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Y con el Bukelista

PERO EL ridículo no es patrimonio exclusivo del tinte guinda o de la nostalgia tricolor, en el feudo azul la cosa está para llorar… de la risa.

AHÍ ESTÁ Juan Antonio Martín del Campo, a quien a estas alturas nomás le falta dejarse la barba tupida, comprarse una gorra con la visera plana y escarbar en el árbol genealógico a ver si se encuentra un par de antepasados árabes para consolidarse como la caricatura región 449 de Nayib Bukele.

pretende apantallar al respetable vendiendo la fantasía del “modelo El Salvador”, como si el problema de la inseguridad en nuestro país fuera un asunto de pandilleros de esquina cobrando piso con navajas de afeitar.

LO QUE al senador se le olvida en su afán de posar para la foto tipo “mano dura” de aparador, es que aquí enfrente no hay maras; hay cárteles del crimen organizado con estructuras financieros-empresariales y una capacidad operativa que da miedo.

CUENTAN LOS que de veras saben de estos menesteres que los grupos delictivos ostentan un armamento pesado que supera, por mucho, el equipo de nuestras propias Fuerzas Armadas. Y lo peor del caso: a los delincuentes nadie les cuenta las balas, mientras que a los militares en activo, esos que sí se parten el alma, el pecho y la vida a diario por el país, los traen con un parque estrictamente fiscalizado y auditado en el campo de batalla.

VENIR A encajar con calzador un libreto centroamericano ante semejante monstruosidad no solo es una ingenuidad, es un intento burdo de apantallar a la tribuna con un modelo que ante la cruenta realidad nacional le queda sencillamente chiquito, enano y ridículo.

¿Y LA ALTURA política?, bien, gracias, se quedó bien guardada en el cajón de las buenas intenciones. Unos se agarran a manotazos de utilería para luego fabricar mártires de plastilina, otros acuden al porrismo de cúpula para agradar al dirigente en turno, y los de más allá se disfrazan de sheriffs implacables para ver si raspan un par de likes en las redes sociales.

MENOS GRILLA barata, señoras y señores, y más seriedad en los asuntos del Estado. La ciudadanía ya se cansó del libreto repetitivo, de los chismes de pasillo y de los salvadores de patria de utilería. Exijan nivel, porque si medimos a la clase política por sus espectáculos diarios… ¡de todos no se hace uno! (BDR).