Por Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez

Imagen relativa a la nota.

Adrián Gerardo Rodríguez Sánchez

EL 21 DE abril de 1914 la armada norteamericana ocupó el puerto de Veracruz. El Presidente Woodrow Wilson buscaba ejercer su influencia sobre los acontecimientos de la guerra civil que asolaba gran parte del territorio mexicano en aquel momento. La razón, o mejor dicho “el pretexto”, fue la detención de marinos en Tamaulipas por parte del gobierno de México por un incidente menor, pero también para cuidar los intereses de las compañías petroleras del país vecino.

LA RESPUESTA a la invasión de Veracruz resultó masiva de parte de diversos sectores de la sociedad mexicana. En repositorios de documentos históricos disponibles en internet es posible encontrar cartas, telegramas, partes de guerra, fotografías, que dan cuenta de la condena de la invasión y las muestras de apoyo que recibió en aquel momento el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, por parte de civiles, autoridades políticas y militares revolucionarios.

LOS MARINOS norteamericanos permanecieron varios meses, sin proseguir su camino, en el puerto veracruzano. Sin embargo, aquel es un ejemplo más de la consuetudinaria actitud imperialista de los gobiernos de Estados Unidos de América. Sus intervenciones en la política interna de México y en toda la región, tiene una larga historia. Los métodos y la tecnología han variado, se han hecho quizá más sofisticados, pero los objetivos siguen siendo exactamente los mismos: mantener bajo su control a las naciones y países para administrar sus recursos naturales.

TALES SON los objetivos del gobierno de Donald Trump al llevar a cabo el secuestro del Presidente venezolano Nicolás Maduro y ponerlo ante los tribunales de su propio país. Lo que sorprende es, por un lado, la forma abierta con la que Trump se expresa. Alude a la Doctrina Monroe del siglo XIX y afirma que ahora él administrará Venezuela.

POR OTRO lado, lo preocupante es “el pretexto” de la agresión militar. Se afirma que el gobierno venezolano es una “Narco-Tiranía”, la misma idea que el sector conservador ha esgrimido contra el gobierno del Expresidente Andrés Manuel López Obrador y de la actual Presidenta Claudia Sheinbaum. Es la misma idea que ha sugerido Trump cuando habla de que “algo se tiene que hacer con los cárteles mexicanos”.

ANTE ESTA situación, México no puede esperar. La condena categórica, el ampararse ante la ONU (que ha mostrado su ineptitud ante la masacre del pueblo palestino) y otros posicionamientos similares, no son suficientes. Es urgente tomar medidas ejecutivas, legislativas y judiciales ante el gobierno de EUA, así como necesario, mandar un mensaje contundente para reforzar la convicción colectiva de que la paz es el camino, y que el respeto a las soberanías es un acto humanista primordial.