EU, 11-S y sus Guerras Eternas

Por Deisy Francis Mexidor *

Fotografía relevante a la nota.

La administración de George W. Bush fue capaz entonces de captar la rabia y el dolor del pueblo estadounidense para generar una histeria bélica (Foto: Prensa Latina)

Septiembre 11, La Habana, Cuba (Prensa Latina).– Brian Becker estaba en Nueva York, no muy lejos del World Trade Center, cuando los aviones impactaron las dos torres el 11 de septiembre de 2001, que marcó el inicio de la guerra global de Estados Unidos contra el terror, en cuyo nombre invadió y ocupó naciones.

La administración de George W. Bush fue capaz entonces de captar la rabia y el dolor del pueblo estadounidense para generar una histeria bélica, expresó el activista, uno de los organizadores del movimiento contra la guerra en su país, al recodar en entrevista con Prensa Latina aquel “día terrible y trágico”.

El índice de aprobación de Bush llegó a ser del 90 por ciento, ya que el clima político había cambiado drásticamente, dijo Becker, direc­tor de Answer, coalición que nació el 14 de septiembre de 2001, sólo tres días después de los ataques terroristas que conmocionaron al Centro Mundial del Comercio y el Pentágono.

“Varias organizaciones habían estado pla­neando protestas antiglobalización para el 29 de septiembre de 2001, coincidiendo con las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Was­hington, D.C.”, señaló.

Dado el ambiente existente -dijo-, muchas de ellas decidieron retirarse de participar en cualquier manifestación política, pero Answer, integrada por nueve organizaciones de ese movimiento antiglobalización, decidió seguir adelante con una protesta el propio 29 de septiembre con un enfoque diferente.

En lugar del Fondo Monetario Interna­cional, el tema central de la protesta era la oposición a una nueva campaña bélica de Estados Unidos en Medio Oriente.

El 29 de septiembre de 2001, más de 25 mil personas llenaron las calles de Washington, D.C., al grito de “No Justice No Peace, US Out of the Middle East” (Sin justicia no hay paz, Estados Unidos fuera de Oriente Me­dio), y eso inauguró un nuevo movimiento antibélico estadounidense.

En dos años, la Coalición Answer (Act Now to Stop War and End Racism) orga­nizó las mayores demostraciones de masas de la historia de Estados Unidos antes de una guerra declarada, y en oposición a la proyectada invasión de Iraq, y continuó sus actividades durante las últimas dos décadas, afirmó el activista.

Desventura Militar

El presidente Bush expresó a los miembros del Congreso de Estados Unidos en una sesión conjunta el 20 de septiembre de 2001 que la guerra sería global, abierta y podría durar mucho tiempo.

“Nuestra guerra contra el terror comienza con Al Qaeda, pero no termina ahí. No termi­nará hasta que cada grupo terrorista de alcan­ce global haya sido encontrado, detenido y derrotado (…) Los estadounidenses no deben esperar una batalla, sino una larga campaña, como ninguna otra que hayamos visto”.

Dos días antes, la Cámara de Representan­tes votó 420-1 y el Senado 98-0 para autorizar al país que entrara en guerra, no solo en Afganistán, sino en un compromiso abierto contra “los responsables de los recientes ataques lanzados contra Estados Unidos”. La única que se opuso a tamaña beligerancia fue la congresista de California Barbara Lee.

Dos décadas después, el 31 de agosto el actual mandatario en la Casa Blanca, Joe Biden, dio por terminada la “desventura militar estadounidense en Afganistán” y de­fendió la frenética y sangrienta salida con una simple declaración: “No iba a prolongar esta guerra para siempre”, pero el viento bélico continúa, subrayó un artículo del diario The New York Times.

Mientras Biden bajaba el telón de Afga­nistán, la CIA ampliaba silenciosamente una base secreta en las profundidades del Sahara, desde la que realiza vuelos de aviones no tripulados para vigilar a los miembros de Al Qaeda y del Estado Islámico en Libia, así como a los extremistas de Níger, Chad y Malí, comentó.

