Provoca Obesidad, Violencia y Sexualidad Precoz
Por Benny Díaz

Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM)
Niños y niñas con obesidad, cargados de violencia y una sexualidad precoz, es lo que deja el bombardeo con publicidad dirigida para el consumo de comida chatarra y juegos “creativos”, ya que la infancia se comercializa, manifestó en conferencia de prensa virtual Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).
Por eso, “es elemental entender que el discurso publicitario tiene que transformarse como lo van haciendo las sociedades. Lamentablemente esto no siempre sucede, porque la industria prioriza el interés económico sobre el interés superior de la niñez”.
Según una investigación de la escuela de Medicina de Harvard –dijo-, se debe prohibir todo tipo de publicidad dirigida a la infancia, por aprovecharse de la vulnerabilidad de niñas y niños y ser un factor de deterioro de su salud física y mental, así como de discriminación de género y raza, sexualidad precoz, erosión del juego creativo y de promoción del hiperconsumo.
“La publicidad afecta las relaciones y percepciones que generan niños y adultos, ya que enseña comportamientos y valores que nos hacen pensar que lo que compramos nos hará felices. Este es un mensaje falso, lo que realmente nos hace felices son nuestras relaciones que no están basadas en lo que se compra, sino en lo que realmente son”. Además, la mayor parte de los productos que se venden a los niños son plásticos, en su mayoría de alimentos no saludables, lo que nos lleva a enfrentar dos problemas: la contaminación ambiental y, por otro lado, los altos índices de obesidad.
En la actualidad, la industria de la publicidad cuenta con herramientas más sofisticadas. Hace 20 años la mercadología ya era un problema y su principal medio de difusión era la televisión; ahora los esfuerzos de esta industria se concentran en la publicidad digital. Con estrategias más agresivas, saben que las niñas y los niños pasan la mayor parte del tiempo conectados a diferentes dispositivos electrónicos. Esto les permite conocer sus gustos, deseos, preferencias por ciertos personajes, etcétera, teniendo la capacidad de generar perfiles específicos para dirigir su publicidad hacia este público.
Asimismo, la publicidad ha cambiado su estrategia; pasa de enfocarse en las características de un producto (color, funcionalidad, entre otras cosas), a primar su significado social, o más bien, cómo un producto puede definirles como individuos.
En la comercialización de la niñez, los valores de los niños cambian y el valor de uno se vuelve profundamente vinculado con lo que adquiere, con lo que compra. A través de la publicidad, los niños aprenden que la felicidad viene de lo que uno tiene.
En la actualidad, las marcas generan diferentes programas de acuerdo a las edades -que van desde programas para enseñar a hablar o ir al baño- y así comenzar a entretejer la vida de los niños a la marca. Generan vínculos con la pantalla y los personajes de películas, series o de los propios productos; por ejemplo, pueden aparecer en cereales azucarados, cajitas felices, sábanas infantiles, mochilas, ropa y champú para que desde que el niño desayuna hasta que duerme, esté acompañado por el personaje que le vincula al producto y la marca.
La consecuencia de todo esto es la erosión del juego creativo, que es el cimiento del desarrollo, aprendizaje y socialización de los niños; el cual les permite descubrir el mundo, expresarse, desarrollar su creatividad y generar sus propias ideas. En un mundo en donde se les está bombardeando de publicidad las 24 horas del día, el desarrollo integral es imposible.
“Mientras los padres intentan poner límites en casa, los ejecutivos de marketing trabajan día y noche para socavar sus esfuerzos con mensajes comerciales irresistibles para los niños. La obesidad infantil, los comportamientos violentos, la sexualidad precoz, el consumismo desenfrenado, el estrés familiar y la erosión del juego creativo de los niños se han relacionado con una infancia comercializada”.
Psicólogos que estudian el desarrollo infantil han notado que durante la infancia, que es una etapa desafiante, estos tipos de personajes se vuelven “piedras de toque” porque marcan al individuo. La publicidad aprovecha este apego emocional que tienen los niños a estos personajes para venderles el producto y manipular sus gustos.
Un ejemplo de cómo estos vínculos se generan desde la niñez y perduran en la adultez es la polémica por la recién desaparición del Osito Bimbo en sus empaques. Esta medida se realizó debido a la norma 051, referente al etiquetado frontal de advertencia, en la cual se estipula que cualquier producto que tenga un sello de “exceso de…” no podrá tener ningún personaje promocional. Niños y adultos se resisten a no ver al personaje en los empaques, lo que demuestra la relación afectiva que han desarrollado con la figura.







