Que le Amarren…
…LA PIEDRA al cuello y que lo avienten al fondo del mar, tal como dice en el Evangelio de Mateo, capítulo 18, versículo seis sobre “cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar”.
PERO HAY demasiados lobos vestidos de ovejas, y lo peor, a veces insertados en la Iglesia Católica, y en otras religiones, porque ninguna se escapa, pero en este caso se trata del sacerdote pederasta Juan Antonio Ávila Salas quien durante años abusó sexualmente de dos niños en la capilla de San Martín de Porres.
LAS VÍCTIMAS eran monaguillos y, una cosa es la fe y otra el fanatismo y querer tapar el sol con un dedo como ocurre con muchos doble moral que no se atreven a decir las cosas como son, como si Jesús hubiera sido un hipócrita, porque lo más asqueroso es que lo hacen en su nombre, cuando fue quien enfrentó a todos aquellos que aparentaban una cosa y hacían otra, a la sarta de víboras y también sacó del templo a azotes a los que hicieron un mercado de la casa de su padre.
HAY UNA máxima en la Biblia y es: “la verdad los hará libres”, ¿entonces por qué esa horda de tapaderas de tales aberraciones?
EL CÍNICO cura violador logró que le dieran un amparo para no ir a parar a donde merece, que si se aplicara la ley textual sería en el fondo del mar, pero como recurrió a sus “derechos humanos”, que ahí sí fueron respetados, el pederasta estuvo tranquilamente con un amparo gozando de llevar un juicio en libertad, sólo yendo a firmar al juzgado y no acercarse a las víctimas.
¿NO PENSARON en el potencial peligro para otros?, pues no, esta vez los agentes de investigación, la fiscalía y el Poder Judicial fueron exageradamente “blandos”, porque a este cura, mínimo, le hubieran dado un tour por los oscuros pasillos donde los muchachos de Manuel Alonso García tienen “el confesionario”, para que el cura hubiera probado lo que es que se inviertan los papeles.
NO ESTAMOS hablando de un descuido ni de una falta menor; estamos hablando de delitos aberrantes cometidos de forma sistemática y cobarde durante los tres años: atentados al pudor, violación equiparada y corrupción de menores. Dos monaguillos que acudían a servir al altar con inocencia, terminaron siendo víctimas de un depredador que utilizaba la vestidura sacra como trampa para infundir confianza en las familias y sembrar el terror del silencio en las víctimas.
¿HASTA CUÁNDO se va a permitir que la justicia terrenal trate con guantes de seda a semejante personaje?
HAY QUE reconocer que en este caso el obispo Juan Espinoza Jiménez, aunque se enojara cuando se le cuestionó sobre el tema, no solapó al agresor.
DESDE MAYO de 2024, el Obispado de Aguascalientes procedió a suspenderlo y retirarlo del ejercicio sacerdotal tras conocerse las denuncias. La Diócesis le quitó el altar y la sotana.
¿DÓNDE ESTUVO la vergüenza entonces? En un sistema de justicia garantista y tuerto que en 2025 le regaló un amparo, permitiéndole llevar su proceso en libertad como si destrozar la infancia de dos niños fuera un asunto que se arregla con una firma quincenal.
COMO SOCIEDAD y como creyentes no se puede seguir siendo ciegos, sordos y mudos ante tales aberraciones. La postura tiene que ser categórica, sin matices ni tibiezas: ningún abusador sexual, y absolutamente ningún clérigo, puede ni debe ser protegido en nuestra sociedad.
QUE ALGUIEN pretenda parapetarse tras el prestigio de una institución religiosa, el estatus social o la sotana para ultrajar a la niñez es una atrocidad que no se puede tolerar. Quien traiciona la fe de una comunidad y utiliza la confianza de los padres para abusar de sus hijos no merece consideración, ni amparos, ni libertad condicional, merece todo el peso del Código Penal.
EL AMPARO se cayó, el escudo legal se esfumó y el presbítero quedó al desnudo frente a la ley. Si Juan Antonio Ávila Salas no es detenido e ingresado a prisión preventiva inmediata, la complicidad ya no será eclesiástica ni divina, sino pura y dura corrupción o negligencia de las autoridades judiciales de Aguascalientes.
ESTE ESTADO, por muy católico que sea, no soporta más simulación ni paciencia con los abusadores de menores, a los niños no se les toca, las leyes se hicieron para proteger, no para servir de refugio a quienes destruyen su inocencia.
SE LE acabó la protección de la sotana y el amparo se derrumbó, ahora, señores jueces y fiscal: o meten al pederasta a la cárcel, o la historia y el pueblo los juzgarán como sus encubridores. ¡A la cárcel ya! (BDR).
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