Ad 22
Imagen relativa a la nota.

Varias arterias fueron cerradas al quedar inundadas

Errores de Siempre

CADA AÑO pasa lo mismo: llueve, la ciudad se inunda, las familias pierden muebles, autos y tranquilidad, y al día siguiente comienza el desfile de excusas. Que fue una lluvia atípica, que cayó demasiada agua en poco tiempo, que el drenaje colapsó, que la basura tapó las alcantarillas. Cambian las palabras, pero no cambia el fondo: nadie aprende.

LAS AUTORIDADES reaccionan como si cada temporal fuera una sorpresa, cuando en realidad se trata de una historia repetida hasta el cansancio. Año con año aparecen las mismas colonias anegadas, los mismos pasos a desnivel convertidos en trampas mortales, las mismas vialidades colapsadas y las mismas promesas de que ahora sí habrá obras, limpieza preventiva y mejor planeación. Pero pasa la emergencia, baja el agua, llegan las fotos oficiales, se reparten culpas y todo vuelve a la normalidad… hasta la siguiente lluvia. La prevención sigue siendo el gran ausente.

Y SÍ, EL gobierno tiene una responsabilidad enorme. No se puede hablar de fenómenos naturales cuando los daños se agravan por la negligencia humana: drenajes sin mantenimiento, crecimiento urbano sin orden, permisos donde no se debió construir, desazolve tardío y una capacidad de respuesta que casi siempre llega cuando el problema ya rebasó a todos. Lo preocupante es que la autoridad parece haberse acostumbrado a administrar la emergencia en lugar de evitarla. Sale más rentable políticamente aparecer con botas en el agua que hacer el trabajo silencioso de prevenir meses antes.

PERO SERÍA cómodo cargar toda la culpa al gobierno y absolver a la sociedad. Los ciudadanos también repiten conductas irresponsables, como ya lo habíamos dicho en este espacio recientemente.

SE TIRA basura en la calle, se tapan coladeras con desechos, se invade el espacio público, se construye sin respetar cauces ni restricciones y luego viene la indignación cuando el agua reclama el terreno que nunca debió ocuparse. Cada temporada de lluvias deja la misma escena: bolsas, botellas, muebles y escombro flotando por avenidas y arroyos. Después todos preguntan por qué se inundó.

ESTO QUE se repite cada año habla de que hay una cadena completa de irresponsabilidades. Autoridades que no planean, no vigilan y no corrigen; ciudadanos que ensucian, invaden y tampoco previenen. Unos y otros actúan como si el problema fuera culpa exclusiva del vecino. Y mientras tanto, quienes pagan el costo son las familias que ven meterse el agua a sus casas, los comercios que pierden mercancía y la población que vive con la certeza de que, cuando vuelva a llover fuerte, volverá el mismo desastre.

YA NO ALCANZA con culpar al clima. Ese argumento sirve para esconder incompetencias y también para maquillar conductas sociales que empeoran todo. Si cada año ocurre lo mismo, entonces ya no estamos ante una emergencia inesperada, sino frente a un problema conocido que nadie quiere resolver de fondo. La lluvia exhibe lo que somos cuando se trata de prevenir: una autoridad improvisada y una ciudadanía indisciplinada. (BDR).