
Juan Antonio Martín del Campo
Payaso de Rodeo
EN LA POLÍTICA mexicana, la decadencia suele tener formas predecibles. Algunas figuras se retiran con decoro, otras se refugian en el clientelismo silencioso, pero hay quienes deciden prolongar su agonía protagonizando el ridículo más estrepitoso.
ES EL CASO de Juan Antonio Martín del Campo, quien en un intento desesperado por forzar su camino hacia la candidatura del PAN a la gubernatura, ha decidido colgarse la máscara de “influencer” de ocasión, convirtiéndose, con todas sus letras, en un auténtico payaso de rodeo, como dice la canción.
SU DESESPERACIÓN es tan evidente como patética. Martín del Campo sabe bien que su historial político está marcado por el estigma de haber sido desplazado en dos ocasiones anteriores, viéndose obligado a hacerse a un lado para que otros ocuparan la silla que él tanto ha codiciado. Ese pasado de “eterno segundón” es el motor de su nueva y ridícula estrategia digital.
PARA MUESTRA, basta ver lo que hizo con IA en una lamentable incursión en una cancha de futbol, donde apareció portando la camiseta de la Selección Nacional, acompañado de Paulo Martínez López, ese diputado federal que se ha caracterizado por ser un político exageradamente gris, alguien cuyo paso por la función pública ha sido tan soso que resulta imposible recordar un solo resultado tangible de su gestión.
PAULO HA tenido su máxima hazaña como presidente estatal del PAN. Ahí estaban ambos, posando como si fueran superjugadores, en una puesta en escena diseñada exclusivamente para el consumo de sus redes sociales.
¿A QUIÉN quieren engañar?, ese despliegue no tiene como objetivo conectar con el deporte o la ciudadanía, sino alimentar un ego necesitado de validación ante el electorado.
ES LA BANALIZACIÓN total de la función pública: sustituir el debate legislativo y la gestión de soluciones por una “cascarita” montada, donde el único beneficio buscado es el propio, el de su imagen, mientras los problemas reales de Aguascalientes siguen en la banca.
MARTIN DEL Campo cree que, con un par de filtros, puede conectar con una ciudadanía que no le compra sus desplantes ni olvida sus cuentas pendientes.
LA GENTE tiene presente el rastro de opacidad que acompaña su trayectoria. ¿Cómo pretende convencer al electorado de que es la opción ideal, cuando su carrera ha estado salpicada por el escándalo de su “hermano incómodo”, figura recurrente en las crónicas de los negocios familiares que nunca terminan de aclararse?
EL SELLO de su gestión, ese que durante décadas ha sido cuestionado, huele a gasolina y a profundidad; literalmente. Los señalamientos sobre la propiedad de gasolineras y el turbio manejo en la concesión y explotación de pozos de agua no se lavan con un post.
SU INCURSIÓN en las redes no es, ni de lejos, una búsqueda de conexión real, es una maniobra de supervivencia política nacida del despecho. Es el grito de auxilio de alguien que siente que la gubernatura se le escapa entre los dedos por tercera vez y que, ante la falta de resultados legítimos y transparencia, no le queda más remedio que recurrir al espectáculo barato.
SUS DISCURSOS de “entreguismo” hacia Estados Unidos y los viajes pagados por “terceros” para ¿hacer qué?, según promocionar el estado y el país cuando su lugar está en la curul del senado.
JUAN ANTONIO, el dice que “Toño” pa’ los cuates, confunde la mercadotecnia de plataforma con la autoridad moral. Lo que él ve como una estrategia de “modernización” para hacerse de la candidatura, la ciudadanía lo percibe como lo que realmente es: un insulto a la inteligencia y la prueba de que su proyecto político se sostiene sobre el vacío.
AL FINAL del día, una de las frases favoritas del flamante senador que prefiere viajar de gorra, no importa cuántos likes consiga en sus parodias de activismo digital; los pozos de agua, los negocios de sus allegados y el peso de su pasado siguen ahí, inamovibles.
EL PAYASO de rodeo podrá bailar y hacer muecas ante la cámara tratando de venderse como la opción de cambio, pero en la realidad, el circo se le ha venido abajo hace mucho tiempo. La gente sabe quién es, de dónde viene y, sobre todo, que esta nueva faceta no es más que la desesperación por una ambición de ser gobernador que ya ha perdido todo contacto con la dignidad. (BDR).