El Obispo Juan Espinoza Revira a Denisse Dresser:

Por Benny Díaz

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Juan Espinoza Jiménez

En clara respuesta a Denisse Dresser, quien el pasado 10 de marzo visitó Aguascalientes y defendió al aborto legal al señalar que “no que traten de imponer su creencia con aquellas que son ateas o que profesan otra religión, porque no es algo de ética, es de políticas públicas y de salud”, el obispo Juan Espinoza Jiménez señaló en su homilía dominical que “la defensa de la vida no es una cuestión religiosa, es también una exigencia profundamente humana y ética”.

Explicó que “la Iglesia ha proclamado constantemente el valor sagrado de la vida humana, que es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia, y el aborto querido como un 􀂿n o como un medio constituye siempre un desorden moral grave en cuanto a la eliminación deliberada de un ser humano y es que la vida es un don de Dios que nadie puede ser tan arrogante como para adjudicarse el derecho de eliminar la humanidad.

Quien lo hace, pierde su rumbo, y no es producto de la voluntad ni del consenso social, sino un don recibido que debe ser custodiado con reverencia desde el primer instante”.

Cuando la vida comienza es frágil y, si deja de ser protegida, “toda la estructura ética de la sociedad comienza a resquebrajarse. Como Iglesia tenemos la responsabilidad de expresar con respeto y claridad ante la sociedad la visión humana y cristiana de la vida. La defensa de la vida no es una imposición religiosa, es una exigencia profundamente humana y ética”.

“La vida es un valor fundamental inherente del ser humano, el cual sostiene y cimienta los demás valores. Una sociedad justa se reconoce por su capacidad de proteger a los  más débiles, y el más débil e indefenso es precisamente el niño por nacer”.

Al mismo tiempo, la Iglesia no ignora las situaciones dramáticas que muchas mujeres enfrentan, “como la pobreza, violencia o soledad. Frente a esa realidad, la respuesta no puede ser eliminar una vida, sino multiplicar la solidaridad, el acompañamiento y el apoyo social. Una sociedad verdaderamente humana no abandona a la madre, crea las condiciones para que ambos sean acompañados, y esa mujer pueda sostener a su familia y promover políticas públicas que favorezcan la vida”.

En este año que la Diócesis vive el año pastoral del encuentro con Cristo y “encontrarse verdaderamente con Cristo transforma necesariamente nuestra manera de mirar la  vida. Quien se encuentra con Cristo descubre que cada persona es un hermano o hermana, un hijo amado de Dios. Genera una auténtica cultura de la vida en la cual cada existencia es valorada. Por eso nuestras parroquias están llamadas a ser cada vez más lugares que protejan a mujeres embarazadas y comunidades que acompañen a las familias, espacios donde la vida sea defendida y protegida”.

Resaltó que hay que dejar la indiferencia y salir de la resignación ante la pérdida del sentido como Iglesia, y “hacemos un llamado respetuoso a todos los 􀂿eles de buena voluntad y a quienes tienen la responsabilidad de legislar para que juntos cuidemos el don precioso de la vida humana.

Tengamos presente que una sociedad que protege la vida desde su concepción construye un cambio, y como Iglesia rea􀂿rmamos nuestro compromiso porque estamos convencidos de que sólo así nuestra sociedad podrá caminar hacia una verdadera civilización”.