Gracias
HOY, CON una mezcla de nostalgia y gratitud, escribo mi última columna para esta Casa Editorial que ha sido mi hogar durante tantos años.
ES UN momento agridulce, como una hoja que se cae en otoño, hermosa, pero inevitable. Y es que esta etapa de mi vida, forjada en la redacción, se siente como un capítulo que cierra. Una despedida que simboliza el final de una era en el periodismo que tanto amo.
SOY DE la escuela de Ramiro Luévano López, y desde que crucé la puerta de esta redacción, me sumergí en el fascinante mundo de las palabras.
RECUERDO LOS días en que nuestras manos se manchaban de tinta, la emoción de rasgar un papel fresco y el mágico momento cuando un nuevo contenido cobraba vida, imprimiéndose en las páginas.
CUANDO ME inicié en este oficio, era la época en la información no llegaba a nosotros a la velocidad de un clic o una notificación, había que esperar al día siguiente para saber qué pasaba en el mundo.
EL ACTO de leer el periódico, oler el papel, saborear las palabras impresas, era un ritual que se grababa a fuego en nuestro ADN como periodistas.
ME TOCÓ vivir la transición, desde el susurro de la máquina de escribir hasta los sonidos de los teclados actuales.
UNA AVALANCHA de noticias transformaba la redacción en un hervidero de ideas, análisis y debates. De esos días nacieron textos que defendieron ideales, que lucharon contra las injusticias y que dieron voz a quienes menos la tenían.
ESTA CASA Editorial no solo me enseñó a contar historias, sino también a escuchar las de los demás. Aprendí que detrás de cada noticia hay un ser humano, una vida entera, un relato esperando ser descubierto.
CADA VEZ que pulsaba “enviar” después de terminar una nota, sentía ese cosquilleo en el estómago: la emoción de compartir la verdad, de contribuir al pluralismo y de ser parte de la conversación pública.
SIN EMBARGO, los tiempos han cambiado, este mundo está en constante evolución y el periodismo no es la excepción.
LA INMEDIATEZ de las redes sociales y la voracidad de la información instantánea han transformado la forma en que consumimos y producimos noticias.
LO QUE una vez fue un arte sosegado se ha convertido en una carrera frenética donde a veces se sacrifican la calidad y la profundidad.
DE TODOS modos, tengo la esperanza de que las nuevas generaciones logren encontrar el balance entre lo urgente y lo importante, entre la velocidad y la veracidad.
HOY CIERRO esta etapa, pero no sin antes expresar mi eterno agradecimiento a cada persona que ha sido parte de esta travesía. A mi mentor en este oficio: Ramiro Luévano López, a quien le debo prácticamente todo de lo que soy como reportera.
A LOS lectores, quienes han hecho que cada palabra tenga sentido, y a todos aquellos que, de diferentes formas, han contribuido a esta historia compartida. Cada uno de ustedes ha dejado una huella imborrable en mi recorrido.
ASÍ QUE mientras cierro este capítulo, me llevo conmigo innumerables recuerdos, lecciones y amistades que perdurarán más allá de las palabras impresas.
A TODAS las almas que han compartido su pasión por el periodismo, les hago un llamado: sigan contando historias, sigan informando con veracidad y, sobre todo, sigan amando esta noble profesión.
ME DESPIDO de esta Casa Editorial con el corazón lleno de gratitud y la esperanza de que nuestros caminos se crucen nuevamente.
DESDE ESTE rincón de Plaza de Armas, les agradezco por haber sido parte de mi vida y de yo haber puesto mi granito de arena al gran legado que deja Ramiro Luévano López en el periodismo no solo de Aguascalientes, sino de la región.
GRACIAS POR tanto y por todo. Hasta siempre. (BDR)
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