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Protegen a Fox de la Prensa…

EL TIEMPO es un juez implacable que no perdona ni a los que alguna vez se creyeron mesías de la democracia… y eso se vio ayer en el Centro de Convenciones de la Isla San Marcos, bueno, en el estacionamiento, donde rozó la comedia absurda y la decadencia política: Vicente Fox Quesada reapareció en Aguascalientes.

EL EXPRESIDENTE octogenario, apoyado en un bordón y con el andar vacilante que los años imponen, llegó a la entidad no para aportar luces o sustancia al debate actual, sino para escenificar la sombra de lo que un día pretendió ser el cambio.

EL PRETEXTO para pasear al guanajuatense fue el Encuentro Nacional de Acción Juvenil. Resulta verdaderamente incomprensible la lógica de la cúpula panista: presentarle a las nuevas generaciones como referente de inspiración a un personaje cuyo legado histórico está irremediablemente mermado, y menos cuando apenas el viernes se puso una corbata roja y acudió a la sede nacional del PRI para unir fuerzas con Alejandro “Alito” Moreno.

EL NOMBRE de Fox no evoca la caída del régimen priósta del año 2000, sino las estrofas de aquella célebre canción La Granja, que interpretan Los Tigres del Norte, censurada en su sexenio, que recordaba con sagacidad quién fue el encargado de “soltar a la perra” y abrir de par en par las puertas al flagelo del crimen organizado que aún aqueja al país, mientras los “cerdos”, ejemplificando a los diputados y senadores, se “engordaban” comiendo maíz y los trabajadores del rancho buscaban desesperadamente brincar un muro, o sea, migrar, porque “la perra” los acorralaba para morderlos.

VAYA PARADOJA para la juventud blanquiazul: celebrar la vejez institucional de quien encendió la mecha.

PERO EL verdadero ridículo no lo hizo únicamente el exmandatario con sus desplantes habituales, sino el panismo local y su desmedida logística de contención. En un despliegue tan grotesco como desproporcionado, las autoridades no tuvieron empacho en utilizar a los elementos de Protección Civil no para resguardar la integridad física de los asistentes o prevenir contingencias, sino para hacerla de guaruras, cercar a los medios de comunicación e impedir a toda costa el trabajo periodístico.

CONVERTIR A los cuerpos de rescate en un escudo antiprensa para evitar que las preguntas incómodas tropezaran al “ilustre” visitante es un exceso que retrata de cuerpo entero el nerviosismo oficial.

LA ESCENA revivió los peores episodios de la Ley de Herodes y el intolerante tufo del autoritarismo que el blanquiazul tanto suele criticar en el plano nacional. Hay una regla elemental en la política y en el protocolo público que parece habérseles olvidado en la sede local: si los dirigentes panistas no están dispuestos a someter a sus invitados al escrutinio de los reporteros, si les incomoda la mirada crítica de los medios de comunicación o si les da pánico que el ilustre anciano vuelva a resbalar en sus propias declaraciones, la solución es bastante sencilla: no inviten. (BDR)