“Son Carne de Cañón Para Crimen Organizado”
Por Benny Díaz

Quedó de manifiesto que “el círculo vicioso de las desventajas se inicia al quedar fuera de la escuela sin haber concluido el ciclo de formación, y se agrava al no conseguir trabajo o tener uno precario e informal, sin protección social y sin derechos”
“No hay políticas públicas o instituciones responsables de las y los jóvenes que están en desventaja, y son aquellos que no concluyen satisfactoriamente su educación básica, al menos hasta bachillerato o media superior, que carecen de habilidades para iniciar su vida productiva y que muchas veces quedan atrapados en trabajos informales, temporales y precarios”, expuso en conferencia de prensa virtual Janeth González Hernández, de la Asociación Jóvenes con Trabajo Digno.
El tener trabajo digno es lo mínimo indispensable que por ley corresponde “y no se deben cerrar las puertas a la juventud, es un grave error. Genera riesgos no sólo para las personas jóvenes y sus familias, sino también para sus comunidades y para el país”.
Para salir adelante de la crisis, México requiere aprovechar todo el potencial y el talento de la juventud. Si queremos aspirar a una recuperación económica sostenible después del COVID-19, urge crear oportunidades para los jóvenes.
El sistema educativo, el gobierno, las empresas, y muchas veces hasta las familias, se desentienden de los jóvenes en desventaja, se les margina y quedan “borrados” de su atención.
Por experiencia sabemos que hay diversos contextos y condiciones que producen desventaja para los jóvenes: la pobreza y la carencia de servicios básicos; violencia doméstica, en el barrio y criminal; la baja calidad educativa, el abandono escolar, la educación que no apela a la mentalidad e intereses de las y los jóvenes, la carencia de protección y seguridad social, adicciones de sustancias legales e ilegales; y ahora se hace más grande y evidente la brecha digital, porque no todos los jóvenes tienen internet y acceso a la tecnología y mucho menos para su manejo en el trabajo.
También quedó de manifiesto que “el círculo vicioso de las desventajas se inicia al quedar fuera de la escuela sin haber concluido el ciclo de formación, y se agrava al no conseguir trabajo o tener uno precario e informal, sin protección social y sin derechos”.
Antes de la pandemia de Coronavirus había al menos 12 millones 100 mil jóvenes entre 15 y 29 años de edad en esta condición de desventaja.
La exclusión laboral, educativa, social y sin oportunidades tiene muchos efectos negativos para las personas jóvenes, pero también para sus comunidades y para el país.
Los efectos negativos son múltiples. Por ejemplo, hay estudios internacionales que muestran que por cada punto porcentual de jóvenes que no estudia y no trabaja, la tasa de criminalidad se incrementa 1.16 puntos porcentuales. Por lo que el incremento de casi 14 por ciento de jóvenes fuera de la escuela y el trabajo por la crisis actual, puede producir un incremento de 17 por ciento en la tasa de criminalidad en México.
Los hogares con jóvenes que quedan fuera de la escuela y del trabajo tienen una reducción de alrededor de 25 por ciento de sus ingresos presentes. Y más grave aún, esta situación puede significar hasta 10 por ciento de menor ingreso anual durante los siguientes 20 años de su vida, respecto a jóvenes que siguen estudiando o consiguen trabajo.
Hay 3 millones 833 mil mujeres jóvenes sin trabajo, que expresan no estar disponibles para trabajar porque tienen que realizar trabajos domésticos y de cuidado sin paga. Están totalmente excluidas del sistema laboral pese a realizar tareas indispensables para sus familias y para la sociedad.
Las barreras de inclusión económica para las mujeres jóvenes son aún mayores. Para trabajar, las mujeres tienen que resolver dónde dejar a sus hijas e hijos pequeños, y si ya están en edad escolar deben resolver quién los recoge, les da de comer y los acompaña en sus tareas escolares. Y, por si fuera poco, muchas veces aun cuando trabajan de manera remunerada a tiempo completo, mantienen la obligación sexista de realizar la mayor parte de las tareas del hogar.
En muchos casos, son mujeres proveedoras y sin pareja. Son una parte sustancial de “hogares de jefatura femenina”, que tienen que asumir todas las responsabilidades, por su condición de madres.
Los obstáculos que se colocan para contratar jóvenes deben ser removidos. Muchas veces estos obstáculos son producto de costumbres y desconocimiento. Algunos requisitos solicitados crean barreras para jóvenes con desventajas, y también representan una pérdida de talento y potencial productivo para las empresas y las entidades empleadoras.
En muchos empleos exigen requisitos de contratación sin conciencia de que violan derechos. Por ejemplo al solicitar pruebas de embarazo, cartas de antecedentes no penales, currículum con fotografía, apariencia física, formas de vestir, entre otras, que configuran prácticas discriminatorias.







