“Hay Quien ya Perdió la Esperanza”
Por Benny Díaz

José María de la Torre Martín, obispo de la Diócesis de Aguascalientes (Foto: Archivo/Juan Fernando Reyes Ortega)
“Es importante preparar el terreno donde se pueda sembrar, porque hay quienes están tan decepcionados que ya perdieron la esperanza y han dejado de cultivar en sus hijos, hermanos y amigos”, fueron las palabras que el obispo José María de la Torre Martín dedicó a los fieles ayer.
Por ser tiempo en que la tierra se siembra, el purpurado hizo alusión a lo que sucede con aquellos que “se han vuelto estériles, porque tienen corazones ingratos y no saben agradecer los esfuerzos, afanes o muestras de cariño y amistad; por eso es necesario, ahora más que nunca, peguntarnos qué tipo de terreno somos y qué ofrecemos a la familia”.
En un mundo globalizado y cada vez más alejado de los valores, el obispo señaló que “sería un desastre si decidiéramos ya no ser buena tierra y cultivar nuestro corazón; quitar las piedras y espinos que dejan las pasiones desordenadas, los vicios y todos los pecados, como la pereza”.
Por eso invitó a los fieles a “reunir las fuerzas espirituales para hacer frente al enemigo que acecha nuestra alma y que puede ser el orgullo, amor propio, sensualidad, la vida cómoda; apartar lo que es placentero y fácil para preparar nuestro camino con la virtud y la gracia”.
Manifestó que también es necesario preparar el alma de las personas que han sido encomendadas “para ser padres, porque tienen la obligación de mostrar el camino a sus hijos y de llevarlos por la verdad para acoger la palabra de Dios”.
De la Torre Martín también tuvo palabras para los maestros, quienes en estos momentos pasan por una situación difícil, al no poder cumplir con sus labores como debe de ser, y “también tienen la responsabilidad de no sólo dar conocimiento para las mentes, primero deben de fijarse en el corazón y alma de los educandos”.
El obispo de la Diócesis de Aguascalientes manifestó que “todos somos responsables del bien espiritual y material de nuestros hermanos, parientes y amigos. Tenemos la obligación de preparar el terreno para la llegada de Dios, para que se cumplan sus promesas y realicen sus bendiciones. No nos cansemos de ser buenos agricultores de los surcos divinos, de preparar el camino para que Jesucristo pueda actuar en cada una de las personas y nos haga mejores seres humanos y que aportemos lo mejor a nuestras comunidades”.







