Hoy Presenta la Expolicía su Libro “Sin Piedad”
Por Benny Díaz

Maricela Sánchez Muñoz (Foto: Eddylberto Luévano Santillán)
“No creo que alguien se atreva a juzgar a quien hizo todo esto de la tortura (Felipe de Jesús Muñoz Vázquez) como se debe; podrán emitir recomendaciones, pero no se atreverán a tocarlo”, declaró a Página 24 Maricela Sánchez Muñoz, una de las víctimas que sufrió todo tipo de vejaciones, que pasó más de cinco años en penales de máxima seguridad y cuya desgarradora experiencia la llevó a escribir Sin Piedad, el libro que presentará hoy por la noche.
Maricela es la quinta de 13 hijos de un matrimonio de extracción campesina, que asegura tuvo una infancia difícil y que soñó en algún momento tener un esposo, una familia numerosa y vivir en el campo, como lo hizo su mamá.
Es la menor de las hijas y le tocó cuidar a muchos de sus hermanos menores. El sueño de tener varios hijos y un esposo no se cumplió porque también anhelaba la libertad, misma que buscó y encontró a temprana edad.
Estudió sólo hasta la secundaria y luego una carrera comercial, misma que prácticamente no ejerció, porque desde muy niña desarrolló el gusto por la lucha libre, gracias a que las tardes de sábado o mañanas de domingo veía por televisión las películas de El Santo o Blue Demon.
Cuando creció un poco más acudía a cada función de lucha libre que presentaban en el Auditorio Morelos y ahí comenzó a relacionarse con varios luchadores profesionales, quienes la recomendaron con busca talentos para que incursionara en el deporte espectáculo.
Así le llegó la oportunidad de buscar nuevos horizontes y en busca del éxito se fue a Nuevo Laredo, Tamaulipas. Ahí comenzó una etapa en donde estuvo en ese mundo, donde asegura que los golpes y la sangre son reales y que hay más peligro del que se cree porque “hay que saber caer para no lastimarse” y se requiere de mucho valor para “tirarse de la tercera cuerda” o dejarse sangrar cuando así se requiere para complacer al público.
En esa ciudad vivió con libertad y descubrió que el Aguascalientes conservador no era para ella. Allá tuvo un marido y debido a que se lesionó tuvo que abandonar la lucha libre y decidió volver a casa.
“Me encontré con que aquí no era bien visto que fuera a la Feria en short, mi mamá me paró en seco y me dijo que me vistiera como la gente decente”.
Y como gente decente se buscó un trabajo como dependienta en un Oxxo. Ahí llegaban unos policías a que les firmara una bitácora y a ella le gustaba verlos con sus uniformes. Un día le dijeron que buscara la oportunidad de ingresar a la corporación.
“Fui a preguntar, metí mis papeles, renuncié al Oxxo y empecé a estudiar ahí”, cuando salió, se incorporó como elemento activo en la zona Centro, en donde diario “realizábamos detenciones, desde delitos leves hasta aquellos que eran de orden federal”.
Luego pasó al área de inteligencia donde comenzó a dar “golpes” a los narcomenudistas y posteriormente la mandaron a la delegación Terán, donde no fue bien recibida, pero aun así continuó adelante.
Fueron más de cinco años como policía, en donde se llevó el premio como elemento del año por su buen desempeño y también la peor experiencia de su vida.
Un día Felipe de Jesús Muñoz Vázquez le fincó responsabilidades por supuesta vinculación con el crimen organizado y para obligarla a decir que sí, le secuestraron a su hija y a su hermano.
La llevaron a la casa de arraigo en donde fue ultrajada de todas las formas, torturada y víctima de muchas vejaciones.
Luego enviada a prisión y más tarde a dos penales federales: “Que no son como se los muestran en el cine, están diseñados para acabar mental y psicológicamente con cualquiera que entre ahí”.
Maricela asegura que en esas prisiones volvió a ser torturada, sobre todo psicológicamente porque la aislaban. La comida se la daban en bolsas de plástico y fría, la desnudaban y aunque hiciera frío se tenía que aguantar; la quebrantaron en todos los sentidos.
Intentó suicidarse en varias ocasiones y le diagnosticaron esquizofrenia. Comenzó a escuchar voces, luego a ver a personas y al final hasta sentirlas.
Por eso le daban demasiados medicamentos controlados porque en las crisis que le daban se sangraba y por sus antecedentes suicidas la monitoreaban las 24 horas.
Un día decidió escribir un diario con todo lo que le pasaba tanto en la pequeña y fría celda, la comida, las alucinaciones y sus audiencias.
Comenzó a leer libros y así encontró la inspiración para decidir escribir su experiencia y así, en unas cuantas hojas de papel, comenzó a escribir Sin Piedad.
No por Tortura, por Placer
El título nada tiene que ver con la tortura. “No es como todos creen, surgió como una anécdota muy personal. Soy una mujer sexualmente muy activa y me gustan mucho los hombres. Tengo un tatuaje en el bajo vientre con esa leyenda: sin piedad, pero es una invitación al sexo”.
No le da pena mostrarse como es y decir las cosas como son. Aprendió que hay que ser libres en todos los sentidos cuando otros tratan de arrebatar no sólo la dignidad, sino hasta los sueños.
Sus escritos los enviaba a su familia para que no se perdieran y cuando salió de prisión regresó a casa llena de miedo, con personas que sólo existían en su imaginación, pero que la hacían sentir segura y “con mucha rabia” contra Felipe de Jesús Muñoz Vázquez.
Comenzó una lucha por recuperar su vida. Lágrimas, sueños rotos y mucho dolor emocional hicieron que acudiera con varias psicólogas y psiquiatras que le ayudaron a “soltar” a sus personas imaginarias y a comenzar su recuperación.
“No creo en los derechos humanos, me fueron pisoteados. Por eso lucho porque se me haga justicia, a mí y a muchos más que fueron torturados y que todavía no se recuperan, pero definitivamente no creo que se le haga un juicio como debe de ser a quien nos hizo esto (Felipe Muñoz Vázquez”.
Asegura que en la ONU-DH sí cree “porque con el trabajo que han hecho durante estos meses han demostrado que sí nos quieren ayudar, es la opción que nos queda”.
Como pudo y con lo que le quedó, Maricela comenzó a reconstruirse porque “cada día, en los momentos más terribles y que sólo pensaba en morir, me aferraba a mi hija, su recuerdo me hacía levantarme y seguir adelante”.
Comenzó a escribir su libro, buscó editoriales en México “y ni siquiera me contestaron”, fue una española la que decidió publicarlo.
Después de la presentación del mismo, que luego vendrán otros tres, Maricela comenzará de cero a buscar una manera de vivir.
“Voy a vender comida, desayunos, algo casero junto con mi hija. No tengo trabajo y quiero comenzar desde abajo”.
A la par dice que continuará escribiendo, porque además de la saga de Sin Piedad ya cuenta con otros relatos de terror; uno de vampiros y otro más cuyo tema es el narcotráfico.
De la historia de Sin Piedad, asegura que el 70 por ciento es realidad y el 30 ficción. Decidió presentar su libro ahora porque el mensaje para las mujeres es que “podemos salir de cualquier situación. No estoy en contra de los hombres, pero sí podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos y si ya existe, es porque alguien ya lo hizo, si no, podemos ser nosotras las primeras”.







