Llegó de San Luis Potosí
Por Benny Díaz

Liliana Berenice Palacios Torres (Foto: Juan Fernando Reyes Ortega)
Liliana Berenice Palacios Torres es madre de tres hijos de uno, tres y nueve años de edad. En marzo llegó de San Luis Potosí, donde vivía junto a su esposo, y al darse la separación decidió regresar a Aguascalientes con sus padres, que son mayores y también dependen económicamente de ella.
Sólo cursó hasta la secundaria, y al convertirse en madre ya no pudo continuar sus estudios porque antepuso su vida de pareja y familiar a sus estudios. Eso la llevó a buscar opciones para ganarse el sustento, y como hace años destacó cantando en un coro de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, de la colonia Macías Arellano, vio como salida cantar en la calle.
En el Parián fue donde encontró el lugar ideal. Con una bocina y su celular, donde trae 234 canciones, todos los días, por espacio de cinco horas, canta las canciones que alegran a los transeúntes.
“Desde marzo llegué de San Luis Potosí –dice a Página 24. El padre de mis hijos se quedó allá y no se hace responsable de los niños. No tengo estudios de canto, aprendí en el coro y con la pandemia no encontré trabajo y decidí ponerme a cantar”.
Esto porque en San Luis Potosí también lo hacía “porque cantaba en los camiones. Eso me ha hecho salir adelante, bendito Dios”.
Sin perder la sonrisa, y con su hija pequeña cargada con un rebozo, Liliana sale todos los días de su casa para conseguir los recursos económicos que le permitan pagar renta, servicios y alimentos para su familia.
Por fácil que parezca, el cantar en una esquina también tiene sus problemas: “Luego se quejan por el volumen, entonces lo que hago es bajarle y modular los decibeles para que se escuche bien, pero que no moleste a los locatarios”.
De 10:00 de la mañana a 3:00 de la tarde está en la esquina. Acompañada de su celular, la bocina y un micrófono interpreta éxitos de ayer y hoy, lo que hace que quien lo desee, deposite una moneda en el bote que coloca sobre la bocina.
“Mis papás están algo delicados, entonces prefiero dejar a mis hijos en la casa. Mi hija de nueve años me ayuda a cuidar al de tres, yo me traigo a la de uno”.
Su padre cuida a los hijos de una de sus hermanas, entonces se tienen que organizar para que todos estén lo mejor posible y no caigan en estrés.
Liliana Berenice logra reunir entre 250 o 300 pesos en un día “malo”, pero también hay los “muy buenos” en donde se lleva a casa 800 y hasta 900 pesos.
Ha llegado a cantar hasta 150 canciones al día y se ha dado cuenta que las cumbias son las que más gustan, porque cuando las canta es cuando más dinero le deposita la gente.
“Las de la Sonora Dinamita gustan mucho”, pero su repertorio es variado. Recibió dos propuestas para integrarse a una agrupación musical, pero era migrar a Torreón, Coahuila “y no puedo hacerlo, por mis hijos”.
Al terminar su jornada como cantante urbana, Liliana regresa a su casa para continuar con sus labores domésticas, alimentar a su mamá y a sus hijos.
“Mi mamá está aislada. Tiene fibrosis y lo requiere para evitar un contagio. Le pongo una inyección diario, luego atiendo a mis hijos, limpio mi casa y llega la hora de dar de cenar a mi mamá. Mi día inicia a las 7:00 de la mañana, cuando me levanto, y concluye a las 11:00 o 12:00 de la noche”.
Al dejar San Luis Potosí, su hija de nueve años perdió el año escolar porque se atravesó lo de la pandemia y apenas “le asignaron lugar, y mañana (hoy) voy a ir a inscribirla. La rutina cambiará. Cuando regrese le ayudaré con las clases a distancia, y cuando acuda a la escuela a clases presenciales, mi papá me ayudará a ir por ella”.
Liliana sufre de discriminación y recibe insultos por cantar en la calle. Hombres y mujeres por igual le reclaman desde haber tenido una hija (la que trae con ella) hasta el por qué se embarazó.
Lo menos que le dicen “es que soy una mamá luchona” e increparla por exponer a su hija al tenerla por horas ahí, pero “mejor la atiendo yo. No voy a permitir que maltraten a mis niños”.
Si en algún momento la quitan de ese lugar, tampoco se le va a cerrar el mundo: “Porque me voy a cantar a los camiones, al Agropecuario, buscaría el sustento para mis hijos y mis padres”.
Esta mujer protege a su hija: trae gel sanitizante, “cubrebocas no porque estoy cantando. No toco el botecito (donde deposita la gente las monedas) constantemente, tampoco estoy contando el dinero hasta que estoy en mi casa”.
Liliana tampoco se conforma, pues quiere un futuro mejor para ella y su familia. “Estudio la preparatoria en línea y mi propósito es terminarla, luego estudiar para maestra de música y Dios mediante, cuando entre el nuevo gobierno en Aguascalientes, buscaré meter los papeles para que me den un pie de casa”.
Esta mujer tiene algo claro: “Las oportunidades me las busco yo”.







