“Es Necesario Elaborar Políticas Públicas Preventivas”
Por Benny Díaz

Patricia Segura Medina, jefa del Departamento de Investigación en Hiperreactividad Bronquial del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias
“La contaminación del aire, además de ser uno de los factores que agrava a los enfermos de COVID-19 que son expuestos a las partículas contaminantes, también es causa de que aproximadamente mueran siete millones de personas al año en todo el mundo”, expuso Patricia Segura Medina, jefa del Departamento de Investigación en Hiperreactividad Bronquial del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, en conferencia virtual organizada por el Observatorio Ciudadano de Calidad del Aire (OCCA).
En la “nueva normalidad”, es de vital importancia para la elaboración de políticas públicas adecuadas, así como para las prácticas sanitarias de la población, enfocadas a proteger a la salud, conocer la vulnerabilidad humana ante la contaminación atmosférica como agravante para contraer COVID-19.
El OCCA coordinó la conferencia Contaminación y Vulnerabilidad Humana en Tiempos de COVID-19, para escuchar a especialistas en salud ambiental hablar del impacto a la salud por la calidad del aire y el cambio climático.
La contaminación del aire es un problema de salud que cada año mata a siete millones de personas en el mundo.
“La contaminación ambiental y las pandemias como el COVID-19 son problemas globales que afectan a toda la población, por lo que no distinguen fronteras ni condiciones sociales”, dijo Patricia Segura.
Al hablar específicamente de los efectos del SARS-CoV-2 y su manifestación en los humanos con la enfermedad manifestó que “la contaminación del aire es un factor que agrava la presencia y severidad del COVID-19 según estudios recientes”.
Tomando en cuenta que el virus entra por vía área y puede generar efectos severos en los pulmones hasta causar la muerte, Patricia Segura señaló que la exposición crónica a agresores ambientales incrementa la susceptibilidad a padecer una forma más severa del COVID-19”.
Reconociendo que este tipo de epidemias guardan una estrecha cercanía con los modos de producción, distribución y de consumo globales. “Lo que estamos aprendiendo en estos días es que los retos globales requieren cambios sistémicos y que la humanidad estará a salvo hasta que los más vulnerables lo estén. Más vale prevenir que remediar, por lo que debemos escuchar a los científicos expertos en dichos temas”.
Por eso “el regreso a la nueva normalidad requiere intervenciones para generar ambientes saludables que nos hagan menos vulnerables a ésta y otras epidemias”.
Lo anterior se debe considerar como un criterio de prevención que los gobiernos a todo nivel deben adoptar para mejorar la calidad del aire y con ello garantizar el derecho a un medio ambiente sano, salvaguardar la salud de la población y reducir los impactos económicos generados por la contaminación atmosférica.
“La pandemia vino a recordarnos algunas de las tareas pendientes en materia de contaminación del aire en el país. Los habitantes de nuestras grandes ciudades, son más vulnerables cuando se ven expuestos al virus por tener disminuidas sus capacidades y funciones pulmonares debido a la exposición crónica y aguda que tienen a la contaminación. Por tanto, los esfuerzos que continuemos haciendo en mejorar la calidad del aire, sabemos que incrementarán la resiliencia de los habitantes de nuestras ciudades cuando estos se ven expuestos a agentes biológico-infecciosos”.







