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Claudia Sheinbaum Pardo

La Jerarquía

EN LA COREOGRAFÍA del poder, no existen las preguntas “inocentes”. Mucho menos cuando el escenario es Aguascalientes, un bastión blanquiazul donde las formas suelen ser el último refugio de la resistencia política y se recurre a la información disruptiva.

AYER, EN la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a la clínica de hemodiálisis del IMSS, un dardo lanzado desde el gremio periodístico pretendió alterar la jerarquía del momento: “Gobernadora, ¿cómo se siente de estar junto a la presidenta?”

LA PREGUNTA, que en cualquier otro contexto parecería una cortesía de protocolo y del calibre que hacen los reporteros de la fuente de espectáculos, que van más como fans que como profesionales de la información y por el nerviosismo de estar frente a un artista, el que sea, en un papel que los coloca como alguien a quien la estrella del “show bussiness” tengan que aguantar preguntas como el “¿cómo te sientes?”, en esta ocasión la lectura es diferente, llevaba implícita una trampa de brillo.

ERA LA invitación perfecta para que la mandataria estatal desplegara el discurso de la hospitalidad y, quizá, le robara un par de rayos al sol que ayer brillaba a favor de la Federación.

PERO LA respuesta no vino de quien fue aludida, sino de quien ostenta el mando supremo.

CON LA elegancia que sólo da la seguridad del cargo y el tacto fino de quien sabe que no necesita alzar la voz para mandar, Claudia Sheinbaum detuvo el reloj de un tajo.

UN SECO y definitivo “gracias”, pronunciado con la calidez de una dama, pero con la firmeza de la comandante suprema de las Fuerzas Armadas, fue suficiente para anular la respuesta de la gobernadora.

BAJO LA lente de Epigmenio Ibarra, quien documentaba cada centímetro de la jornada mientras algunos reporteros, en un penoso desplante de “fandom”, buscaban su aprobación en una selfie, quedó registrado ese instante.

SHEINBAUM NO permitió que el evento se convirtiera en una plataforma de lucimiento local en un estado de oposición. Fue un recordatorio sutil de que la investidura presidencial no se comparte ni se somete a las dinámicas de la cortesía provinciana.

LO QUE incomodó a los puristas del regionalismo fue ver cómo esa gente, poca, pero orgánica, que llegó por su pie y sin el empujón del acarreo, vitoreaba a la presidenta con un fervor que desentona con el color del mapa político local. El “¡Es un honor estar con Claudia hoy!” retumbó en la calle.

NADA DE ostentaciones, nada de “operativos policiacos extremos” como pasó con la visita de Isabel Díaz Ayuso… no había nada que reclamar, nadie a quien “proteger” de la indignación de la gente ni con quien quedar bien.

MIENTRAS FIGURAS como el alcalde de Jesús María se “colaban” para entregar oficios sobre temas que ya estaban en la agenda nacional, la presidenta marcaba el territorio.

EL “CORTE de seda” de Sheinbaum no fue un desplante de mala educación, sino un acto de autoridad refinada: la confirmación de que ella no vino a Aguascalientes a ser invitada, sino a ejercer, de cuerpo entero, el poder que el pueblo le confirió. (BDR).