Vuelve a Culpar a “Modas e Ideologías”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez
“La sociedad está enferma, los valores se han perdido dando paso a modas e ideologías donde se ve a Dios como algo abstracto o de plano como que no existe, cuando es quien dio la salvación al mundo y siempre tiene los brazos abiertos para aquellos que ponen su vida en él, porque cuando se confía plenamente en el Jesús, por añadidura él siempre responde”, fueron las palabras medulares de la homilía del obispo Juan Espinoza Jiménez.
“La sociedad atraviesa un momento de profunda desorientación espiritual y moral debido a que muchas personas han dejado de tener a Dios como punto de referencia en su vida cotidiana, cuando se pierde esa orientación fundamental también se debilita la capacidad de reconocer el bien, tomar decisiones correctas y construir relaciones más sanas dentro de la familia y la comunidad”.
El purpurado sostuvo que la pérdida de Dios como centro de la vida no sólo afecta la dimensión personal de cada creyente, sino que también tiene consecuencias visibles en la manera en que se organiza la sociedad: “Las personas pueden quedar expuestas a criterios cambiantes, modas pasajeras o ideas que confunden la libertad con la ausencia de límites y responsabilidades”.
Al dirigirse a la feligresía, el prelado señaló que “hombres y mujeres viven confundidos cuando se apartan de la fe y pierden la capacidad de distinguir con claridad entre lo correcto y lo incorrecto, la palabra de Dios continúa siendo una guía vigente para todas las personas, incluidos los jóvenes, quienes también pueden encontrar en ella respuestas para orientar sus decisiones, fortalecer su conciencia y enfrentar los desafíos propios de su tiempo”.
En el mensaje del obispo, la fe no debe entenderse como una realidad aislada de la vida diaria, “sino como una luz que ayuda a interpretar los acontecimientos, valorar las acciones y orientar el comportamiento humano, la relación con Dios permite recuperar el sentido de la existencia y ofrece una base firme para actuar con responsabilidad, honestidad y respeto hacia los demás”.
Leer la Biblia nutre el espíritu y es tan necesario como el alimento para el cuerpo, “las Sagradas Escrituras no son un libro pasado de moda y se trata de la Palabra de Dios, capaz de iluminar la vida personal, familiar y social, así como el cuerpo necesita alimento para sostenerse, el alma también requiere ser fortalecida con una palabra que dé sentido, consuelo, esperanza y dirección”.
La Biblia, reiteró, no pertenece únicamente al pasado ni debe verse como un texto distante de los problemas actuales, por el contrario, “mantiene vigencia porque habla al corazón humano, ayuda a discernir entre el bien y el mal y da las herramientas para vivir con mayor rectitud. Los jóvenes pueden encontrar en ella una orientación valiosa frente a las presiones sociales, los cambios culturales y las decisiones que marcan su proyecto de vida”.
El obispo también hizo referencia a la pérdida de valores morales en la actualidad, al considerar que la moral ha sido desdibujada por tendencias y comportamientos que, aunque puedan presentarse como modernos o aceptados por el mundo, no necesariamente conducen al bien, “en la necesidad de recuperar una luz sólida que ayude a la sociedad a regresar a lo que está bien y a reconocer que no todo aquello que se normaliza o se vuelve popular contribuye verdaderamente al desarrollo humano”.
El prelado llamó a no relativizar los principios morales ni a dejar que las decisiones se definan únicamente por la opinión dominante. Una sociedad necesita bases firmes para distinguir aquello que edifica de aquello que daña, especialmente cuando se trata de la dignidad de las personas, la unidad de las familias y la convivencia comunitaria.
“Lo que está mal, aunque esté de moda, siempre va a estar mal; y lo que está bien, aunque parezca pasado de moda, siempre va a estar bien”.
El llamado del obispo fue también una invitación a revisar la vida personal y comunitaria, para reconocer en qué aspectos se ha perdido el rumbo y qué decisiones deben corregirse. Recuperar la moralidad no significa vivir anclados en el pasado, sino volver a aquello que permite construir personas más íntegras, familias más fuertes y una sociedad más justa.
Volver a la moralidad permitiría “recomponer muchas realidades deterioradas en las personas, las familias y la sociedad, el camino es el regreso a Dios, la lectura constante de la Biblia y la práctica de valores firmes pueden convertirse en un camino para recuperar el rumbo, fortalecer la convivencia social y responder con mayor claridad a los desafíos del presente”.







