“Las Tradiciones no Pueden Destruirse”
Por Benny Díaz

Juan Espinoza Jiménez (Foto: Archivo Página 24)
“Las tradiciones no pueden destruirse, estos días que faltan para la Navidad hay que vivirlos con intensidad, pero hagamos silencio, meditemos y escuchemos la voz de Dios. Tratemos de ser obedientes, porque el nacimiento del Salvador se ha infectado por el dinero y comercio; se hace a un lado la fe y se habla de Santa Claus, desde hace muchos años se hace esto y no, el que trae regalos es el Niño Dios, de eso háblenles a sus hijos, de aquel que hace maravillas, trae paz, alegría y no de ese hombre vestido de rojo”, fue parte de la homilía del obispo Juan Espinoza Jiménez.
El pastor de la Diócesis de Aguascalientes fue claro al decir que “no se puede permitir que las tradiciones, nuestras raíces, sean destruidas. Por eso la importancia de poner el nacimiento en los hogares, las parroquias y las plazas públicas. Somos una comunidad católica y no pueden acabar con tradiciones ancestrales y por eso al colocar el portal y todo lo que representa la llegada de Jesús al mundo, es algo que no se puede romper y también la mejor forma de explicarles a los niños este misterio”.
La piñata también tiene un sentido y representa el pecado, por eso tiene seis picos, es imperfecta y por eso son tan bonitas exteriormente. “Así es el pecado y la tentación, es brillante, el palo con el que se rompe es la gracia y la ayuda de Dios; cuando rompemos con el pecado es porque la victoria del bien vence al mal y la gracia significan los dulces, cacahuates y mandarinas”.
Las pastorelas también cumplen con un sentido evangelizador y por eso los pastores son distraídos por los diablos para que no acudan a ver al niño; siempre “el pecado es atractivo y como sociedad no nos dejemos engañar y menos creer que es más importante dar un regalo material que ofrecer nuestra vida con cariño, respeto y una actitud conciliadora, dar amor y perdón a aquellos que nos han lastimado u ofendido en lugar de algo costoso. No cambiemos el sentido de la Navidad y que la comercialización nos robe el verdadero sentido de la fe”.
En cambio, las posadas han perdido totalmente su sentido, porque se recodaba cómo anduvieron San José y la Virgen en Belén buscando un lugar donde naciera Jesús y en todos los mesones les cerraban la puerta porque no había lugar para ellos, debido a que se encontraban muchos visitantes para empadronarse, y ante el alumbramiento de María se tuvieron que refugiar en un pesebre.
Pero ahora las posadas son todo, menos recordar eso, ahora son bacanales con borracheras y pleitos por rifas de regalos que siempre dejan envidias y rencores entre los que no salen “agraciados”.
