“Tiene una Obsesión por una Organización Criminal”
Por Benny Díaz

Rosa María Abundiz Gómez, esposa de Héctor Gabriel Soriano Picazo, quien fue violado y torturado durante un mes cuando estuvo arraigado en rueda prensa de víctimas
Marisela Sánchez Muñoz, una de las tantas víctimas de tortura de Felipe de Jesús Muñoz Vázquez, cuando era procurador de Aguascalientes asegura que no ha podido superar todas las atrocidades que le hicieron, desde violarla y golpearla salvajemente hasta tenerla en prisión de alta seguridad en Nayarit por delitos que nunca cometió.
A pesar de todo se llena de valor para dar la cara y demostrar que hay víctimas de tortura y delitos fabricados de parte de Muñoz Vázquez, personas con rostro y nombre, y que no son inventos como dice el todavía funcionario, ahora de alto nivel, en el Gobierno Federal.
“Tiene una obsesión por una organización criminal (La Oficina), nosotros estamos tratando el tema de la tortura que nos hizo y él vuelve a revivir todo eso en contra de dicho grupo delincuencial y nos sigue exhibiendo en medios nacionales cuando fuimos detenidos y con eso nos revictimiza. Yo me pregunto: ¿las personas que, como yo, fuimos absueltas, pero trabajan, qué precio van a pagar al ser exhibidas de esta manera?”.
Durante la entrevista la expolicía estuvo acompañada de su hermano y su hija, de quien dice tenía 10 años cuando la detuvieron y estuvo años alejada de ella y ahora sigue con temor por todo lo vivido en ese tiempo de terror cuando a base de golpes y vejaciones la hicieron declarar falsamente y aceptar ser culpable de los delitos de delincuencia organizada, de traer en su poder armas de grueso calibre y de homicidio.
Lo que Marisela quiere es que se haga justicia conforme a la ley y que las autoridades tomen cartas en el asunto y le den validez a todas las pruebas que ahora sí tiene; “cuando estaba encerrada no, porque me tenían amarrada de manos, pero ahora me he dedicado a recaudar varios documentos en donde se demuestra todo de lo que fui víctima”.
Entre las pruebas –mencionó– se encuentra un protocolo de Estambul que un profesionista les hizo a 100 mujeres torturadas en todo el país, “cuyos resultados demuestran que en mi caso fue muy alto el porcentaje por todo lo que me hicieron”.
Dice que tiene una lesión en uno de sus pies de cuando estuvo arraigada, que eso también está comprobado por un certificado que en su momento hizo la Semefo y que de casualidad encontró. Ahora Marisela sólo espera que tanto en la CNDH como en la Fiscalía hagan lo que corresponde y todos aquellos que les causaron tanto daño, empezando por Felipe Muñoz Vázquez, paguen por lo que hicieron.
Héctor Gabriel Soriano fue Violado y Torturado
Rosa María Abundiz Gómez, esposa de uno de los “tres Picazo” (que son tío y sobrinos), expolicía municipal que también fue arraigado y acusado de delincuencia organizada y delitos contra la salud cuenta el calvario que vivió el hombre al que prácticamente le han “arrancado la vida, porque ahora parece un anciano”.
Han sido ocho años los que ha pasado en penales de alta seguridad, pero, gracias a lo realizado por un juez federal en Sonora, el expolicía ya fue absuelto, nunca fue sentenciado, fue encontrado inocente y está por salir en libertad “en un mes y medio, máximo dos”.
Héctor Gabriel Soriano Picazo es el nombre de su esposo, a quien no ve desde que fue recluido en el penal de Hermosillo, Sonora (hace cinco años), porque su economía no le permite viajar hasta allá, ya que tiene que trabajar para mantener y sacar adelante a sus tres hijos.
“A la más chiquita me la dejó de seis años y todos sufrieron mucho, sobre todo ‘bulliyng’ en la escuela y en los trabajos. Fue muy difícil, pero él les decía que no tenían por qué dejarse humillar ni agachar la cabeza, porque no había hecho nada; que siempre fue un buen policía, servidor público y papá, que no se explicaba por qué le pasó esto”.
Rosa María cuenta que Héctor Gabriel fue detenido justo cuando llegó a su trabajo en el C4 y que de su propio celular le marcó para decirle que había un problema, que lo llevaban detenido y no sabía por qué, tampoco tenían orden de aprehensión.
Lo llevaron a la casa de arraigo y ahí “lo violaron con un rifle, tengo la ropa porque me dijo que la guardara como prueba. Durante los 30 días que estuvo ahí lo sacaban encapuchado a diferentes horas y lo llevaban hasta las vías del ferrocarril, donde lo amarraban de las manos, los pies y de la cabeza con todo y capucha y luego a una camioneta para arrastrarlo; eso fue todos los días”.
Cuando estuvo en las instalaciones de la Procuraduría, en donde ahora están otras oficinas que dependen de la Fiscalía, “en el sótano también lo torturaron golpeándolo, dicen que no existe pero sí está.
Ahí mi esposo se quiso suicidar y una mujer que hacía el aseo nos confirmó que claro que está ese sótano que era (o es) utilizado para tortura”.
Al quedar en la desprotección, Rosa María acudió, junto con las esposas de otros expolicías, a pedir apoyo tanto a Lorena Martínez, que era la presidenta municipal, como a Carlos Lozano de la Torre; ya no tanto porque sus maridos habían sido servidores públicos, sino por humanidad.
La primera les dijo que “no estaba en posibilidad ni en posición de hacer nada por nosotros, cuando lo que queríamos no era que nos regalara nada, sólo que nos diera algún trabajo o becas para los niños”.
Mientras que Carlos Lozano de la Torre ni siquiera se dignó a recibirlas.
“Por eso, al ver ese rechazo y que todas las puertas se cerraban y nadie nos apoyaba (llora), tuvimos que ver la forma de salir adelante como pudimos”.
Ahora lo único que espera es que su esposo salga de prisión y que esté bien, no sabe qué futuro les espera, pero cuando menos ya tiene la certeza de que quedará libre por algo que no hizo y que lo dejará marcado por el resto de su vida.