El Mando Militar de África reanudó los ata­ques con drones contra Al Shabab, un grupo vinculado a Qaeda en Somalia, mientras el Pentágono sopesa la posibilidad de enviar de nuevo a ese país a decenas de instructores de las Fuerzas Especiales para ayudar a las tropas locales a combatir al grupo terrorista.

Incluso en la propia Kabul, un ataque con drones contra supuestos conspiradores del Estado Islámico que tenían como objetivo el aeropuerto, presagiaba un futuro de ope­raciones militares allí.

La embestida, que el Pentágono calificó de “golpe certero” para evitar otro atentado suicida mortal, puso de manifiesto la capa­cidad de Estados Unidos de “sobrepasar el horizonte”, porque en su “caza” de terroristas mató a 10 civiles, siete de ellos niños, las lamentables víctimas colaterales.

Para Becker la respuesta de Estados Unidos nunca debió ser la guerra y consideró que no hay otra forma de describir la conflagración en Afganistán sino como “otra derrota catas­trófica para el Pentágono”.

Según publicaciones de prensa, hacer un balance de esta guerra es difícil porque re­sulta inseparable de las calamidades gemelas de Afganistán e Iraq.

En esos países, Estados Unidos fue más allá de las tácticas de lucha contra el terrorismo para llevar a cabo un proyecto más ambicioso y malogrado de tratar de imponer democra­cias al estilo de Washington.

Tales fracasos quedaron grabados en las vergonzosas imágenes de los prisioneros de Abu Ghraib en Iraq o de los afganos deses­perados que caían desde un avión en el aero­puerto de Kabul durante la caótica retirada.

“Después de 20 años de guerra, después de haber lanzado 80 mil bombas y misiles sobre Afganistán, después de haber matado a más de 240 mil personas en Afganistán, después que miles de militares estadounidenses mu­rieron o resultaron heridos en este conflicto, Afganistán hoy -20 años después- está bajo el control de los talibanes”, apuntó.

“Eso no puede calificarse de otra cosa que de una derrota colosal”, en opinión de Brian Becker.

Nada más lejos de lo expresado por Bush en 2002: “La paz se logrará ayudando a Afganis­tán a desarrollar su propio gobierno estable. La paz se logrará ayudando a Afganistán a entrenar y desarrollar su propio ejército na­cional. Y la paz se logrará con un sistema de educación para niños y niñas que funcione”.

Mientras la beligerancia persiste, Estados Unidos tiene ahora operaciones antiterroris­tas en 85 países.

Otros 11 de Septiembre

Pero lo ocurrido aquel 11 de septiembre no debe considerarse un acontecimiento aislado, a juicio de Becker.

De hecho, el 11 de septiembre formaba parte de un ciclo más amplio de violencia que se había iniciado con la entrada de Estados Unidos en la guerra contra Iraq en 1991, en el posicionamiento de personal militar estadou­nidense en bases dentro de Arabia Saudita y otros países musulmanes de Medio Oriente, y tras décadas en las que Washington dio un cheque en blanco a la agresión israelí contra el pueblo palestino y los países árabes de la región, advirtió.

Becker consideró que, si bien esos fueron los mayores atentados dentro del territorio estadounidense, el mundo ha sufrido terro­rismo, muerte y violencia en fecha similar.

“El 11 de septiembre de 1973, yo también estaba en Nueva York y formaba parte de una manifestación de 10 mil personas que protesta­ban contra el golpe de Estado militar patrocinado por la CIA estadounidense contra el gobierno so­cialista de Salvador Allende en Chile”, subrayó.

Decenas de miles de progresistas chilenos fueron asesinados o expulsados al exilio, y el pueblo de Chile soportó la vida bajo una dictadura militar fascista durante décadas.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina

Author: Página 24

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