“Miramos Tanto el Problema que nos Olvidamos de Salir Adelante”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez (Foto: Facebook Diócesis de Aguascalientes/ Correo Diocesano)
“En medio de las tempestades personales, familiares, sociales y espirituales que aquejan a la comunidad, no podemos vivir dominados por el miedo ni por la desesperanza, ninguna dificultad es insuperable si se mantiene el temple, la fe y la confianza en tiempos agitados”, fue el llamado que hizo el obispo Juan Espinoza Jiménez en su homilía dominical a la feligresía que acudió a Catedral.
El prelado reflexionó sobre los momentos cruciales en que las personas sienten que los problemas rebasan sus capacidades, el futuro se vuelve incierto y las fuerzas parecen agotarse.
“Todos en algún momento atravesamos tempestades, hay tempestades personales, familiares, sociales y también espirituales. Hay momentos en que sentimos que los problemas nos superan, pero hoy el señor viene a nuestro encuentro y nos dice ‘ánimo, soy yo, no tengan miedo’”.
Tomando como referencia el pasaje evangélico donde el apóstol Pedro camina sobre las aguas agitadas, el obispo Juan Espinoza explicó que el miedo cobra fuerza cuando la atención se centra exclusivamente en la crisis y no en las capacidades de superar la adversidad.
“Pedro comienza a hundirse cuando deja de mirar a Jesús y pone la mirada únicamente en el viento y en las olas. También nosotros podemos hundirnos, no porque las dificultades sean necesariamente insuperables, sino porque muchas veces ponemos nuestra mirada únicamente en ellas, miramos tanto el problema que nos olvidamos de salir adelante, miramos tanto las heridas que olvidamos la misericordia y la luz”.
El jerarca católico subrayó que el miedo paraliza a las familias y a la sociedad, condicionando las decisiones diarias y robando la paz. Por ello, cuestionó a los presentes sobre dónde tienen puesta su visión y su corazón ante los retos cotidianos.
Asimismo, al recordar la figura del profeta Elías, Juan Espinoza Jiménez precisó que las grandes respuestas a las crisis no siempre llegan mediante sucesos espectaculares o inmediatos, sino a través del trabajo constante, la tranquilidad interior y la solidaridad comunitaria.
“A veces queremos soluciones inmediatas y milagros visibles, pero Dios muchas veces actúa silenciosamente, sosteniéndonos en la dificultad, dándonos fortaleza para continuar, poniendo a una persona en nuestro camino o renovándonos mediante la oración. Dios no siempre elimina la tempestad de un plumazo, pero siempre da la fuerza para atravesarla”.
El obispo llamó a la ciudadanía a perder el temor de reconocer la propia fragilidad y solicitar ayuda para superar problemáticas concretas que destruyen el tejido social y familiar.
Instó a liberarse del orgullo, la indiferencia, los resentimientos y la violencia intrafamiliar que impiden vivir en armonía, tomando como modelo la figura de la Virgen de la Asunción, de quien destacó su capacidad para mantenerse firmemente de pie frente al dolor, la pobreza, el exilio y la incertidumbre.
“No tengamos miedo, cuando lleguen las dificultades, la confusión o el sufrimiento, recordemos que nuestra fortaleza no nace de tener una vida sin problemas, sino de saber que nunca enfrentamos solos nuestras tempestades. Con los ojos puestos al frente y sin dejarnos dominar por el temor, podremos seguir caminando”.




