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“Lo Queremos en la Cárcel”

Por Benny Díaz

Víctimas de tortura de Felipe de Jesús Muñoz Vázquez (Foto: Archivo)

Víctimas de tortura de Felipe de Jesús Muñoz Vázquez (Foto: Archivo)

El terror se convirtió en miedo y ahora en coraje e impotencia. Son algunas de las víctimas de Felipe de Jesús Muñoz Vázquez quienes de propia voz exigen justicia “porque con nada nos repara el daño que nos hizo, la vida destrozada, nuestras familias perdidas o desintegradas y los años perdidos en la cárcel”.

El primero en hablar es Pablo Ríos Velázquez, quien se desempeñó como suboficial de Seguridad Pública por 11 años, y su historia es igual a la de muchos otros: “Me acusó de delincuencia organizada, él mismo entró a mi casa y junto con los que iban se robaron todo lo que teníamos, incluido un vehículo que estaba a nombre de mi esposa, lo volvieron a plaquear, se lo llevaron a otro estado y ya no existe”.

Su mirada se torna recia y sigue contando lo que pasó: “Para cualquier persona exigen muchos requisitos en finanzas, todavía tenemos la tarjeta de circulación, mi esposa nunca les dio la firma y se robaron todos los documentos, nuestra vida de nuestra casa. Fueron ministeriales y Felipe Muñoz los que ingresaron a mi domicilio, no me puede decir que no es cierto”.

Pablo recuerda que su esposa fue muchas veces a reclamar el hurto de su vehículo y cada vez que lo hacía “me metían a la cámara de tortura, fueron seis veces para hacerme todo lo que se les ocurría”.

Su voz se torna con enojo, se le pregunta a cuánto asciende lo robado y dice: “Nunca he hecho la cuenta. Me robaron todo. A los vecinos los golpearon para que se alejaran y no vieran todo lo que estaban sacando y todavía nos exigían bolsas negras de plástico para poner las cosas”.

El expolicía dice que lo hicieron inculparse de delincuencia organizada a base de infringirle toda clase de tortura: toques en sus partes nobles, quemaduras, asfixia y todo lo que han dicho una y otra vez las demás víctimas.

Hoy sale a dar la cara y a exigir justicia, ya no para que le regresen lo robado, sólo la tranquilidad de que aquél que lo torturó y sus cómplices “paguen como se debe”.

 El Orgullo de ser Policía

Obde Salinas también fue suboficial de la Policía Municipal por varios años y lo detuvieron cuando andaba trabajando “sin orden de presentación o aprehensión.

Fueron ministeriales los que se lo llevaron lo golpearon “me asfixiaron, vendaron, esposaron y de tantos golpes me desvanecía y me hacían recobrar el conocimiento con toques para seguirme torturando”.

Lo hicieron firmar una confesión que no hizo y luego fue procesado por delincuencia organizada.

Pasó dos años y medio en el Cereso Aguascalientes de donde salió “con una mano atrás y otra adelante porque tuve que vender mi pie de casa para pagar abogados”.

Fue absuelto en 2014, “y salí orgulloso de ser policía, pero de nada me sirvió. A todos lados donde iba no me daban trabajo y tuve que empezar de cero. Ahora manejo un taxi, pero no me he podido levantar, además de los problemas familiares que hay por la psicosis que me dejó todo ese episodio de la tortura. Yo veía ministeriales y me daban ganas de ir al baño”.

 La Sentencia de Jesús Figueroa

Otra que decidió volver a hablar y contar la historia de su nieto, a quien incriminaron de haber asesinado a una mujer y varios menores en un “picadero” en Pintores Mexicanos es Victoria López Hernández, quien dejó su familia y natal Oaxaca para venir a Aguascalientes a luchar por su familiar.

Tenía 20 años cuando fueron hasta Oaxaca por él, lo sacaron a golpes y amenazaron con armas largas a su familia.

Al llegar aquí lo llevaron al lugar del crimen y “sembraron” pruebas –dice la mujer–, luego lo llevaron a la casa de arraigo “en donde, nos cuenta otra persona que estuvo ahí que, por todo lo que le hicieron, no gritaba, bramaba”.

Y es que al joven le quemaron el ano, destrozaron sus genitales, asfixiaron, golpearon y cuanto daño pudieron durante un mes para que firmara una declaración “que no hizo” y dijera que él había cometido el crimen.

Luego, el colofón fue que Jesús Figueroa Ortega, el actual fiscal general del Estado, siendo juez, lo sentenció a 70 años de prisión y jamás se dio cuenta de que el joven llegó al Cereso y su Juzgado con visibles huellas de tortura.

Hoy este muchacho tiene 27 años, los últimos siete estuvo encerrado por un crimen que no cometió y tiene secuelas. “Está enfermo de la presión y varias otras cosas”. Victoria solo puede ir a verlo al Cereso de El Llano una vez al mes, su economía no da para más porque trabaja haciendo aseo en algunas casas, pero tiene que pagar renta y sobrevivir.

Asegura que interpusieron amparos pero “el abogado me decía que sí y al final salió con que no. Un interno le dijo a mi hijo que había sido porque ese Felipe Muñoz lo había amenazado y le dio miedo”.

Por todo eso, a su edad y con todas las adversidades, Victoria asegura que ya no tiene nada que perder y tampoco le tiene miedo a Felipe de Jesús Muñoz Vázquez, porque más daño no puede hacer y ahora lo único que “pido y exijo es justicia para mi nieto, que lo dejen libre”.

 En la ONU sí Creen

El cuarto en contar su penar es Gustavo Malo, un hombre de la tercera edad, enfermo del riñón, que tiene que someterse a diálisis para seguir viviendo pero tiene un motivo: ver a su hijo en libertad.

“Felipe de Jesús Muñoz lo acusó de secuestro y delincuencia organizada. No le han podido comprobar nada y ya lleva ocho años preso. Está en El Llano y ahí hay muchos que también fueron torturados y son inculpados injustamente”, relata.

Con coraje el hombre dice que “los policías estatales y ministeriales son los que roban, pero con charola”.

Ahora lo que quiere es “que agarren a ese tal Felipe Muñoz, que no se me hace procurador de nada, es un delincuente; y no hay que olvidar a sus sobrinos cómo andaban”.

A estas alturas y con todo lo vivido “ya no le tengo miedo. Le dije en su momento que liberara a mi hijo y me metiera a mí, y con una sonrisita me dijo que no. No puede ser que paguen justos por pecadores, y mi hijo lleva ocho años sin poder ver a su familia por algo que no hizo y sólo porque a este tipo se le ocurrió que era quien debía hacer pasar por culpable”.

Así que ante la llegada inminente de representantes del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas “queremos justicia, a ver si ellos nos pueden escuchar y hacer caso. Ellos son más poderosos, no como esos magistrados que hay aquí, de los cuales a muchos conocí siendo licenciadillos cuando trabajé con el gobernador Cuco Esparza Reyes”.