Mató a Anciano en la Comunidad Coyotes

Este es la vivienda en donde Francisco Ramón Hernández mató a Juan Macías Rangel “El Gavilán”
A 21 años y tres meses de cárcel fue sentenciado Francisco Ramón Hernández Rodríguez de 28 años de edad, por el asesinato en agravio de Juan Macías Rangel “El Gavilán”, de 71, en hechos ocurridos en julio de 2015.
Fue el juez Segundo Penal quien emitió la pena, a la cual agregó el concepto de pago total de la reparación del “daño material y moral” por 698 mil 400 pesos.
Fue el propio Hernández Rodríguez quien confesó, al ser detenido, que mató a “El Gavilán” cuando lo descubrió hurgando entre sus pertenencias, y al amagarlo éste con una pistola lo golpeó con un palo, le arrebató el arma, lo mató y quemó el cadáver.
El cuerpo, completamente calcinado, fue descubierto el pasado 16 de julio de 2015, en lo que fue domicilio del septuagenario, ubicado en avenida Liga Mexicana sin número, esquina con calle Gavilanes, en Coyotes, municipio de Aguascalientes.
El Hallazgo
Mediante una llamada telefónica que se recibiera en la guardia de agentes, se conoció que en un terreno en Coyotes estaba el cuerpo sin vida de una persona, lo cual corroboraron elementos de la Policía Ministerial y Servicios Periciales, encabezados por el Ministerio Público, quienes confirmaron que se trataba de un sujeto con quemaduras de tercer grado.
Ahí, Hugo Macías, hijo de “El Gavilán”, indicó que le había llamado la atención que su padre no tuviera comunicación con él desde hacía tres días, por lo que trató de contactarlo vía telefónica y al no obtener respuesta se dirigió a su domicilio.
Al no lograr abrir la puerta, decidió brincar la barda y entonces descubrió en el suelo el cuerpo calcinado de su padre, por lo que acudió con el comisario ejidal para dar aviso a las autoridades policiacas.
Entrevistados por ministeriales, varios vecinos coincidieron en señalar que “El Gavilán” era una persona muy tranquila y acostumbraba a ingerir bebidas embriagantes los fines de semana con algunos amigos dentro de su finca, aunque en ocasiones escuchaban detonaciones de pistola en su predio, interpretando que lo hacía por diversión sin intención de herir a nadie.
Por su parte, Juan “N” “N”, dueño de una tienda de abarrotes, declaró que la última vez que vio con vida a Juan Macías fue el 10 de julio, cuando llegó al establecimiento junto a un tal Francisco Ramón para comprar cerveza.
Del mismo modo, el hijo del hoy finado aseguró que, al revisar la casa de su padre, descubrió que faltaba un revólver que su progenitor “tenía para su seguridad”, así como una tarjeta bancaria de débito y su teléfono celular.
Esto último fue la pista para capturar al homicida, al descubrir que con el plástico se realizaron compras en una farmacia y en una tienda de ropa vaquera situadas en la capital del estado, y al analizar los baucher y las cámaras de seguridad descubrieron que el autor fue Francisco Ramón Hernández Rodríguez, quien radicaba en avenida Liga Mexicana.
Captura y Confesión
Con esta información, los investigadores solicitaron al Ministerio Público una orden de localización y presentación, la cual fue otorgada por el representante de ley; inmediatamente un grupo de investigadores se dirigieron al domicilio de Francisco Ramón, pero antes de llegar lo hallaron en el cruce de avenida Liga Mexicana y las vías del ferrocarril.
De esta forma fue detenido para ser trasladarlo al edificio de Averiguaciones Previas, en donde, sometido a intenso interrogatorio, Hernández Rodríguez cayó en contradicciones hasta que terminó por confesar que asesinó a “El Gavilán”
Mencionó que el día de los hechos, al salir de su trabajo rumbo a su casa, al pasar por la casa de “El Gavilán” vio que guardaba unos tenis dentro de una mochila, lo que despertó su codicia, así que decidió engañarlo aprovechando que mantenían una amistad desde varios meses atrás y en ocasiones se reunían para ingerir bebidas embriagantes.
El gancho fue ofrecerse a ayudarle a plantar unos árboles dentro de su predio, y en reciprocidad el hoy occiso le ofreció comprarle cerveza. Entonces acudieron a la tienda de Juan para comprar dos caguamas y volvieron a la vivienda para laborar, regresando una hora después por más alcohol.
En determinado momento “El Gavilán” le dijo que iría al baño, momento que aprovechó el hoy sentenciado para introducirse al cuarto del hoy occiso y abrir algunos cajones con la finalidad de localizar un pagaré que le había firmado meses atrás por un préstamo que Juan Macías le había hecho por la cantidad de tres mil pesos.
Continuando con su declaración, el hoy detenido aseguró que de manera repentina regresó el septuagenario, quien le reclamó por entrar a su cuarto, contestando Francisco Ramón que sólo era para cambiar el disco de la música que estaban escuchando.
El dueño de la casa, dijo Francisco Ramón, se molestó tanto que le comenzó a reclamar y agarró el revólver que tenía sobre la cama, pero en ese instante el veinteañero tomó un palo de madera para golpearlo en la espalda.
El anciano logró levantarse, dijo el asesino, y le apuntó con la pistola, por lo que se le abalanzó para arrebatarle el arma y la accionó en una ocasión, causándole una herida que le segó la vida.
Posteriormente, envolvió el cadáver con sábanas y lo arrastró hasta la entrada del cuarto, en donde lo roció con gasolina y le prendió fuego; después, para simular que se había tratado de un robo, volteó el colchón de la cama, sacó algunas ropas así como una lámpara que colocó a un lado del cuerpo.
Luego se apoderó de una tarjeta de débito que estaba en la mesa, la pistola y el teléfono celular, escapando por la parte de atrás de la casa sin que nadie lo viera; se dirigió a su casa para dormir y al día siguiente se fue a trabajar y en la tarde le dijo a su esposa que lo acompañara al centro de esta ciudad, donde hizo algunas compras en una farmacia y una tienda de ropa vaquera con la tarjeta del finado.
Regresó a su domicilio y se dirigió a un terreno baldío donde destruyó la tarjeta y fue regando los pedazos en la tierra mientras que a la pistola la metió en un guante y la enterró cerca de su domicilio y al celular le quitó el chip y lo tiró para colocarle otro.
Francisco Ramón fue declarado formalmente preso y casi cuatro años después fue sentenciado por el delito de homicidio doloso calificado con ventaja y traición, condena que deberá cumplir en el Centro de Readaptación Social de El Llano.







