“Como Comunidad Debemos ser Sensibles al Sufrimiento de los Demás”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez
El obispo Juan Espinoza Jiménez dedicó su homilía dominical a hablar sobre la misericordia, algo que Jesús dejó instituido desde el momento en que resucitó y acudió con los apóstoles a mostrarles la manera en que deberían continuar trabajando con aquellos que eran los más pobres, los olvidados, los que nadie tomaba en cuenta.
“Pero también en las primeras comunidades cristianas no faltaba nada, tampoco sobraba, eran pocos y compartían y perseveraban no sólo en las enseñanzas de los discípulos de Jesús, también aprendieron que si compartían entre todos podrían estar incluso un poco mejor que si cada quien se valía por sí mismo”.
Cristo ofrece paz y cuando llega con los discípulos “muestra sus llagas, que no desaparecen, sino que se convierten en un signo de amor. En ellas contemplamos el precio de la redención, fuente de misericordia porque de él brotó agua y sangre, que simbolizan el bautismo y la eucaristía. Jesús no les reprocha su miedo, no los abandona, les ofrece paz y una comunidad en donde haya espíritu de misión como instrumentos de perdón.
“Los pecados, cuando se confiesan, quedarán perdonados y la Iglesia nace de esa comunidad de misericordia en donde hay certezas de la vida de Jesús y de su infinita paciencia porque siempre sale al encuentro de quien lo acepta”.
Por eso la misericordia es tan importante, porque debe nacer del corazón y “no se impone, no humilla, no rechaza; sino que acompaña, espera y transforma: Bienaventurados los que creen sin haber visto”.
Todo esto aterrizado en la realidad de nuestros días, la misericordia como realidad concreta significa “romper la indiferencia hacia el dolor ajeno, la pobreza, la enfermedad, la violencia, la soledad en la que viven personas mayores, ancianitas que están solitas en sus casas porque fueron abandonadas por sus hijos y nietos. Como comunidad debemos ser sensibles al sufrimiento de los demás y acompañar a la persona que está sufriendo, que es pobre, que tiene una pena muy grande. Cuando sentimos un impulso en el corazón es misericordia y nosotros debemos estar ahí y no caer en la indiferencia”.
Hay que aprender a perdonar en nuestras familias, comunidades y sociedad en general porque “hay muchas heridas profundas y no es debilidad, es la fuerza de quien decide amar incluso si ha sido herido por la familia. Los rencores, odios, corajes a veces nos ciegan y nos dejamos de hablar porque nos quitaron una parte de la herencia o somos hirientes.
“Eso no debe ser, hay que seguirnos hablando, frecuentando porque desde casa aprendemos lo que es el perdón y a no guardar rencor. Debemos compartir como comunidad cristiana, primero para nosotros mismos en las necesidades de nuestro alrededor y luego por el bien de los demás y se puede empezar por nuestra familia. Papá y mamá deben ver las necesidades de sus hijos, sean generosos, misericordiosos con las familias como el primo, tío, abuela… acérquense a ellos, ayúdenles con su presencia y visítenlos”.
La misericordia significa acercarnos a Cristo y no es verdadera cuando no se ha experimentado el perdón, amor y cuidado; muy difícilmente se pensará en ayudar a otros, aseveró.
Las Obras del Obispo José María
Juan Espinoza Jiménez habló de las tres obras que comenzó su antecesor José María de la Torre Martín: “Son tres y son muestra de misericordia. La primera es la Fazenda de la Esperanza que está en Rincón de Romos y que se comenzó a proyectar desde 2016, que fue un año en el que el Papa Francisco invitó a que fuera especial para las obras de misericordia y monseñor Chema pensó en tres y esta en donde los jóvenes que viven presa de las adicciones y que tienen situación de tener un refugio, un lugar para su recuperación, ahí se hizo y pueden estar por tres, seis meses y hasta un año, tiempo en el que reciben ayuda para su recuperación y que cambien las adicciones por hábitos buenos”.
La segunda es Casa Oasis en donde se reciben “a enfermitos más pobres y que están en etapa terminal de alguna enfermedad y no saldrán más que en una caja porque están en la etapa final de su vida. Hay mucha gente que muere solita, pareciera irreal, pero hay mucha gente muy pobre en Aguascalientes y que está en etapa terminal y nadie los cuida.
Oasis es un lugar donde se reciben a los enfermitos más pobres y es una casa muy bonita. Está cerca del CRIT, atrás del Hospital Hidalgo, se entra por la calle Heroico Colegio Militar y es un oasis en medio de la ciudad y se atiende a enfermitos muy pobres. Se edificó con aportaciones de un grupo de empresarios católicos, autoridades civiles y de la Iglesia”.
La tercera obra es la construcción de la Casa Sacerdotal que es para los presbíteros que ya están “ancianitos y enfermos, debemos tener un lugar y donde vivieran dignamente sus últimos tiempos de vida. Estas son obras concretas de misericordia y que las hacemos como Iglesia”.
El purpurado invitó a los fieles a que se pregunten de forma concreta dónde están cuando saben que hay gente que pasa por algún problema fuerte, que vive en situación de miseria, de enfermedad “y a veces nos cerramos el corazón, cuando Cristo nos da la vida y la sigue dando atravesando puertas cerradas y regalando paz. Ahora nos toca salir, abrir el corazón, compartir y servir a quienes lo necesitan”.