“México no Aguanta más Odio, Venganzas ni Linchamientos Ideológicos”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez (Foto: Facebook Diócesis de Aguascalientes/ Correo Diocesano)
“La división social que aqueja al país, la polarización y el odio no lleva a nada bueno, hay que saber perdonar y por eso tanto la clase política como la sociedad en general deben dejar los rencores y aprender a perdonar”, exhortó el obispo Juan Espinoza Jiménez en su homilía dominical.
Con motivo del inicio del nuevo año pastoral y en vísperas de los festejos patrios del 16 de septiembre, el prelado manifestó que “México no aguanta más odio, venganzas ni linchamientos ideológicos. Queremos que Dios nos perdone y tenga paciencia con nuestras tonterías, pero somos implacables con los demás, juzgamos rápido al vecino, pero exigimos comprensión para nuestras circunstancias”.
Espinoza Jiménez fue categórico al señalar que el resentimiento “es una enfermedad que pudre familias, comunidades y sociedades enteras: guardar rencor es como beber veneno esperando que la otra persona se muera. Nos envenena por dentro, nos quita el sueño y empaña la oración”.
El jerarca católico llevó la reflexión de los templos a la realidad social. Criticó severamente la tentación del clasicismo político y social, donde se divide arbitrariamente a la gente entre “los buenos, los malos, los nuestros y los otros. Cuando la diferencia se convierte en enemistad, la crítica se transforma en insulto y la discusión termina en odio, la convivencia social se rompe”.
Reconciliarse no significa callarse ante las injusticias, agachar la cabeza ni renunciar a las convicciones, sino aprender a defender lo que uno piensa sin destruir ni aniquilar al que piensa diferente.
“México no necesita más odio, necesita ciudadanos capaces de escuchar y dialogar, no encostalados en odio. En estas fiestas patrias no hay que lucrar con las heridas del pasado, no podemos construir el futuro de México alimentando permanentemente las heridas del pasado. Una nación necesita memoria, pero también reconciliación. México es nuestra casa común y es mucho más grande que nuestras divisiones políticas o ideológicas”.
El obispo recordó a la grey católica que pertenecer a la Iglesia exige desterrar el orgullo y las cuentas pendientes: “Tú me pegas y yo te pego, tú me ofendes y yo te ofendo, eso no es de cristianos. La Iglesia no puede estar fracturada por protagonismos, rencores ni grupitos enfrentados. La sinodalidad y el caminar juntos empiezan por algo tan elemental como saber escucharse y perdonarse”.
Para evitar confusiones o malas interpretaciones, Espinoza Jiménez dejó en claro los límites del perdón cristiano: “Perdonar no es justificar el mal, aprobar la tranza, abandonar la justicia, permitir abusos ni borrar de un plumazo a las víctimas. Perdonar sí es renunciar a la venganza y al odio visceral para dejar que la justicia camine por senderos de verdad, reparación y paz. La cultura de la reconciliación no es la cultura del silencio o de la complicidad ante el mal, es donde la verdad y la misericordia se encuentran”.
El purpurado lanzó un ejercicio práctico a los asistentes: “Piensen en esa persona específica con la que traen pleito atorado, ya sea en la familia, en el trabajo, en la política o aquel que les hizo una tranza y todavía se burla. Pregúntate delante de Dios qué puedes hacer hoy, tal vez pedir perdón, dejar de hablar mal a sus espaldas o empezar a rezar por esa persona. La reconciliación empieza con cosas pequeñas pero firmes”.
El pastor de la Diócesis de Aguascalientes instó a los fieles a convertirse en “artesanos de reconciliación” en un México sangrado y herido por múltiples formas de violencia, confrontación e inseguridad.
Exhortó a que los hogares sean escuelas de perdón, las parroquias centros de encuentro y la diócesis una entidad que una y no divida.
“Quien perdona no cambia el pasado, pero libera infinitamente su futuro y abre de par en par las puertas del cielo. Si quieren llegar un día al cielo hay que empezar por perdonar a todos los que nos han dañado”.




