“Por Voltear a Verlo, me Torturó más”

Por Benny Díaz

Fotografía relevante a la nota.

Juan Carlos Zamora Arenas (Foto: Página 24)

Juan Carlos Zamora Arenas es una de las 40 víctimas reconocidas en el informe Hasta Perder el Sentido que emitió la ONU-DH, luego de dos años de investigación en  donde encontraron que sí hubo prácticas de tortura para arrancar confesiones, pero al no ser vinculante, en la Fiscalía General del Estado -luego de dos años de aceptar la recomendación 17VG/2019 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)- prometieron actuar y lo único que han hecho es cerrar los expedientes porque ahora se les “notifica” que como ya fue algo juzgado en 2012, se cierra la “investigación”.

Sí, resulta que a Zamora Arenas le hicieron llegar la dichosa notificación, “que no está firmada por nadie”, en donde anuncian que como en 2012 se abrieron carpetas de dichos hechos, “nos encontramos con que Felipe de Jesús Muñoz Vázquez se autoinvestigó y nos dicen que no se puede juzgar dos veces un delito”.

Juan Carlos Zamora Arenas, al igual que otras víctimas, confía en Página 24, por lo que decidió hacer pública su historia, que es prácticamente igual que la de todos los que sufrieron de ese flagelo, pero ante tal situación jurídica en que los han puesto, esta persona ha decidido hablar y contar su historia.

Honores a la Bandera y Encapuchados

“Fue el 3 de octubre de 2011, fuimos citados a honores a la bandera (en el C4) y luego nos iban a decir dónde íbamos a estar de servicio. Cuando termina la ceremonia el Ejército rodea el lugar, nunca se metieron a las instalaciones, pero sí otros encapuchados con armas cortas y largas. En sus uniformes no llevaban logotipo de ninguna corporación y poco a poco fueron sacando gente (policías municipales) y preguntaban por una persona que le llamaban “El Gato”, de pronto me dicen: ‘vas para arriba’, me esposan y comienzan los golpes y malos tratos”.

El hombre siguió con su relato: “El único que no iba encapuchado era Felipe de Jesús Muñoz Vázquez. Tenía una lista y me preguntó mi nombre, como no estaba, lo puso en ese momento y me dijo que ya estaba en la lista”.

Luego se lo llevaron a la entonces procuraduría “incomunicado durante siete días, en donde me torturaron y luego me llevaron a la casa de arraigo, que fue hasta donde pude ver a mis familiares que andaban buscándome porque no les daban razón de dónde encontrarme”.

Juan Carlos Zamora Arenas era comandante de la delegación San Pablo, en donde estuvo por más de dos años.

Durante los siete días que estuvo en la procuraduría fue torturado con toques eléctricos en los genitales, lo asfixiaron con bolsas de plástico en la cabeza, le dislocaron el brazo y también le lastimaron las piernas: “Fue Juan Carlos Mayoral, un tipo que estaba muy gordo, peinado hacia atrás y llevaba un anillo grande en un dedo; él se daba cuenta de todo y en un momento se dejó caer sobre mis piernas”.

Un día llegó Felipe de Jesús al “gym” y les preguntó a sus verdugos que cómo iban, le dijeron que bien y les ordenó que pararan y continuaran “hasta después de la prensa”.

Lo volvieron a vestir “con ropa quirúrgica” y lo llevaron vendado. Le ordenaron que cuando le quitaran lo que le tapaba los ojos no volteara a verlos porque si lo hacía “no te la vas a acabar”.

Le quitaron la capucha y “volteé, estaba Felipe Muñoz y la respuesta fue: ‘te dije que no voltearas hijo de tu puta madre’ y me soltó una cachetada, luego les ordenó a los encapuchados que ‘a este me lo apartan para al rato’”.

Lo esposaron y le pusieron cadenas en las piernas; lo expusieron ante los reporteros junto a otros más que estaban vestidos igual que él. Después del evento lo torturaron con toques, golpes, asfixia y también le apagaron cigarrillos en todo su cuerpo, provocándole quemaduras.

El Número 7

Lo llevaron ante un ministerio público de nombre Cristian, quien les dijo a sus verdugos que para qué lo llevaban así: “No quiero gente que no firme, chingar a su madre, métanle otra chinga”.

Lo “quebraron” psicológicamente para que firmara una declaración que nunca hizo, porque ni siquiera sabía de qué lo acusaban, pero le dijeron que “si no firmas vamos a matar a tu familia, no sería la primera en Aguascalientes. Sabemos dónde trabaja tu esposa, dónde estudian tus hijos y me decían sus nombres y lugares exactos. También que los tenían secuestrados”.

Fue entonces que aceptó firmar, lo llevaron ante el ministerio público, quien no se quedó con las ganas y también le dio golpes en la cabeza cuando vio que estaba tan “hinchado de las manos por los golpes que no podía ni agarrar la pluma. Me dijo ‘fírmale cabrón’, entonces me llenó de tinta los dedos y puso mis huellas”.

Aseguró que “nunca declaré”, después de eso lo mandaron al Cereso Aguascalientes, en donde lo revisó un médico y vio las lesiones. Como estaba tan mal, lo enviaron al Hospital Hidalgo y de ahí lo mandaron a una prisión federal; fue hasta entonces que le leyeron sus derechos y le informaron que estaba vinculado a proceso por delincuencia organizada.

“Me leyeron mi supuesta declaración en donde había nombres, teléfonos de gente que nunca conocí. Ahí les mostré las lesiones de todo lo que me hicieron, pero me dijeron que era una audiencia de vista. Me mandaron con el médico legista para que checara mis lesiones y ordenan a la procuraduría la investigación por delito de tortura. Curiosamente aparecieron expedientes mágicamente con órdenes de presentación para justificar mi detención, cuando lo hicieron no tenían nada”.

Estuvo siete años privado de su libertad, y como no hubo pruebas de lo que lo acusaron, lo dejaron en libertad, pero antes en Aguascalientes intentaron demostrar su culpabilidad 10 días posteriores a su salida, pero no pudieron y se confirmó su libertad absoluta.

La Jugada “Maestra”

Después de la recomendación de la CNDH y el informe de ONU-DH, surge la Fiscalía Especializada en Delitos de Tortura, y de repente comienzan a mandar notificaciones a las víctimas de que se cierra la investigación porque “al parecer iniciaron una averiguación en 2012 de investigación por tortura. Claro que no se iban a investigar ellos (Felipe de Jesús era el procurador), pero dicen que como en su tiempo no comparecieron ni nuestros abogados ni nosotros como víctimas, se cierra”.

“Están hablando de temporalidad, pero cómo íbamos a asistir las víctimas si estábamos detenidos. A los abogados nunca se les notificó nada, ahora nos salen que por eso cerraron y concluyeron el hecho. No hay acción penal ni de ningún tipo que se pueda hacer porque un delito no se puede juzgar dos veces. Lo raro es que, de toda esta acción, todas las hojas están sin firmar. Ellos formaron el expediente a criterio y están metiendo como causa juzgada la tortura, y nos reiteran que no se puede hacer nada por el mismo delito”.

De esa manera quedan totalmente desprotegidos y Jesús Figueroa, que ya es notario, se zafa del asunto; ahora al frente de la Fiscalía está Juan Antonio Zermeño Romo en lo que se decide si el neofedatario regresa a terminar su periodo o se vuelve a hacer todo el procedimiento para elegir otro fiscal.

“Nuestro futuro es incierto y esta es la justicia de México”, finalizó.