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El Cáncer les Quitó la Vista; la Música les da Vida

Por Benny Díaz

La familia Martínez Silva ha hecho del arte callejero su forma de vida

La familia Martínez Silva ha hecho del arte callejero su forma de vida

Alejandro Martínez y Nidia Silva decidieron formar una familia y tuvieron tres hijos, sin imaginar que tendrían que enfrentar uno de los retos más difíciles: el cáncer.

El cáncer de ojo es poco común. Puede afectar las partes externas, como los párpados, que están formados por músculos, piel y nervios.

La pareja tuvo tres hijos: Luna, Johann y Mateo; todos ellos junto con Nidia enfermaron y tuvieron que enfrentar una batalla que terminó “por quitarles la vida, pero están con vida”, dice Alejandro, quien es egresado de la escuela de Música Sacra y de la Manuel M. Ponce.

“Ahí estudié música. Al terminar, mi idea era entrar a trabajar al Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA); llené mi solicitud, mi currículum y estaba en ese proceso cuando mis hijos comenzaron con el tratamiento médico”.

La entrevista fue realizada en el andador Juárez, donde está su centro de trabajo, porque las adversidades de la vida los llevaron a convertirse en artistas urbanos, y desde hace casi dos años, durante cinco horas, interpretan diversas melodías para alegrarles el momento a los transeúntes y esperar alguna moneda, que para la gente tal vez no significa mucho, pero para ellos, es la manera en que logran sobrevivir.

“Cuando me dijeron que tenían cáncer en los ojos, se complicó la cuestión laboral y recibí muchas negativas. No había trabajo y en el ICA me dijeron que necesitaba el nivel académico de licenciatura y me quedé en el equivalente a bachillerato en lo musical”.

Antes de esa etapa difícil, Alejandro se ganaba la vida “cantando en eventos religiosos e iglesias. Después disminuyó mi vista (padece de glaucoma) y con eso el trabajo; entonces me vine aquí (al andador Juárez) con mi esposa, cantábamos ella y yo. Duramos como cinco años, y apenas hace dos el niño más pequeño empezó a tocar la melódica y quería tocar conmigo. Hace un año comenzamos con el grupo más formal, cuando se incorporaron las percusiones y la guitarra eléctrica”.

Cuenta que “desde que mis hijos estaban en el vientre de su mamá, les inculqué el amor a la música”.

Durante muchos años se han dedicado también a interpretar música cristiana, ahora incorporaron “clásica e instrumental, para que la gente viera que podemos tocar cualquier género, que lo mismo es algo para Dios, que una cumbia”.

Alejandro dice que tocar instrumentos “es lo único que aprendí a hacer, y al tener una limitante de la vista no es fácil tener un empleo”.

Luna, Johann y Mateo acompañan a sus padres a trabajar, y luego de terminar la jornada de cinco horas, regresan a casa “para estudiar, los tres están en primaria. La niña está en el último año de primaria; luego de sus clases se dedican a jugar un rato, porque también hay que cuidar que disfruten de su infancia”.

Nidia tiene una carrera universitaria, “es egresada de la licenciatura en Comunicación”, al padecer cáncer y perder la vista totalmente, ahora acompaña a su familia a trabajar y es quien se encarga de recolectar el dinero que la gente les otorga.

Otra de las actividades que tiene es un canal de YouTube que se llama Angelis Pianista, y está dedicado a Mateo, su hijo más pequeño, quien lo mismo interpreta obras de Bach que rinde tributo a Queen.

Además se dedican a su trabajo en una congregación cristiana, se llama Misión Aguascalientes, “en donde somos los encargados de la alabanza”.

La discriminación la viven seguido, y “en todos lados. Antes no estaba en la calle y me decían que si tocaba la guitarra por qué no me iba a trabajar a las calles; ahora que lo estoy, me dicen ya vete. Estoy aquí y hay inconformidad todo el tiempo, pero más que quejarme lo que diría es que hay muchos que se quitan la vida cuando les detectan un cáncer o una enfermedad crónica degenerativa. Cuando tienes a toda tu familia con cáncer en los ojos valoras que perdieron la vista, pero tienen la vida. Yo padezco glaucoma, mi vida no corre peligro, pero mi vista se va a acabar por completo. Le diría a la gente que si tiene el valor de insultarnos, ¿también tendrían el valor para vivir en estas condiciones?”.

Con la pandemia ha bajado la aportación de la gente, pero Alejandro y su familia no se pueden dar el lujo de quedarse en casa, porque para ellos la música es su modo de vida y la solidaridad de la gente, con su aportación, su sustento.