Por el brutal asesinato de un hombre y una mujer cometidos en abril de 2013, fueron sentenciados dos “medios hermanos”, aunque sus apellidos no coinciden.
Se trata de Adrián Alejandro García Silva, que por el delito de homicidio doloso calificado con ventaja y brutal ferocidad pasará 55 años tras las rejas e Ignacio Encarnación González Ruvalcaba, que por homicidio doloso calificado con ventaja y brutal ferocidad y dignidad de personas o cadáveres, deberá purgar 29 años y tres meses en prisión.
Sus víctimas fueron Claudia Esmeralda Álvarez Veloz y Sergio Gómez Acevedo, a quien ahora la Fiscalía General del Estado identifica como Ernesto “N” “N”, sin que explique el cambio de nombre.
El 20 de abril del año 2013 ambos fueron privados después de estar conviviendo con los sentenciados, con los cuales acudieron a la Feria Nacional de San Marcos a bordo de un vehículo Volkswagen Cabrio.
En determinado momento Adrián y Claudia Esmeralda comenzaron a discutir en repetidas ocasiones, hasta que se retiraron del perímetro ferial y posteriormente se trasladaron al fraccionamiento Colinas del Río.
Adrián y Claudia continuaron discutiendo en el interior del vehículo, presuntamente porque ella mantenía una relación sentimental con otra persona, siendo en ese momento cuando agarró del cabello a la agraviada, la bajó de la unidad automotriz y le propinó un golpe en la cara con el puño cerrado.
Acto seguido la aventó hacia el interior de una vivienda, en ese momento Ignacio bajó a golpes a Sergio, tomándolo del cuello para también meterlo a la casa en donde continuó la agresión.
Adrián siguió golpeando a la fémina en el rostro y en la cabeza, utilizando un tubo de material galvanizado, mientras que Ignacio asfixió a Sergio colocándole un cable coaxial en el cuello, además de que también recibió varios tubazos por parte de Adrián.
Tras consumarse el doble asesinato, subieron los cadáveres al automóvil Cabrio y se dirigieron a un paraje de la comunidad Los Pocitos, en Jesús María. Ahí quemaron parciamente los cuerpos y dejaron una cartulina con un mensaje para aparentar que el crimen fue obra de la delincuencia organizada.
Los cuerpos fueron encontrados el 21 de abril, iniciando la investigación de la entonces Procuraduría General de Justicia, en la cual se concluyó que Adrián Alejandro e Ignacio Encarnación habían sido los ejecutores.
Finalmente, concluyó el término del proceso penal al dictar el juez segundo penal las sentencias referidas.







