La Columna del Diablito

Luis Armando Reynoso Femat y Carlos Lozano de la Torre ...supo arrastrarse, fingir lealtad y amistad...

Luis Armando Reynoso Femat y Carlos Lozano de la Torre
…supo arrastrarse, fingir lealtad y amistad…

* UNA, DOS Y… ¡TRES! ¡COMENZAMOS!
“ABSUELTO”, SE DICE FÁCIL…

La verdad sí es muy fácil decir: “Ingeniero, disculpe, es usted inocente”, pero detrás de esta nueva “absolución” hay un mundo de perversidad, de crueldad, de traición, de demencia y de envidia del exgobernador Carlos Lozano de la Torre “El Patrón del Mal”, contra Luis Armando Reynoso Femat, su antecesor, que lo apoyó para que llegara al cargo que fue la obsesión de toda su vida: gobernador de Aguascalientes.

Esta nueva “sentencia absolutoria” de la causa penal 116/2014, que se acaba de dictar el pasado lunes 21 de mayo del presente año, a favor de Luis Armando, la podrá consultar en el Diario hermano Página 24, en la columna en Plaza de Armas del siguiente día, o bien, en el propio Facebook del exgobernador Luis Armando Reynoso, que le fue dada a conocer por su abogado Julio César Serna Ventura.

EL PRINCIPIO…

Carlos y Luis Armando no eran amigos, conocidos sí, pero amigos no. Su encuentro en las lides políticas se inició después de que Carlos, lisonjeaba a Roberto Madrazo, presidente nacional del PRI, quien lo palomeó para candidato a la alcaldía de Aguascalientes: el calendario marcaba el año 2004.

Ese año, el Partido Acción Nacional (PAN), presentaba a sus mejores cartas: Luis Armando Reynoso Femat, para gobernador del estado; y Martín Orozco Sandoval para alcalde de Aguascalientes.

Por parte del PRI se jugarían inicialmente las cartulinas: Óscar González Rodríguez, para gobernador; y Carlos Lozano de la Torre para la presidencia municipal de Aguascalientes.

El arrastre de Luis Armando era impresionante, nadie dudaba qué el sería el próximo  gobernador de Aguascalientes, no había encuesta que no lo pusiera en la punta de las preferencias, por lo que nadie daba un peso por la cabeza de Óscar, que no sólo aventó la candidatura, sino que se  autodesterró del estado, desde entonces jamás ha vuelto a dar la cara, nadie sabe de él.

En ese año, Carlos Lozano de la Torre “tu amigo que te quiere y respeta”, me preguntó cómo la llevaba con Luis Armando. Le contesté que bien.

“He sabido que te invita todo el tiempo a su palco del Estadio Victoria para ver el futbol”.

Le contesté que sí, que me hacía llegar algunos boletos para que invite a los amigos que yo quiera.

“¿Y sí me invitas a mí?, esta semana viene el América, pero la verdad lo que quiero es platicar con él y pedirle que no se meta en la campaña de Martín Orozco, que me lo deje solito, así sí me lo chingo; habla con él y dile que si acepta platicar conmigo”.

Luis Armando me contestó que no había problema alguno, “sus amigos, Ramiro, son mis amigos, los boletos que yo le mando son para que invite a quien usted quiera”, reiteró.

Así las cosas, llegó la gran noche. Carlos asistió acompañado de su esposa Blanquita que lucía una playera… ¡del América! y ondeando una bandera del mismo equipo, gritó a todo pulmón: “¡Arriba el América!”. (Chin, trágame tierra, me dije).

Pero Luis Armando ni su esposa Carmelín se inmutaron. En un momento dado me acerqué con Luis Armando y le recordé:

Carlos, quiere hablar con usted”.

– Ah sí, Charly, claro que sí.

Y hablaron, sabía yo de lo que iban a tratar pero a ninguno le pregunté;  sólo vi que Blanquita, la esposa de Carlos, dejó de impulsar a “su” América, a pesar de que iba y terminó ganando el encuentro; no hacía falta preguntar el resultado de dicha plática, su actitud lo decía todo.

Llegó el domingo de elecciones, y Luis Armando ganó la gubernatura, Martín la alcaldía y el PAN… ¡carro completo! La panadería, feliz: “¡Gracias Luis Armando!”.

Carlos alegó fraude y peleó su “triunfo” en todas las instancias, hasta con marchas, pero no hubo tal trampa, en todas perdió, pero culpó de su derrota a ¡Luis Armando Reynoso Femat!, nunca olvidaría tal “ofensa”.

