Me Culparon de Robar un Negocio de Alejandro Alba Felguérez: Christyan Hernández Guzmán

“Alejandro es Compadre de Felipe Muñoz”

*“De dos Jueces me Consta que le Lamían los Pies (al exprocurador): Alfredo Quiroz García y uno que ya se Murió que Estaba en el Juzgado Segundo”

Por Benny Díaz

Christyan Hernández Guzmán | José Guadalupe Durón León

Christyan Hernández Guzmán | José Guadalupe Durón León

Tenía 23 años y estuvo en el momento y lugar equivocado cuando un grupo de policías ministeriales “reventaron” la casa de su comadre, quien le cuidaba a sus hijos y en cuya finca habitaban 18 personas, de la cual hubo denuncias “anónimas” sobre que había droga, armas y trata de blancas.

“La exsuegra de mi comadre (que se presume fue quien hizo las denuncias), pensaba que ella ‘andaba’ conmigo, pero no, sí tenía un romance, pero con un amigo mío”, explicó.

Ese día, el 2 de mayo de 2012, fue como siempre por sus hijos cuando “llegaron muchas camionetas blancas con ministeriales y ‘reventaron’ la casa, empezaron a torturarnos a todos, hombres y mujeres. Nos desnudaron y ‘mocharon’ unos cables de luz y nos empezaron a dar toques en todo el cuerpo. Les vimos la cara. Y como a la hora de que nos tenían así llegó Felipe Muñoz Vázquez y luego de vernos a todos eligió a varios, entre ellos yo, y les decía a los policías ‘chíngate a este, jálalo para acá’, todo lo vi”.

A todos se los llevaron detenidos a la Ministerial, y otra vez el destino le jugó una mala pasada a Christyan porque estaba la Feria de San Marcos y habían robado el antro La Ultima Luna, cuyo dueño es Alejandro Alba Felguérez, quien en ese tiempo se desempeñaba como presidente del Patronato de la Feria.

Alejandro y Felipe, Compadres Al estar en la Policía Ministerial, Felipe Muñoz se dio cuenta que Christyan tiene una fisonomía “parecida a quien cometió el robo. Entonces a mí ya no me dejaron salir como a los otros 18 con los que me detuvieron y a quienes se comprobó que no hubo nada de lo que se dijo en las denuncias anónimas”.

Sin saber nada en ese momento Christyan fue sometido a una serie de torturas, le quemaron un brazo con “unas placas calientes”, luego constantemente lo desnudaban y le colocaban cables en los testículos, pene y ano para darle toques.

Le propinaban severas golpizas porque no aceptaba firmar ninguna declaración y tampoco decir ante los visitadores de la entonces Comisión Estatal de Derechos Humanos que no le habían hecho tortura.

“Me colocaban las ‘vendas’ en la cara para meterme agua por la nariz, me ponían bolsas en la cabeza para asfixiarme pero no me ‘rajaba’, porque yo no podía firmar nada que no era cierto y no había hecho”.

Y Felipe Muñoz Vázquez “agarró de manera muy personal el caso porque, en ese momento no lo sabía, pero después me di cuenta, es compadre de Alejandro Alba Felguérez, con quien quería quedar bien y ‘resolverle’ lo del robo rápido”.

Estuvo 28 días en la casa de arraigo, donde también, como otras víctimas, recuerda el “timbre de pajaritos”, que era el terror de todos, a quienes tenían acostados en la cama, con grilletes y “entraban hombres encapuchados y decían los nombres a quienes esa noche iban a torturar”.

El ano se lo lastimaron tanto que ya no tenía control de esfínteres, además de que prácticamente lo tenían desnudo todo el tiempo para darle los toques.

“Ahora sí que me gusta expresarme grosero de ese pinche mugroso (Felipe de Jesús Muñoz Vázquez), porque eso es. Imagínese, si eso hizo aquí, no me quiero ni imaginar ahora con el puesto que tiene cuántos ha matado o desaparecido. Un día dijo que no era cierto que había torturado a nadie, que le presentaran a uno solo, que no necesitaba 200, uno solo para que lo metieran a la cárcel. Aquí estoy yo, dando la cara, si es tan cabrón como dice, que le entre a un penal”, dijo enojado.

Al continuar con su relato de tortura, dijo que llegó un momento en que ya no supo de él y sólo escuchó al doctor (Guillermo Aguilar) Lechuga, quien en ese tiempo era director de Servicios Periciales, que dijo que lo llevaran al hospital porque “se está muriendo”.

