¿Oasis?
EN ESTE “idílico” rincón del mapa llamado Aguascalientes, la realidad siempre ha tenido la delicadeza de someterse al discurso oficial.
AQUÍ NO hay delincuencia organizada, dicen en el discurso oficial, lo que hay, si acaso, es una sobrepoblación de creativos de la actuación. Vivimos en una “bendita” burbuja donde los males del país se detienen respetuosamente en la raya estatal, pidiéndole “permiso” al arco de acceso antes de atreverse a empañar nuestra impecable paz estadística.
PARA MUESTRA, el “gran triunfo” institucional. Las autoridades se ufanan a los cuatro vientos de haber “abatido” y extirpado de raíz ese cáncer llamado cobro de derecho de piso gracias a aquel célebre y muy fotografiado operativo en el Centro Comercial Agropecuario.
DE ACUERDO con el libreto de la burocracia, bastó con desarticular la amenaza en ese bastión comercial para que, por arte de magia y decreto, todo el territorio aguascalentense quedara automáticamente inmunizado contra cualquier intento de extorsión.
EL DETALLE, dijera el inolvidable “Cantinflas”, es que la geografía del estado no se termina en las avenidas que circundan al Agropecuario, fuera de ese perímetro blindado y triunfal, la voz de los empresarios y comerciantes suena con una tonalidad trágicamente distinta.
ESE GREMIO sostiene que el cáncer no se extinguió, simplemente mudó de dirección. A los mostradores fuera del feudo agropecuario sí les llega la amenaza, sí les llega el cobro y sí les llega la zozobra, pero contra el pronóstico de quienes preferirían que guardaran un decoroso silencio para no arruinar la postal, los comerciantes advierten con firmeza que no se van a dejar ni van a entregar el fruto de su trabajo a la delincuencia.
CUANDO LA realidad decide asomarse por la cortina de un negocio local y la extorsión resulta inocultable, las voces bienpensantes del protocolo salen de inmediato a aclararnos, con una sonrisa tranquilizadora, que no nos confundamos: no es crimen organizado, ¡por favor!, son únicamente “vivales”, meros aficionados al teatro de la intimidación, gente desempleada con mucha imaginación que se ostenta como lo que no es.
UNA DISTINCIÓN que sin duda, debe llenar de alivio e inmensa paz al comerciante al momento de desembolsar la cuota bajo amenaza.
LA VIDA empresarial en la entidad es amagada por niveles de sofisticación dignos de una novela de espionaje, para defenderse de estos “simples bromistas”, los dueños de negocios, restaurantes y comercios han tenido que implementar contraseñas secretas que cambian cada semana.
SI PARECE un capítulo de novela de espionaje en donde la escena ocurre cuando el empleado le pase la llamada al patrón o reciba a un proveedor, hay que recitar el santo y seña del día, no vaya a ser que el “vival” de turno esté simulando un secuestro.
EN LUGAR de estar pensando en innovación o cadenas de valor, las MiPyMEs están más ocupadas jugando al Agente 007 para evitar que les vacíen las cuentas.
A LOS empresarios se les pide amablemente mantener la “cabeza fría” y no entrar en pánico para no alterar las métricas. Lástima que la cabeza fría no pague las cuentas ni detenga las amenazas cuando el teléfono suena a mitad de la jornada. Pero mientras las autoridades sigan empeñadas en celebrar que el tumor del Agropecuario se erradicó por completo, a los comerciantes del resto de la ciudad no les queda más opción que seguir memorizando la clave secreta de la semana… tan solo para tener el altísimo privilegio de subir la cortina. (BDR).
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