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A fin de mes Concluye la Investigación Complementaria

Por Benny Díaz

Jesús Ramírez Pérez, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana (Foto: Archivo)

Jesús Ramírez Pérez, líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana (Foto: Archivo)

Jesús Ramírez Pérez, líder en Aguascalientes de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), continúa en prisión preventiva en el Cereso de la salida a Calvillo porque continúan las investigaciones complementarias del juicio que se lleva en su contra, en instancias federales, por el delito de portación ilegal de armas exclusivas del Ejército, y que fue detenido cuando hizo disparos en un negocio de comida al norte de esta capital.

El junior que heredó el puesto de su papá como líder obrero y que anduvo haciendo una gran grilla para que la CROM atrajera al sindicato de Nissan, lo que prácticamente ya se le fue de las manos, porque por sus excesos y gusto por coleccionar y maniobrar armas de grueso calibre ahora está en la cárcel y su organización ha quedo a la deriva.

Los disparos que hizo Jesús Ramírez Pérez en abril pasado fue el motivo por el que lo detuvieron y luego un juez federal inició un juicio en su contra, ya que le fue encontrada un arma escuadra calibre 9 milímetros, de uso exclusivo del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana.

Esto hizo que se le dictara prisión preventiva para llevar a cabo las investigaciones complementarias y la fecha se vence en los últimos días de este mes, posterior a eso se continuará con el juicio y se determinará su situación jurídica.

El Código Penal Federal y de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos establece que la persona que incurra en este delito puede ser sancionada hasta con 30 años de prisión.

Jesús Ramírez Pérez ya tenía antecedentes de disparar armas cuando se enoja y según su expareja, Astrid Romina Contreras Campero, el líder obrero no tiene control de sus emociones porque es adicto no sólo al alcohol, también a otras sustancias ilegales.

En marzo de 2019 Romina denunció públicamente a Jesús Ramírez, quien balaceó su casa cuando ella decidió poner fin a su relación amorosa.

Los hechos ocurrieron el 20 de noviembre de 2018 cuando en  la casa que compartía la pareja comenzó una pelea que se tornó violenta cuando el líder de la CROM fue descubierto en una infidelidad.

La combinación de celos, alcohol y droga dio por resultado que él se enojara, rompiera muebles, cristales y saliera furioso del lugar para ir a su camioneta, sacar un arma y disparar a la casa que compartían.

Luego amenazó reiteradamente a Astrid Romina con hacerle daño si no lo aceptaba de regreso, como obtuvo negativas la acosó hasta que ella decidió interponer una denuncia, la que él negó reiteradamente asegurando que no tiró balazos, pero sí reconoció haber tenido un “noviazgo” con Astrid Romina y que no terminaron en los mejores términos.

Acusó a la mujer de ser drogadicta y también puso en duda quién era el padre del hijo mayor de ella. Astrid Romina contó días después a Página 24 su versión de los hechos y aseguró que  “por ser él una figura conocida, con dinero y muchos conocidos” estaba segura que no habría justicia para ella, y así fue, el líder obrero siguió con su rutina como si nada y negando una y otra vez lo ocurrido.

“Jamás va a aceptar las cosas por cuestión de imagen –dice Romina–, no busco mentir ni agrandar las cosas en mi beneficio, sólo me pregunto si de verdad hay posibilidad de que haya justicia (para ella)”.

La mujer contó que aceptó el romance porque se dejó llevar por lo que aparentó: “Que es un careta. Eso de que ayuda a la gente, es noble, amable; pero conforme fue pasando el tiempo me di cuenta que no era así”.

Lo describe como una persona violenta, grosero y sobre todo “no perdona cuando alguien le hace algo, se desquita donde más le duele a quien le hace algo. Me di cuenta cuando hablaba por teléfono y lo hace de tal forma que no se sepa que fue él”.

Fue una relación tormentosa con infidelidades y a ella sólo la visitaba por días y él tenía un departamento de soltero: “No me acuerdo el nombre del fraccionamiento, pero ahí fue la primera vez que vi que se drogaba. La pidió por teléfono la cocaína y llegó su ‘dealer’ (distribuidor) a dejársela y yo le pregunté que por qué, que no estaba bien, pero él lo ve como algo normal”.

El 20 de noviembre de 2018 Jesús llegó a la casa que compartía con Astrid Romina y comenzaron a beber, al calor del alcohol surgieron los celos y reclamos cuando ella revisó el celular de él y obtuvo las pruebas de la infidelidad.

“Reconozco que yo también había tomado, pero lo normal. Él, además de haber bebido mucho, había consumido cocaína. Cuando comenzamos a discutir mis hijos estaban en la parte de arriba de la casa, y él destrozó mesas, rompió vidrios; y yo le decía ‘retírate’, pero no quiso. Por eso le hablé a la Policía. Llegó un oficial (de Jesús María) y le dijo que se retirara, que estaba en muy mal estado, y lo hizo. Yo me quedé a acomodar todo, barrí los vidrios, limpié, trapee; y justo cuando iba subiendo las escaleras escucho las detonaciones.

“Si hubiera estado cinco minutos más ahí, me pega un tiro en la cabeza. Asustada me asomé por la ventana y vi que había impactos en el vidrio, además de mi coche, y que él se iba en su camioneta, una Avalanche color negro, que seguro ya no la tiene; porque además casi todos sus bienes están a nombre de su mamá”.

Por miedo, Romina agarró a sus hijos en ese momento y se fue de la casa a refugiarse con su mamá; “porque yo no sabía si iba a volver”.

Días después interpuso la denuncia y espera que la Fiscalía haga su trabajo como es y que “nadie se deje comprar, porque él supo desde el primer momento que existía la carpeta de investigación, tuvo acceso a ella y presumía que era amigo de un comandante, que ahorita ya no está, pero no sé si tenga más conocidos ahí”.

Parece que sí tuvo conocidos en la Fiscalía porque la denuncia no prosperó, el caso se “olvidó” y Jesús siguió “luchando” por los obreros, sobre todo los de Nissan, para agremiarlos a la CROM.

La expareja de Jesús Ramírez Pérez aseguró en marzo de 2019 que “no sólo tiene el arma con que disparó a la casa y al coche, sino varias, unas que son de uso exclusivo del Ejército, y no tiene permiso; cuando se emborracha, que puede ser hasta por tres o más días, acostumbra tirar al aire ahí en su casa (en el Campestre), y su mamá se las tiene que esconder. Pero, bueno, es que su familia es así, les gusta vivir de apariencias”.

Pasó casi un año y medio de aquel día en que Jesús Ramírez balaceó la casa de su exnovia y ya volvió a dejarse llevar por sus incontrolables emociones e hizo disparos en un lugar público, entonces sí fue detenido y se le fincaron responsabilidades, mientras espera la resolución del caso continúa en el Cereso, al menos en lo que el juez federal decide la pena a la que se hace acreedor por el delito que cometió.