Cuando despertó “estaba en el Hospital Hidalgo, como Jesucristo, todo golpeado”, después lo trasladaron al penal. Ahí supo que, además de inculparlo del robo al antro de Alejandro Alba Felguérez, “me hicieron firmar por otro cinco, de los cuales sólo me hicieron efectivos tres, según ellos por intentar robar cajeros automáticos, como el que originalmente dijeron fue por una caja fuerte, buscaron que fueran similares”.

Estuvo en el Cereso Aguascalientes por dos años ocho meses, tiempo en el que los juicios se le acumularon en el Juzgado Primero.

Estando ya en el penal, sus abogados se las ingeniaron para pasar a verlo y tomarle fotos de cómo lo habían dejado de la tortura, “pero hubo un momento en que tenía el cuerpo totalmente morado por los golpes, toques y quemaduras”.

Durante el proceso hubo peritos que dijeron que las cicatrices no eran por quemaduras “sino por caídas, los míos sostenían que eran a consecuencia de las planchas ardientes que me pusieron y nombraron unos terceros en discordia que corroboraron la tortura”.

Como no le pudieron comprobar absolutamente nada es que Christyan salió libre, pero con serias secuelas físicas, ahora dice que sólo siente dolores en la espalda muy fuertes, de lo demás sólo quedan las huellas que a diario le recuerdan su tormento.

“También me despierto en las noches con la sensación de que me están asfixiando, y eso que yo dentro del Cereso tuve ayuda psicológica”.

 Vida Destrozada

Cuando lo absolvieron y le dijeron “usted disculpe, no es culpable”, su vida estaba deshecha.

“La que era mi esposa me dejó y ya tenía otra pareja. Teníamos tres hijos, pero todo eso lo perdí y tuve que empezar de cero”.

Ahora, ha vuelto a rehacer su vida y tiene dos hijos más y una mujer que lo apoya en esta lucha que ha comenzado.

Desea que se le incluya en la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), pero sobre todo ver que Felipe Muñoz Vázquez pague por todo lo que hizo.

“Ahorita lo siguen protegiendo, lo tienen en un puesto federal alto y por eso hace y deshace. Pero todos nos hacemos viejos, y él ya lo está. Y lo que les digo a todas las víctimas es que no le tengan miedo, él también se va a morir, igual que todos”.

De lo que Christyan está seguro es que “no torturó a 180 como dicen, fueron muchos más. Mire, cuando yo llegué al penal éramos 530 y al final había mil 200”.

 Los Jueces sí le Tenían Miedo

Christyan tiene tanto coraje, que le ha nacido de la injusticia que vivió, pues al final, aunque lo absolvieron, le destrozaron no sólo el cuerpo, el alma y hasta la esperanza.

Por eso se atreve a decir todo: “Mire, lo que sé es que había seis Juzgados Penales y Felipe Muñoz Vázquez iba con cada uno de los jueces y les decía: ‘Nomás que me sueltes a uno y me la pagas’, todos le tenían miedo, hasta los de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, de donde me visitaba uno que trabaja ahí y es hijo de un priísta, del que no me acuerdo su nombre, y me decía que me iba a ayudar y al final resultó que firmé que me desistía”.

Así fue como poco a poco se fue dando cuenta de todo.

“Lo que me consta es que dos jueces le lamían los pies: Alfredo Quiroz García, del Juzgado Sexto, y uno que ya se murió, pero que estaba en el Juzgado Segundo”.

Al preguntarle si confía en Jesús Figueroa Ortega como fiscal, ya que fue juez, dijo: “Sí, al menos él ya aceptó la recomendación y puso la mesa especial para que presentemos las denuncias, y nunca supe que fuera como los otros que nombré”.

 El Pastor Acusado de Violación

Otra persona que aceptó dar su testimonio es hermana del pastor Gustavo Andrade Puente, quien ya fue sentenciado a pasar casi 24 años tras las rejas “por supuestamente haber abusado de dos niñas”.

Todo comenzó por un problema interno en la congregación a la que pertenecía. Al haber desacuerdos, él decidió salirse y fundar la propia que fue denominada la Primera Iglesia Bautista de Aguascalientes Dios es Amor.

La hermana, quien viajó desde Ciudad de México, señaló: “Cuando me enteré de esto que se está haciendo para que a las víctimas de este señor (Felipe Muñoz Vázquez) se les haga justicia, por Página 24, porque lo leo por Internet, es que decidí venir y denunciar”.

La señora tiene miedo de que su nombre y rostro sea dado a conocer, porque “vivo allá (en Ciudad de México) y ese hombre todavía tiene mucho poder”.

