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¿A Quien le Importa?

ES EL título de una canción ochentera de Alaska y Dinarama interpretaba en donde cuestionaba que cada quien viste y hace con su vida lo que le plazca, aunque lo señalen con el dedo, porque a la persona le importa un bledo… y eso es verdad.

POR ESO raya en lo absurdo y risible que a estas alturas haya quien pretenda “exhibir” a una persona por su orientación sexual.

¿EN SERIO importa lo que se haga o deje de hacer en su intimidad?, eso es algo deleznable, ruin, de lo más bajo, y más, porque esto se da en el preámbulo de las elecciones del 2027.

EL TEATRO de lo absurdo, donde la plataforma política ha sido sustituida por el cotilleo de lavadero,

parece que los estrategas de campaña han decidido que el mejor indicador para medir los perfiles no se encuentra en la capacidad que tengan o en que la ciudadanía los prefiera, sino en las sábanas.

INTENTAR DESACREDITAR a alguien por su orientación sexual, como si la capacidad para pavimentar una calle o gestionar la deuda pública dependiera directamente de hacia dónde apunta la brújula del deseo.

SEGÚN ESTA lógica que parece de cavernícolas, el talento administrativo es una secreción exclusiva de la heterosexualidad militante.

HABLEMOS DE legados, ya que a estos críticos les gusta tanto la “historia”.

POR UN lado, tenemos a Alan Turing, el hombre que no sólo descifró la máquina Enigma de los nazis, ahorrándole al mundo años de guerra y millones de cadáveres, sino que sentó las bases de la inteligencia artificial. Era homosexual, y mientras su cerebro ganaba guerras, la sociedad de su época, tan corta de vista como nuestros actuales opinólogos, se obsesionaba con su vida privada.

POR EL otro, si buscamos ejemplos de “rectitud” heterosexual, tenemos a personajes como Heinrich Himmler, un hombre de familia tradicional, devoto promotor de la estirpe aria y, casualmente, uno de los arquitectos del holocausto o un Stalin, que entre purga y purga, mantenía el orden patriarcal mientras enviaba a millones al Gulag.

QUEDA DEMOSTRADO que ser heterosexual no te quita lo psicópata, ni ser gay te impide ser un genio que cambie el rumbo de la humanidad.

PERO LO más hilarante, lo que raya en la comedia surrealista, es la postura de la ultraderecha. Esos guardianes de la “reserva moral” que se persignan ante la sola mención de la diversidad, mientras muchos de sus cuadros más cercanos viven en un clóset de cristal tan evidente que hasta las piedras lo notan.

ES UNA utopía creer que en sus filas, entre tanto fervor autoritario y culto al color azul, no hay una procesión de homosexuales intentando pasar desapercibidos bajo el disfraz de heteros.

RESULTA PATÉTICO que en pleno siglo XXI la gran “bomba” mediática sea el dormitorio de un aspirante. Es la confesión definitiva de una clase política intelectualmente quebrada, como no tienen ideas para el futuro, hurgan en el pasado y en la intimidad.

ANTE TANTA pregunta insidiosa y tanto dedo acusador que busca la “tacha moral”, sólo queda recordar al más grande, al genio llamado Juan Gabriel, que con una sola frase dejó en ridículo a todos los inquisidores de la prensa y la política: “Dicen que lo que se ve, no se pregunta”.

ASÍ QUE, señores candidatos de la “rectitud”, sigan preguntando mandando personeros, sigan escarbando bajo el colchón, que mientras ustedes se ahogan en su propia homofobia a corta distancia, sobre sí mismos, queda claro lo dicho por el Divo de Juárez. (BDR)