“Al que hay que Seguir es a Cristo”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez
“Ni Mahoma ni Buda son Dios, aquel que se reveló y se hizo hombre para venir al mundo como salvador de la humanidad es Jesús. El misterio de la Santísima Trinidad es lo que nos hace católicos porque nos fue revelado cómo es que el Creador mandó a su hijo como cordero para dejarse sacrificar al crucificarlo, cargar sobre su espalda todos los pecados y sufrimiento de la humanidad, para al morir dar la salvación”, dijo en su homilía dominical el obispo Juan Espinoza Jiménez.
Por eso el purpurado hizo un llamado a los feligreses a que no se equivoquen y que es importante diferenciar a quien ha que adorar y es: a Dios en sus tres divinas personas, “veo que llegan a Catedral algunas personas y tenemos la capilla del Santísimo al lado derecho, pero son muy pocas las que entran, el resto dan vuelta viendo a los santitos, sí hay que arrodillarse ante ellos, pero al que hay que seguir es a Cristo que es el que vino a mostrar a todos lo que es la virtud, pobreza, amor y caridad. Es el rey de reyes”.
El purpurado dijo que no sólo basta con acudir a misa, hay que tener un encuentro con Jesús que es Dios de amor, perdón y misericordia, siervo del Padre “y luz de las naciones, obediente a la voluntad para ser palabra eterna que se convirtió en hombre y al mismo tiempo en el cordero que quita el pecado del mundo, es el eterno, el que existe siempre, el ungido por el Espíritu Santo”.
También recordó que en “todas las religiones, los sacerdotes hacen sacrificios para agradar a Dios, pero en el que creemos es él el que se sacrificó para darle a la humanidad la oportunidad de salvarse y ese es el gran misterio de la Trinidad”.
Por eso los católicos “no debemos olvidar que es la luz que vino a iluminar la vida de toda la humanidad y que nos muestra cómo vivir, qué hacer y cómo actuar, es Jesús la luz de todos los pueblos”.
El obispo mencionó que por eso los que creen en Jesús deben ser capaces de seguirlo y dejarse guiar por esa luz, no sólo decir que lo aman, hay que dar testimonio claro y también entregarle tiempo y no sólo acordarse de él cuando hay una necesidad o algún problema, porque aquél que hace algo por aquel en el que cree va a recibir multiplicado lo que dé.