Cuenta que cuando el pastor se separó de los otros para fundar su propia congregación “recibió amenazas, todavía unos días antes de ser detenido le dijeron que se cuidara, porque algo le iba a pasar”.

En noviembre fue detenido, llegaron a su iglesia, ubicada en la calle Primo Verdad, lo sometieron y se lo llevaron a la Policía Ministerial donde lo torturaron “ahorcándolo” con un cable y acusándolo de haber violado a dos hermanas, menores de edad.

“Además de golpearlo, a él lo dieron toques en los oídos, y dice que es algo horrible. Lo desnudaron y lo llevaron a la casa de arraigo por 42 días. Lo tenían desnudo, acostado en una cama con grilletes en los pies y, a raíz de eso, como sufre de mala circulación, ahora tiene los pies morados”.

También sufre de miopía severa y así lo dejaron sin lentes tres meses. Mientras estuvo arraigado lo tuvieron sin beber agua ni comer por varios días.

Indicó que “hay muchas inconsistencias en el proceso, porque las supuestas víctimas nunca ratificaron la denuncia y sólo basados en la misma fue que lo sentenciaron”.

La hermana del pastor dice que pasaron siete años para que pudiera verlo, porque, al no ser familiar “directo”, entiéndase esposa o hija, no se lo permitían “además él no quería que viniéramos porque dice que las revisiones son muy feas para las mujeres.

Está enfermo de una gastritis crónica, la circulación y es depresivo; no tiene el tratamiento adecuado porque dicen que en el Cereso no tienen los medicamentos que necesita”.

También está desnutrido, porque no toda la comida del penal le cae bien; “y usted sabe que dentro de una cárcel, si no tiene dinero, no puede tener nada.

Entonces doy gracias a las personas que me han ayudado para a través de ellas mandarle dinero para que pueda comprar algo dentro del Cereso” Ella fue la primera en poner la denuncia en la mesa especial que puso el fiscal Jesús Figueroa Ortega, y sabe que el caso no será fácil, ya que su hermano fue sentenciado hasta nivel federal pero confía en que se reabra y en algún momento ver a su hermano libre.

 La Víctima 19

José Guadalupe Durón León es la víctima 19 que aparece en la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), quien también fue absuelto por el delito de violación de dos mujeres “a las que nunca vi, ni conozco”, asegura.

José Guadalupe se dedica a la construcción y cuenta que el día que lo detuvieron, en 2012, llegaron a su casa y amenazaron a su esposa e hijos además de golpearlo.

Como puso resistencia “los ministeriales me dijeron que iban a violar a mi esposa. Tiraron todo, esculcaron y se llevaron el dinero que tenía en ese momento en mi hogar, al igual que unas joyas. Calculo que en total eran 500 mil pesos”.

Como al resto de las víctimas lo trasladaron a la Policía ministerial y luego a la casa de arraigo, en donde también lo torturaron, primero poniéndole una venda en la cara, sólo “me dejaron destapada la nariz y la boca, me echaban agua para ahogarme y que me la tragara. Tenía un sabor raro, como si tuviera vinagre, y fue tanta que sentía que la panza me iba a reventar”.

Además de los golpes que le propinaron, también le lesionaron los testículos, el pene y otras partes de su cuerpo.

Lo hicieron firmar una confesión, que no hizo, ante una Ministerio Público, a la que sí le vio la cara, quien le dijo que si no quería no lo hiciera.

“Yo le respondí que solicitaba que estuviera mi abogado presente y ella me dijo que no lo necesitaba, que tenía un defensor de oficio quien iba a hacer mejor las cosas”.

Tan bien hizo las cosas su “defensor” que lo obligaron a firmar y luego de más de 40 días en la casa de arraigo se lo llevaron al penal.

Dice que le fabricaron este delito porque “era policía rural voluntario. Unos empleados que tuve dijeron que yo había sido el violador y me ‘sembraron’ varias armas de grueso calibre y también por eso me llevaron a la cárcel”.

Después de dos años de lucha, también lo absolvieron, pero ahora no puede respirar bien y, aunque está dentro de la recomendación de la CNDH, quiere justicia por la tortura recibida, ya que “nada, nada se compara con el infierno que nos hizo pasar Felipe Muñoz Vázquez con todo lo que hacía en el ‘gimnasio’, el ‘spa’ y su oficina, era aterrador escuchar los gritos y lamentos cuando les hacían cosas a los otros y un miedo espantoso de no saber cuándo nos iba a tocar”.

 

Publicado en: Página 24

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