“Tenemos Hambre, Nuestras Familias También Comen”
Por Benny Díaz

Los payasos, sin trabajo y con deudas (Foto: Eddylberto Luévano Santillán)
Todos los días salen a las calles en busca de alguna moneda, pero desde que comenzó la pandemia y el “Quédate en casa” por el COVID-19, para Quetzal, Dandy y Chistorín, quienes se desempeñan como payasos, las cosas han ido de mal en peor.
Detrás de sus maquillajes y los chistes que pueden contar, las risas que pueden arrancar de chicos y grandes, hay desesperación y tristeza porque hay ocasiones en que los payasos también lloran y viven desgracias.
Ahora tienen oportunidad de contar su tragedia porque, por más que recorren las calles de Aguascalientes, no logran reunir el dinero que necesitan para subsistir ellos y sus familias.
Además de su trabajo en las calles, los tres obtenían contratos para amenizar fiestas infantiles, festivales en escuelas y otras actividades relacionadas con el entretenimiento infantil para sacar el dinero que les permitiera mantener sus hogares.
No tienen sindicato, tampoco una empresa que los respalde, porque ellos trabajan por su cuenta y cada día, pasara lo que pasara, dejaban sus problemas de lado, se maquillaban y vestían sus coloridos atuendos para divertir a los demás.
Las sonrisas y los aplausos alimentaban su alma de artistas, las monedas obtenidas eran el sustento para sus familias.
Ayer los tres payasos decidieron “manifestarse” frente a Palacio Municipal, no obtuvieron respuesta favorable porque no hubo quién los recibiera. Lo único que piden es algún tipo de apoyo para poder sobrevivir durante la pandemia.
“En mi caso tengo un recibo que debo pagar, por luz eléctrica, el monto asciende a dos mil pesos. Todos sabemos que en la Comisión Federal de Electricidad (CFE), si no pagas, hay corte, y no hay pero que valga. Entonces, ahora necesito ese dinero porque no tengo con qué pagar”, dijo Chistorín.
Los otros dos payasos coincidieron en que para que sus familias puedan alimentarse requieren al menos 200 pesos al día para comprar víveres, ya que tienen hijos y otros familiares que también comen y no hay con qué sufragar los gastos.
Reconocieron que tienen hambre y que, más allá de los aplausos y las risas, ahora lo que sienten es desesperación y derraman una que otra lágrima de tristeza ante la impotencia de no poder hacer mucho por los que más aman.
De poco les sirve salir a las calles en busca de algún lugar donde trabajar, esperando que la gente les otorgue algunas monedas, si no hay personas en la calle, al menos no en la cantidad que requieren para que les recompensen por hacer lo que hacen: arrancar sonrisas y brindar un poco de alegría.
De las fiestas infantiles, ya ni hablar, fueron suspendidas y no hay quién los contrate en estos momentos de crisis.