PASA EL TIEMPO…

Después de aquel estrepitoso fracaso, su “amigo” (al que ya ni recuerda) Roberto Madrazo Pintado, lo hace presidente local del PRI, de donde salta a la candidatura al Senado de la República y otra vez pierde, pero de todos modos va a un escaño por ser la nada honrosa “primera minoría”.

Ahí, desde el Senado de la República, Carlos comienza a planear su candidatura a la gubernatura de Aguascalien-tes, candidatura que en 2004 rechazó porque “no estaba preparado para gobernador, sí para alcalde”, por lo que mandó al sacrificio a Óscar López Ve-larde, hombre honesto e institucional.

“MI AMIGO LUIS ARMANDO”

Carlos, ya senador de la República, de inmediato se acercó a Luis Armando y se le puso de alfombra, aprovechando que un grupo de panistas, encabezado por el nefasto Felipe González, Rubén Camarillo, Juan Antonio Martín del Campo, Arturo González y el propio Martín Orozco, entre otros, traían pleito casado con el llamado “Señor de los Rayos”.

Rubén Camarillo Ortega ...visceral y traidor... Felipe González González ...odio en la sangre...

Rubén Camarillo Ortega
…visceral y traidor…
Felipe González González
…odio en la sangre…

Así, el abarrotero que “odiaba” a Luis Armando a muerte –odio heredado de muchos años atrás, cuando Felipe Reynoso Jiménez, padre de Luis Armando, era alcalde de Aguascalientes, y el entonces joven Felipe González presumía ser “fiel priísta con credencial”– siempre la emprendió contra él: primero como gobernador, luego como subsecretario de Gobernación y finalmente como Senador y, ahora como simple pero influyente abarrotero.

Pragmático como es, Carlos senador, comenzó a tejer la tela de la adulación, del servilismo (¿Qué horas son, Charly? “Las que usted diga señor don Gobernador”), del rencor y  la traición.

Carlos se ganó la confianza de Luis Armando y Luis Armando creyó en el Charly.

La sucesión se acercaba, también Martín: “Apóyame, Luis Armando”, no Martín, el que traiciona una vez, traiciona dos veces, “pero…”, no Martín, no.

Luis Armando, Peña Nieto, los astros, etcétera, se alinearon con Carlos y todos conocemos el resultado: resultado que no se hubiera dado si “El Señor de los Rayos” no le hace el milagro; así de sencillo.

LO INEXPLICABLE, LO CABRÓN…

Luis Armando nunca dudó de la “fidelidad”, “agradecimiento” y la “amistad jurada” del Charly. Y así se lo expresó a Carlos en su sexto y último informe de gobierno “voy a entregar el honroso cargo de gobernador, a un entrañable amigo: el ingeniero Carlos Lozano de la Torre”, palabras más, palabras menos.

El Teatro Aguascalientes parecía caer por los atronadores aplausos de los asistentes: Carlos y Blanquita sonreían agradecidos, Carlos, clásico en él, respondía con un gracias y colocando la palma de su mano derecha en el corazón… el corazón de la maldad, del desagradecimiento y la traición.

LA FEROZ PERSECUCIÓN…

Carlos toma posesión como sucesor de Luis Armando y éste sale de vacaciones y todavía recibe un “que te vaya bonito”, pero al regreso ya no le contestó los constantes telefonazos. Después vendría lo anunciado: una feroz y despiadada persecución, uno, dos, tres, cuatro… procesos penales y dos “visitas” a la cárcel: el “agradecimiento”, “la admiración”, “la lealtad prometida”, se convirtió en inexplicable odio, que todavía acusa secuelas, no hay amigo de “El Patrón del Mal” que no coincida: “Carlos se volvió loco, a los amigos los tildó de enemigos y a los enemigos los hizo amigos: Felipe González es una prueba irrefutable de ello”.

SALIENDO DEL TÚNEL…

Carlos le arruinó la vida a Luis Armando y a su familia. Padecieron seis años de terror, de horror, de una persecución atroz: todo el poder del Estado cayó sobre él y su familia. No conozco cosa igual entre exgobernadores;  pero ya van saliendo del túnel y, créame, me da mucho gusto: la justicia, obvio, le dio otro revés a “El Patrón del Mal”.

Y CON ESTA ME DESPIDO…

Carlos salió de Palacio de Gobierno hinchado de dinero, quienes conocen a fondo sus transas, juran y perjuran que no habían visto en toda su vida a “otro cabrón tan voraz pa’la lana como Lozano de la Torre”, y les creo.

Hoy Carlos puede presumir su fortuna, pero no a sus amigos de antaño, ¡los perdió!  Situación diferente a la de Luis Armando: sus amigos, siguen siendo sus amigos.

* (Columna publicada inicialmente en el semanario hermano TRIBUNA LIBRE el pasado jueves 24)

 

Publicado en: Página 24

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