“El Diablo es Experto en Tentarlos”
Por Benny Díaz

José María de la Torre Martín, obispo de Aguascalientes
“El diablo es experto en tentar a los sacerdotes para echarlos a perder. Deben ser fieles, felices y fecundos en su ministerio, porque su vocación viene de Dios y son elegidos desde antes de nacer, pero el demonio mayor los tienta para que caigan en estrés, se crean fracasados y amargados. Por eso deben evitar sentirse solos y buscarse compañía que los comprenda”, fue parte de la homilía que el obispo José María de la Torre Martín dedicó a los presbíteros que fueron ordenados ayer a puerta cerrada en el Seminario Diocesano.
Al optar por servir a la iglesia “deben tener certeza de no negarle nada a Dios nuestro señor. Una constante que aparece en los santos es entregarse con alegría en las tres señales: identidad, permanencia y misión”.
La identidad –dijo– “nace de la vocación, y es ser sacerdotes de Cristo. La pertenencia es la fraternidad de pertenecer al presbiterio que presta servicio a la diócesis y la misión es estar en formación permanente”.
De ahí que sea importante “cuidar esas líneas para llegar al puerto deseado que Dios ha señalado en nuestro caminar, que es una peregrinación. Si se quiebra una, o dos, el desequilibrio es tal que no se puede sostener. La manera de hacerlo es la oración y el ofrecerse a Jesús, que los eligió desde la eternidad, para que prediquen su palabra, sean los pastores de su pueblo, ofrezcan los sacramentos y, ustedes mismos, en cada eucaristía. Hay que enseñarle a los fieles que su ofrenda es grata a Dios, y se está fallando en eso”.
El purpurado habló a los nuevos ordenados que habrá momentos difíciles, en donde podrán andar tan desubicados si no tienen el sentido de pertenencia al presbiterio. “Y crean que forman parte de un grupo de hermanos, los sacerdotes, que formamos una sacramentalidad y somos un signo eficaz de la verdad”.
Por eso, quien se aísla de esa fraternidad “y empieza a hablar mal de otros sacerdotes, es alejarse del presbiterio. Si está con los fieles y no se siente perteneciente a ellos, como un hermano mayor que los conduce y acompaña, hace suya sus tristezas y alegrías, apuros y esperanzas, no se siente en familia; empieza a ser burócrata al ir y celebrar (misa)”.
Afirmó que “la misión es ser alegres y generosos en el ministerio. Cuando no es así y se sienten que están acabados y desgastados, lo hacen con mal humor o tacañamente, es porque algo falló”.
Por eso la ruta corta es la formación permanente y “no negarle nada al Señor. Si empiezan a pichicatearle en lo que él les está pidiendo y pasa un largo tiempo, hay que tener cuidado. Deben recapacitar en lo que dijo San Pablo: Reaviven el don que han recibido con oración y entréguense a sí mismos alegres y generosos”.
Los instó a que sean firmes porque lo que hay que enderezar es la caridad pastoral. Por eso, como sacerdotes, deben evitar el estrés en estos tiempos difíciles, “donde no sólo los fieles, también nosotros podemos caer en la falsa apreciación”.
Reconoció que el ministerio sacerdotal es desgastante, hay cansancio y fatiga. “Hagan de cuenta que se está quemando el gas, pero no calienta el comal; es más o menos así. El padre se va poniendo triste y solo. Se empieza a amargar, a agonizar, a buscar cómo divertirse y entretenerse, cómo pasar el tiempo con quien sí lo entiende”.
Por eso hay muchos “diablitos expertos en cómo echar a perder a los sacerdotes. El demonio mayor tiene enceguecidos a sus seguidores, que son los más torpes y tarugos”.
De ahí que haya tentaciones, primero para “dejar solos a los sacerdotes, luego en cómo buscar compañía. Después es que también se sientan humillados y desgraciados para que ya no puedan corregir las cosas y no tengan posibilidad de recuperarse”.
Atacando a los sacerdotes, esos diablitos son los que piensan y trabajan para “ir acabando con la iglesia, y lo peor, los planes de Jesús de establecer su reino, y el de su padre celestial en la tierra con la fuerza y gracia del Espíritu Santo”.
Por eso, instó a los nuevos presbíteros a “cada día profundizar en que son sacerdotes de Cristo. Sepan a quién pertenecen, a un presbiterio y fraternidad, que es un signo sensible y eficaz de la gracia de Dios, a quien se deben”.
Es ahí “donde deben encontrar su mayor felicidad, ser constantes en oración y ejercer su ministerio con alegría y generosidad; caminar humildemente con plenitud y sacrificio espiritual”.
Les recordó que los presbíteros son colaboradores de los obispos y, sobre todo, que “deben creer y practicar lo que enseñan”.







