Originarias de Michoacán y Estado de México
Por Gabriel Soriano

En un sondeo, estas muñecas rondan entre los 25 a 60 pesos, dependiendo del tamaño (Foto: Galo Cañas/Archivo/Cuartoscuro)
Durante varios meses del año en Aguascalientes, como en otras ciudades, se puede ver a mujeres indígenas sentadas sobre las aceras vendiendo bolsas, pulseras de chaquira y, quizá lo que más llama la atención, las muñecas de trapo adonadas con listones coloridos y vestidos típicos, de ojos redondos y un triángulo rojo como nariz, muñecas llamadas popularmente Marías.
Se cree que estas muñecas aparecieron como resultado de la conquista, sin embargo historiadores también dicen creer que muñecas similares, hechas anteriormente de arcilla, palma y cabellos de maíz, acompañaban los rituales antes de la época de la colonia.
Ahora, las muñecas que conocemos nacen como tal en Michoacán y en el Estado de México, elaborados por el grupo étnico Mazahua, más tarde se expandiría por todo el país este juguete típico mexicano.
Inclusive el municipio de Amecalco, patrimonio cultural de las tradiciones queretanas, hicieron una réplica de estas muñecas con seis metros de altura.
Muñeca que dejó las tierras del estado para hacer una gira mundial por distintos países como España, Londres y Australia.
En Aguascalientes, durante la semana, especialmente por esta verbena abrileña, se puede ver a algunas mujeres indígenas por las mañanas y las tardes vendiendo estas tradicionales muñecas a turistas y a propios del estado.
En un sondeo, estas muñecas rondan entre los 25 a 60 pesos, dependiendo del tamaño.
Las mujeres indígenas invierten poco en el material pues con el que está elaborado les da para hacer distintas muñecas sin embargo el tiempo para hacerlas puede llevarlas de entre hora y media a un poco más de dos horas.
Remarcan que es importante rescatar las tradiciones pues la modernización ha hecho que varios jóvenes olviden poco a poco sus tradiciones y se olviden de sus raíces.
Coincido con la importancia de rescatar estas tradiciones, pero más importante también es que uno como comprador no regatee el duro trabajo de estas mujeres indígenas a las que aseguran que sacan poco, a penas para poner pan en la boca de sus hijos.







