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* Aldo Ruiz, Señalado por Faltas Administrativas, Desvío de Recursos y Usurpación de Profesión

Por Arturo Rodríguez

Aldo Ruiz Sánchez, de Aguascalientes, señalado por faltas administrativas, desvío de recursos y usurpación de profesión (Foto: Archivo/ Página 24)

Aldo Ruiz Sánchez, de Aguascalientes, señalado por faltas administrativas, desvío de recursos y usurpación de profesión (Foto: Archivo/ Página 24)

Ciudad de México (apro).- Creadas en la actual administración, anunciadas como concentradoras de funciones y amplias atribuciones, las Coordinaciones Estatales de Desarrollo –conocidas como “superdelegacio­nes”– están disminuidas, carecen de facultades y enfrentan ya escándalos de corrupción.

A un año de su designación, al menos 10 de los “superdelegados” tienen procesos abiertos por nepotismo, tráfico de influen­cias, ejercicio indebido del servicio público, un caso por posible complicidad en robo de alta cuantía y, entre otros delitos, uso políti­co-electoral de los programas de Bienestar que el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha comprometido reiteradamen­te a no permitir.

Es esto último lo que ya causó preocupa­ción dentro de la administración de –López Obrador y el lunes 2 los– funcionarios que representan al Gobierno Federal en las entidades federativas fueron citados en el Palacio Nacional. Ahí, el mandatario les recordó que deben evitar inmiscuirse en actividades electorales y partidistas, en particular durante el proceso interno que se desarrolla en Morena, el partido creado por el presidente.

Desde el pasado 30 de octubre la dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky, acusó a Gabriel García Hernández, el coordinador nacional de los superdelegados y artífice de la figura, quien habría usado padrones, funcionarios y al ejército de gestores cono­cido como “Servidores de la Nación” para impulsar la candidatura de Bertha Luján (madre de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde) a la dirigencia nacional de ese partido.

El contenido de la reunión fue ventilado por el mandatario el martes 3 en su confe­rencia de prensa matutina. Ese día advirtió a los superdelegados que, si se entrometían en procesos partidistas o electorales, ya ni siquiera pasarían por el proceso administra­tivo en la Secretaría de la Función Pública (SFP), sino que serían directamente acusa­dos en la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales.

Algunos asistentes a la reunión confiaron a Proceso que el tono fue enérgico, pues López Obrador prácticamente les dijo que sería la última vez que les toleraría escán­dalos; también les dijo que quienes tuvie­ran procesos pendientes en la SFP debían responder y que de encontrarse alguna res­ponsabilidad serían separados del cargo por faltar a los principios de la administración.

Finalmente, el ultimátum incluyó un respaldo a Gabriel García, quien se quejó de que algunos delegados no lo atienden. Concretamente, el presidente les dijo: “Gabriel me va a informar de quién no está trabajando o anda en la politiquería y yo tomaré medidas”.

Los Escándalos

El pasado 24 de octubre, la titular de la SFP, Irma Eréndira Sandoval, dio a conocer que nueve superdelegados están bajo inves­tigación por el uso indebido de programas sociales, aunque no precisó si se relaciona­ban con las sanciones impuestas por el INE.

Proceso pudo confirmar que no todos están acusados por proselitismo o intro­misiones electorales y que se trata de los siguientes superdelegados:

Aldo Ruiz Sánchez, de Aguascalientes, señalado por faltas administrativas, desvío de recursos y usurpación de profesión. Las denuncias fueron interpuestas por el Comité Estatal de Morena, partido del que hasta hace un año fue dirigente.

Juan Carlos Loera de la Rosa, de Chi­huahua, se le investiga por nepotismo, lo mismo que ocurre en la delegación de Jalisco, donde Armando Zazueta –quien sustituyó en la entidad a Carlos Lomelí, quien enfrenta acusaciones por tráfico de influencias– y sus subdelegados regionales fueron sorprendidos empleando a familiares, inclusive consanguíneos (Proceso 224).

En Chiapas, José Antonio Aguilar Casti­llejos está sujeto a investigación, luego de que el 29 de julio una avioneta que trans­portaba dinero (oficialmente 800 mil pesos) fue asaltada al aterrizar en una comunidad de Ocosingo. Ahí murió un policía rural, hubo al menos dos heridos y se le indaga al superdelegado por ser uno de los pocos que conocían la ruta para el reparto.

En Colima, la superdelegada Indira Vizcaíno fue denunciada por promoción personal y por encabezar actos partidistas; lo mismo, el proselitismo, se le imputa a José Ramón Gómez Leal, superdelegado en Ta­maulipas, así como a Mauricio Hernández, de Guanajuato.

En Puebla, Rodrigo Abdala (sobrino de Manuel Bartlett) enfrenta acusación por desvíos de recursos, lo mismo que a Ga­bino Morales, de San Luis Potosí (además de enfrentar acusaciones por acoso laboral y sexual); a Jaime Montes Salas, el de Si­naloa (a quien inclusive le han protestado por incumplimientos los “Servidores de la Nación”) y el de Sonora, Jorge Luis Taddei.

Sin embargo, el primer y más conocido caso es el de Jalisco, cuyo primer superde­legado, Carlos Lomelí, es investigado por presunto tráfico de influencias con el fin de obtener contratos para sus empresas en el sector salud.

De acuerdo con las instancias involucra­das, consultadas por Proceso, en unos días Lomelí podría quedar absuelto, pues la SFP no encontró irregularidad en su desempeño.