“Empresas Aprovechan la Pandemia Para Promocionar Chatarra”
Por Benny Díaz

Comida chatarra no ayuda en nada a enfermos de COVID
México enfrenta no sólo la pandemia del COVID-19, “ya que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que somos un país altamente vulnerable al Coronavirus, pero por la epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes que enfrenta desde hace décadas”, manifestó en conferencia de prensa virtual Paulina Magaña, coordinadora de la Campaña de Salud Alimentaria de El Poder del Consumidor.
Ante la pandemia que se vive a nivel mundial por COVID-19, la industria de alimentos ultraprocesados y de los sucedáneos de la leche materna han realizado diversas campañas de donaciones a gobiernos e instituciones de nuestro país, aludiendo a su compromiso con la sociedad; sin embargo éstas sólo han sido una oportunidad para seguir ofertando sus productos y posicionar sus marcas durante esta pandemia. La gran mayoría de estas donaciones son de comida chatarra y de bebidas azucaradas, productos con un exceso de grasas saturadas, azúcares, sodio y calorías; pese al llamado del gobierno a tener una alimentación saludable con base en alimentos frescos que ayuden a reforzar el sistema inmunológico.
Junto con representantes de varias organizaciones civiles que luchan contra la venta de productos chatarra, que ofertan grandes empresas de la industria alimentaria durante la pandemia y aseguran tener un compromiso social, en realidad lo que hay detrás es el propósito de enganchar a la gente para que consuma productos ultraprocesados, que son ricos en grasas, azúcares, colorantes y otros componentes químicos que no abonan en nada a la salud.
El origen de la obesidad y de las consecuencias que acarrea es que los mexicanos son grandes consumidores de comida chatarra y bebidas azucaradas, especialmente gaseosas.
Por eso –dijeron- es muy alto el nivel de fallecimientos por COVID, pero la realidad es que se complica con las comorbilidades, como son diabetes, con 37 por ciento; hipertensión, 42 por ciento y obesidad el 25 por ciento.
La industria de bebidas y alimentos ultraprocesados comparte la responsabilidad no sólo por la pandemia de obesidad, sino también por la gravedad de la enfermedad COVID-19 y sus devastadoras consecuencias; por ello es necesario seguir las recomendaciones internacionales y nacionales sobre donaciones, en donde se señala que éstas deben cumplir con criterios de calidad nutrimental para asegurar que todas las personas puedan acceder a alimentos saludables y nutritivos y que no representen un riesgo a la salud.
“Con base en un monitoreo de las donaciones alimentarias realizadas entre abril y mayo de este año, frente a la emergencia sanitaria del COVID-19, se identificó que varios de los productos incluidos en estas donaciones son productos ultraprocesados con un exceso de azúcares, grasas saturadas, sodio y calorías. Esta situación es grave, más aún en un país como México, que presenta uno de los mayores índices de sobrepeso y obesidad a nivel mundial y que son precisamente estas condiciones las que han puesto en una mayor vulnerabilidad a la población mexicana ante las complicaciones por este virus”, manifestó Paulina Magaña.
Mariel White Santillán, investigadora del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública y Ana Larrañaga, coordinadora e investigadora de la Coalición Contrapeso, estuvieron de acuerdo en que estas donaciones que hacen pasar como “responsabilidad social”, es en realidad una forma de intervenir en las políticas públicas de salud por parte de estas empresas para seguir manteniendo el control y hacer que sus productos sigan en el gusto colectivo, y que a pesar de la crisis, sus ventas se mantengan.
“Es importante monitorear y documentar estas acciones para hacer responsable a la industria alimentaria. Es necesario crear y apoyar regulaciones más estrictas, sobre todo de marketing digital, además de promover el uso de lineamientos sobre la interacción del sector privado en el sistema de salud”, expresó Mariel White.
Ana Larrañaga aseguró que “la donación de productos chatarra no ayuda a resolver la raíz del problema; la inseguridad alimentaria. Lo que aparenta ser una acción benéfica, puede con facilidad convertirse en un factor de riesgo para el desarrollo o agravamiento de enfermedades entre la población con mayor vulnerabilidad, si no se cuida que la calidad nutrimental de los alimentos que se donan sea la óptima. Los gobiernos y autoridades locales deben incrementar esfuerzos para donar alimentos saludables basados en recomendaciones nutricionales serias, y libres de los intereses de industrias que buscan el posicionamiento de sus marcas durante la pandemia”.







