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Crea Flores de Aluminio Para Ofertarlas en el Centro de la Ciudad

Por Cristina Zareth Hernández Gutiérrez

Roberto Campos, ciudadano

Roberto Campos, ciudadano

Sin la oportunidad de poder trabajar como en su juventud, el señor Roberto Campos, de 82 años de edad, realiza todos los días en el interior de su hogar flores de aluminio de diversos colores, hasta lograr formar hermosos ramos que pueda ofertar en la calle con la esperanza de venderlos y así poder mantenerse.

En entrevista, refirió que cada día dedica casi 10 horas a la hechura de las flores, invirtiendo casi tres horas en cada ramo que hace, para luego de una semana, con cerca de 18 ramos listos, salir a venderlos en el Centro Histórico de la ciudad empleando su bicicleta para recorrer los andadores y algunas calles donde haya afluencia: “En un día hago hasta tres ramos de flores, es todo un trabajo. Hay que dibujar la flores en el aluminio, cortarlas, luego dibujar los pétalos, alambrarlos, armar el centro, pintar todo y ponerle tallo”.

Comentó que comenzó a vender este tipo de ramos desde hace poco más de cuatro décadas, esto luego de haberse quedado sin empleo como decorador en el Hotel Francia.

Detalló que ante la necesidad de mantener a la mayoría de sus 12 hijos, se avocó posteriormente a ese empleo y a oficios como la jardinería, la herrería e incluso a la albañilería, y a su vez, a hacer sus flores de aluminio con el fin de tener un ingreso adicional.

“Fui florista de más joven, después trabajé como decorador en varios lugares, el último fue el Hotel Francia, como hasta los años setentas. De ahí puse un taller de bicicletas, luego de herrería, y aprendí albañilería; hice mi casa propia, puertas, ventanas y todo está hecho por mí, pero también comencé a hacer las flores para venderlas”, mencionó.

En la actualidad, sólo hace los arreglos que vende a un precio de 50 pesos cada uno, lo que le permite sostenerse, aunque compartió que le es de gran ayuda también el apoyo que recibe del Programa 65 y Más, ya que con lo que vende difícilmente podría cubrir todos sus gastos, toda vez que no es mucha la utilidad que le dejan los ramos, por lo que tampoco le ha convencido la idea de ubicarse y vender en un lugar estable.

Cuando sale a las calles, la gente se acerca a preguntar cuánto cuestan sus ramos.

A veces vende todos, a veces sólo tres, pero al señor Roberto le da orgullo decir que a sus 82 años de edad, sigue siendo productivo: “Tengo 82 años y sigo trabajando y aquí seguiremos”.