco de carbón, entonces preparo algo”.
A su edad depende de lo que la gente le regale, y se traslada en taxi desde su casa, que está por la colonia San Luis, hasta la plaza, de ahí ella sola en su silla de ruedas hasta el lugar donde le permitan estar en el pasaje Juárez para pedir limosna.
En la entrevista llegó Diana Eréndida Tovar Camacho, le regaló un ramo de flores y le deseó un feliz día. El obsequió entusiasmó a Julia.
Diana comentó que pertenece a la asociación “Despiértate” que ayuda a personas en situación de necesidad extrema.
“Ya le llevamos médico para que la revise a ella y a su hijo. El lugar donde viven es deplorable, antes no se han enfermado”.
La mujer comentó que han intentado conseguirle un asilo para que estén en mejores condiciones ella y Jesús, “pero no acepta”.
Julia escucha y dice con lágrimas: “No, ahí no, me sentiría encerrada como en una cárcel, mejor una casita”.
Diana se va, Julia agradece las monedas que le regala la gente con la esperanza de reunir los 250 pesos para su renta y lo que sobre “para comprar tortillas y frijolitos”.
Como regalo por el día de la madre, a Julia le llevaron comida suficiente para ella y su hijo: pollo rostizado, arroz, mole y tortillas, además lo de la renta para que fuera a su casa a disfrutar el resto del día.
Julia sonríe porque “lo que hago es por mi hijo”, una mujer que a pesar de la edad y el cansancio no se rinde, porque es eso: madre.







