
Ya se percibe en el ambiente, y no es precisamente la brisa de las vacaciones
Cada año…
ES LO MISMO: los padres de familia enfrentan la dificultad de cubrir cientos o miles de pesos, —según el número de hijos en edad escolar, para surtir las listas de útiles que las escuelas entregan para el próximo ciclo. A ello se suma la compra de uniformes, tanto de gala como deportivos, además de zapatos y tenis.
ESTE VIACRUCIS ya se percibe en el ambiente, y no es precisamente la brisa de las vacaciones, sino el suspiro de angustia de miles de padres que han comenzado formalmente las compras de regreso a clases.
LA CARTERA tiembla, y no es para menos: adquirir útiles, uniformes y calzado se ha convertido en una carrera de obstáculos donde el principal enemigo es la inflación y, en ocasiones, la falta de escrúpulos de algunas instituciones educativas.
EL NEGOCIO redondo de ciertas escuelas ha transformado lo que antes era una elección de libre mercado en una imposición disfrazada de “identidad institucional”.
YA NO BASTA con buscar el blanco más blanco o la tela más resistente en las tiendas del centro; ahora, muchas escuelas –especialmente particulares, pero también algunas públicas con sus respectivos “comités”– cuentan con tiendas específicas o convenios exclusivos.
NO SON cientos, son miles de pesos los que se deben desembolsar por cada hijo. Entre listas de útiles que parecen pedir materiales de sobra y uniformes de gala, deportivos y de diario, el presupuesto familiar se pulveriza. Si a eso se agregan los zapatos –porque los niños crecen cada ciclo– y las cuotas dizque “voluntarias”, el panorama resulta desolador para quienes viven con salario mínimo.
EL INGENIO se pone a prueba: heredar uniformes del hermano mayor, remendar la mochila del año pasado y buscar las ofertas de “último minuto” que nunca son tan ofertas. El regreso a clases es, sin duda, la segunda cuesta de enero, pero en plena canícula de julio.
AL FINAL, el ciclo se repite: padres endeudados y escuelas haciendo negocio a costa de la educación, mientras persiste el rezago de alumnos que aún no logran ponerse al corriente tras la pandemia.



